Del relato a la novela

No creo que me equivoque si digo que casi todos los escritores hemos empezado escribiendo relatos, pequeñas y medianas historias que nos fueron llevando hacia el placer de la escritura. Seguro que hay excepciones, siempre las hay, por eso he dicho “casi todos”, pero muchos de nosotros hemos seguido, de manera natural y aproximada, el mismo camino para llegar a la novela. Pasar del relato a la novela no es obligatorio, no es “evolucionar” como escritor; es, simplemente, elegir otra opción.

Para algunos escritores, afrontar los desafíos que presenta una novela (extensión, planificación, tramas secundarias, tiempo en años para terminarla…) no entra en sus planes. Los motivos son variados y respetables. Sin embargo, otros escritores no son capaces de sintetizar, de resumir, no quieren limitarse al espacio reducido que ofrece un relato. Y está bien, no hay nada malo en ningún caso. Lo importante es hacer bien lo que decidas hacer.

Si quieres escribir relatos, aprende a escribir relatos; si quieres escribir novela, aprende a escribir novelas; si quieres escribir haikus, aprende a escribir haikus. Si quieres escribir, así en general, aprende a escribir diferentes géneros y estilos, pero tienes que aprender antes de lanzarte a este mundo de escritores, de editoriales, y de muchas cosas más. Si llegas a nosotros con los deberes sin hacer, te vamos a comer con patatas, te vamos a despellejar, vamos a pisotear tu motivación y destrozar tu creatividad… Nah, somos buena gente, nada de eso va a pasar. Nosotros no te patearemos, pero el resto del mundo lo hará, los lectores lo harán, las editoriales te ignorarán, y no tendrán piedad. Encajar las críticas es parte del aprendizaje.

Mi experiencia con mi primera novela (no terminada)

Mi excusa para pasar del relato a la novela fue el espacio. Se me quedó pequeño, no cabían más descripciones, historias secundarias, diálogos. Después de años, décadas (escribo desde niña) escribiendo mis pequeñas historias, necesitaba algo más, otro reto. Algo así como “no eres tú, soy yo, necesito mi espacio, será bueno no vernos por un tiempo…”, con la diferencia que yo no me he alejado de los relatos, mantenemos una relación sana, sin celos.

La idea de mi primera novela llegó en forma de título y con la imagen clara del primer párrafo, así que me puse a escribir. Me gustó esa sensación de tener hojas y hojas para rellenar con montones de cosas, y seguí escribiendo, sin más.

Los capítulos iban tomando forma, pero no llegaba nunca al nudo de la historia porque no tenía claro ese nudo; ni siquiera había pensado en él. En realidad, no había pensado ni en el nudo, ni en el conflicto, ni en los giros… En nada. Tuve una idea y empecé a escribirla creyendo que así se escribía una novela. Inocente de mí.

Esa novela —ese intento de novela— quedó aparcada para dar paso a la siguiente y más relatos.

Eso es lo que pasa cuando no tenemos ni idea de lo que significa escribir una novela. Nos lanzamos a llenar páginas que, por muy bien escritas que estén, no le dicen nada al lector porque no hay una estructura firme, una trama interesante. Nos ponemos a escribir para sacar todo lo que ha conquistado territorio en nuestra mente. Escribimos pensando en nosotros, no en los lectores. Esto no es nada malo si no pensamos en publicar, por supuesto, pero si nuestro objetivo es salir a la luz, nos falta mucho trabajo por hacer. Ese trabajo es aprendizaje y práctica con textos más breves.

Escribir relatos para aprender a escribir novelas

Empezar escribiendo relatos antes de lanzarse a la novela es un buen ejercicio para aprender el oficio. Y no sólo relatos, sino todo lo que puedas. Cada formato tiene su técnica y no está de más conocerlas todas. Es cierto que, para escribir una novela, no vale sólo con aprender a escribir relatos, pero nos ayudará a la hora de redactar nuestros párrafos y de organizar nuestros capítulos. Como te cuento en uno de los artículos que te enlazo al final, todos escribimos relatos, incluso cuando escribimos novela.

Hace muchos años, me uní a un foro de literatura al que he regresado y ahí escribí haikus, microrrelatos (uno de ellos está publicado en un libro), humor… No, no escribí poesía porque eso ya lo hice en mi adolescencia, allá por la Edad Media, que es cuando me reflejaba en sus versos, pero en mi actual edad de taitantos, soy de líneas completas. Aprendí mucho en esa época y han quedado textos que estoy retomando hoy en día para corregir y publicar en esta web.

Todo ese aprendizaje lo he trasladado a la novela. Sigo aprendiendo, siempre hay alguien que te comenta algo que te ayuda a avanzar. Hoy en día, absorbo todo lo que puedo acerca del oficio de escritor, que incluye muchas más cosas —algunas no tan creativas, como el SEO y otras brujerías—.

Y así es mi vida de escritora, aprendiendo, escribiendo, corrigiendo, aceptando consejos y críticas con humildad, con ganas de entender, de saber más.

Otros artículos relacionados, para ampliar la información

Si tú también quieres pasar del relato a la novela, o quieres empezar directamente con ésta última, te recomiendo echar antes un vistazo a estos artículos.

Entre el relato y la novela, para conocer qué otros formatos existen y probar con ellos antes de afrontar tu primera novela.

Todos escribimos relatos, incluso los que dicen que sólo escriben novelas. En este artículo entenderás por qué hago semejante afirmación.

Qué es una novelette, una breve introducción a este estupendo formato que nos permite extendernos más que en un relato, pero sin llegar a la complejidad de la novela.

9 ventajas de escribir novelette, para mostrarte que las novelas no siempre son la mejor opción, sobre todo para quienes empiezan en este mundo.


Isabel Veiga López

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