Saber leer para saber escribir

Saber leer para saber escribir

Hace tiempo, en una de esas conversaciones virtuales sobre escritura, comenté lo importante que es la lectura para dedicarse a la escritura (qué raro, ¿no?). Alguien me respondió mencionando a una mujer que, siendo analfabeta, había «escrito» poesía y publicado tres libros.

Por una vez, no me lo dijeron con intención de buscar una excusa para no leer, sino como un hecho, como un «vale, sí, pero hay quien ha llegado a escribir sin saber ni escribir ni leer». Y tenía razón, pero… Por ese «pero», te escribo hoy este artículo, a ver qué opinas tú.

En primer lugar, me gustaría que conocieses a esa mujer: Jacinta Ortiz Mesa. Lee ese artículo (es el más completo que he encontrado) y saca tus propias conclusiones antes de leer las mías.

No se puede negar la evidencia

Los hechos están ahí y, por lo tanto, no se pueden negar. Jacinta ha publicado varios libros y lo ha hecho sin saber apenas leer ni escribir.

Tampoco se puede negar el mérito de esta mujer, que quiere aprender sí o sí porque sabe lo importante que son las palabras. La edad no un obstáculo para ella, ni debería serlo para nadie.

No, no puedo negar lo evidente. Se puede publicar sin haber leído.

Sin embargo, incluso conociendo su historia desde hace tiempo, he publicado artículos que van por el camino contrario, el que dice que para ser escritor hay que aprender a narrar (no sólo a escribir), hay que leer mucho, hay que cuidar la ortografía. ¿Por qué insisto en esos asuntos cuando tengo una evidencia tan clara de que no siempre tiene que ser así?

Es la excepción, no la norma

Pues insisto porque un único caso no hace la norma. Insisto porque la historia de Jacinta, lejos de llevarme la contraria, me ayuda a sustentar mis opiniones.

Jacinta es un caso entre miles. Es el caso que hay mirar cuando hablamos de determinación, de perseverancia, de no rendirse, de esforzarnos para conseguir lo que deseamos.

Lo que debemos copiar no es que haya escrito libros sin haber leído antes, sino que aprendió a leer en cuanto tuvo oportunidad. No pensó «ya puedo escribir historias, así que no necesito leer». No. Ha seguido avanzando en su aprendizaje.

No creas que lo de Jacinta fue suerte. Si consiguió publicar después de una vida sin saber leer ni escribir, lo hizo gracias a sus ganas de aprender y mejorar. Es posible que no hubiese llegado hasta ahí sin ayuda, claro, pero esa ayuda habría sido inútil si Jacinta no se hubiese esforzado.

Matizando, que es gerundio

En una historia de éxito como esta, matizar es importante, entrar en detalles es importante.

Me surgen algunos «¿y si…?» que son los que me han animado a escribir este artículo. Vamos allá.

¿Y si Jacinta hubiese nacido en otra familia?

Empiezo por la raíz del asunto: la infancia de Jacinta.

Si su madre la hubiese animado a aprender, si la hubiesen llevado al colegio, si hubiese aprendido a leer desde niña.

Si hubiese nacido en la ciudad, en una familia con medios económicos que daba educación a todos sus hijos, sin distinción de género.

Es posible que Jacinta, en esa realidad alternativa, escribiese un diario, leyese cuentos infantiles, pasara a libros de aventuras, a poetas, escribiese pequeños relatos. Es posible.

¿Y si nos hemos perdido a otra Carmen Laforet, Gloria Fuertes, Rosalía de Castro?

¿Y si hubiese vivido otra vida?

Los libros de Jacinta tratan de su vida, de su entorno. No puede ser de otra manera: escribe de lo que conoce y no hay nada malo en eso; no es un error.

¿Y si hubiese vivido otra vida en la que leía montones de libros y tenía tiempo para divertirse y viajar?

Eso se habría traducido en escribir acerca de otras personas, de otras realidades. Posiblemente, habría escrito no sólo de lo que conocía, sino que habría escrito para conocer, como hago yo.

¿Y si hubiese sabido leer desde niña?

Si Jacinta hubiese leído desde niña, habría activado y alimentado su imaginación.

Además, leer le habría dado la oportunidad de poder documentarse, y documentarse es aprender y sacar ideas para más historias. Es decir, su imaginación habría sido otra herramienta para su escritura.

Leer despierta tu imaginación. Imaginar es inventar otras vidas.

Otra ventaja habría sido conocer diferentes estilos de escritura, ampliar su vocabulario, ver cómo juegan con las palabras otros poetas, porque Jacinta escribe poesía.

Como en cualquier otro oficio

Piensa en alguien a quien, por ejemplo, le guste la carpintería. El tacto de la madera, su olor, ver cómo se transforma en algo único.

Supongamos que, al igual que Jacinta, esa persona no tiene medios a su alcance y se apaña con lo que tiene a mano. Seguro que puede hacer muchas cosas, bonitas y útiles: una silla, un arcón, un pequeño banquito para niños (yo todavía conservo uno que hicieron para mí). No tener medios no significa no tener creatividad.

Ahora, pongamos a esa persona en un taller de carpintería, que pueda usar todas las herramientas, que aprenda otras técnicas, que vea lo que hacen otros y cómo lo hacen. Lo más probable es que su cabeza se inunde de ideas y que, en consecuencia, su creatividad se dispare.

Lo mismo pasa con la escritura. Saber escribir no significa saber narrar. Por eso, hay que aprender a ser escritor.

Ya he dicho alguna otra vez que es como contar chistes. El mismo chiste no tiene la misma gracia contado por dos personas diferentes. Hay quien, incluso, es capaz de estropear un buen chiste. Pues es igual con la narrativa y con la poesía porque contar historias tiene su truco. Leer ayuda a desvelar ese truco.

¿Qué significa saber leer?

Cuando los niños aprenden a leer, ponen esfuerzo en la individualidad de las palabras, en juntar las letras para leer la palabra; sobre todo, los niños ingleses, que lo tienen más difícil que los españoles. El siguiente paso es encajar esa palabra en una frase para comprender todo el significado. Así, paso a paso, aprenden a leer y comprender las lecturas. Leer sin comprender no tiene sentido.

Jacinta aprendió a leer siendo ya mayor. Tuvo que seguir el mismo proceso que los niños.

Si, además, leemos como parte de nuestro aprendizaje como escritores, la lectura es también análisis, es descomponer las frases para ver el orden de las palabras y qué tipo de palabra contienen. Te hablé de eso en Lectura crítica, lectura de escritora.

Mis conclusiones

No dudo de la calidad de los poemas que escribe Jacinta. No los he leído, así que no puedo juzgar. Tampoco quiero juzgar ni estoy en posición de hacerlo (yo no escribo poesía).

A pesar de eso, sigo pensando que sus poemas, su manera de escribirlos, su estilo, se habrían perfilado más con cada lectura de poemas ajenos.

Si Jacinta hubiese leído a Machado, a Neruda, a Lorca, a Rosalía, a Becquer, a Cernuda, a Gloria Fuertes. De cada uno de ellos, habría sacado algo, ya fuese un «no me gusta, no quiero escribir así» o un «qué bien lo expresa, cómo lo consigue, voy a probar a ver si puedo hacer lo mismo».

Exactamente igual que nos ha pasado a los demás. Cuando leemos lo que escribimos cuando teníamos quince años -por decir una edad-, nos damos cuenta de cómo y cuánto hemos avanzado en este oficio, y es gracias a la lectura, gracias a que aprendemos a leer como escritores. Saber leer nos ayuda a saber escribir, nos ayuda a mejorar.

Sí, Jacinta podría haber una poetisa con montones de libros publicados, pero no se puede desandar el camino de la vida. Lo importante es que consiguió su sueño y no ha dejado de escribir desde que tuvo la oportunidad, por muy tarde que llegase. Desde aquí, mi enhorabuena.


Isabel Veiga López

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