Leer contamina mi estilo literario

Leer contamina mi estilo literario

Si me diesen una libra (o un euro) cada vez que leo eso de «no leo porque no quiero contaminar mi estilo literario», tendría más dinero para gastar en libros, pero no sería rica.

¿A que tú también lo has oído/leído? Es una excusa simplona para justificar el «no me gusta leer».

En otras artes

Cuando preguntan a un músico, a uno de esos megafamosos, por sus influencias, siempre siempre SIEMPRE menciona a otros músicos. Jamás jamás JAMÁS la respuesta ha sido «no escucho música para no contaminar mi estilo».

Lo mismo podría decir de diseñadores de ropa, arquitectos, pintores, fotógrafos, cocineros, directores de cine…

Si suena absurdo en otras artes, ¿por qué se repite tanto en la escritura? Porque nos creemos que sabemos escribir, que no tenemos nada que aprender, que con tener ideas es suficiente. De las ideas ya te hablé en Las ideas no valen nada y en Cómo usar los disparadores de ideas.

Todos los artistas, no importa la disciplina, han bebido de quienes llegaron antes que ellos. ¿Diríamos que tienen un estilo copiado, contaminado? Ni mucho menos. ¡Pero si incluso The Beatles empezaron «copiando»!

¿Qué es el estilo?

Si no sabemos la respuesta a esta pregunta, será muy fácil caer en el cliché «leer contamina mi estilo literario».

Tener un estilo propio es tener una manera determinada de hacer las cosas, una manera que te caracteriza, pero no tiene por qué significar que seas la única persona que lo hace así.

El problema es que mucha gente cree que tener un estilo propio significa ser único, diferente, original. Es una manera de verlo, pero no es LA manera de verlo.

Investigando en internet para escribir este artículo, he visto que el mensaje que se transmite acerca del estilo propio suele ir acompañado con las palabras del párrafo anterior: único, diferente, original. Sin embargo, cuando lees todo el contexto, te das cuenta de que esas palabras sueltas cambian sutilmente su significado.

No es estilo

Escribir con faltas de ortografía no es tener estilo propio. Y no me hables de García Márquez. A otro perro con ese hueso porque ya tienes mi respuesta en García Márquez y la ortografía.

Escribir con muchas palabras malsonantes no es estilo, sobre todo si lo haces en géneros literarios que no se prestan a ello. Si te gusta incluir esas palabras, la historia y su género deben ser receptivos. Eso de «es que yo escribo así» no vale.

Escribir lo primero que se te ocurre y dejarlo así para siempre no es estilo. Eso primero que escribimos es la idea, y la idea hay que pulirla. Es decir, hay que añadir, eliminar, cambiar, darle un estilo, el tuyo. Si crees que la primera frase que escribes ya es pura y con tu estilo, te queda mucho que aprender, igual que aprendí yo, que tampoco me gustaba toquetear la primera versión de mis relatos.

La ropa

Permíteme que salga del mundo literario y me centre en el mundo de la moda. Más que nada, porque es un sector que nos acompaña en nuestro día a día, lo tenemos muy integrado en nuestra vida y refleja eso que llamamos estilo propio, nuestro estilo.

¿Cómo eliges tu ropa? ¿Te vistes cada día para ser diferente allá donde vayas o depende de tus planes, de tu estado de ánimo? Imagino que tu personalidad influye mucho en las prendas que te compras. Es porque tu personalidad define tu estilo.

Más preguntas. ¿Tienes un estilo rockero, deportivo, informal, clásico, indefinido? ¿Dónde compras tu ropa? ¿Te fijas en cómo se visten los famosos para copiar su estilo? Si lo haces, ¡bien hecho! Copiar te ayuda a conseguir tu propio estilo porque no copias al cien por cien.

Ser extravagante, ponerte cosas que nadie se pondría, combinarlas como nadie las combina no es el único significado de estilo. Como he dicho, existen diferentes estilos y, dentro de cada uno, puedes tener tu toque personal.

¿Acaso crees que Agatha Ruiz de la Prada, Channel y demás diseñadores ignoraban a propósito lo que pasaba en el mundo de la moda? Para crear, miran incluso siglos atrás en tendencias para rescatar detalles que puedan incorporar a sus diseños.

La música

Lo normal es que los grupos musicales ―y los solistas también― empiecen con temas de otros grupos y de otros solistas. Pasados los años, todos recuerdan a quién copiaban/imitaban, con qué estilo de música se identificaban. Pasados los años, ya no copian (tanto) porque han encontrado su propio estilo.

Lo que quiero decir es que saben que para hacer música hay que escuchar música. Quienes, además, la escriben, dedican tiempo a analizarla, estudiarla, conocer las reglas y seguirlas o romperlas. Porque para romper las reglas, haya que conocerlas primero. Así que, si no lees, si no aprendes a usar tus herramientas de escritor, no conocerás las reglas y no podrás romperlas.

Y lo normal es que no sólo conozcan su género musical, sino muchos más. Por eso, experimentan fusionando, introduciendo ritmos de uno en otro. Con el tiempo, acaban encontrando su propio estilo. Espera, que lo repito: «Acaban encontrando su propio estilo».

No se contaminan; se enriquecen.

¿Por qué? Porque el estilo se busca, se encuentra, se crea, se regenera. Es como la energía, que ni se crea ni se destruye; sólo se transforma.

¿Estilo propio o ego?

Si el mundo creativo se alimenta de creaciones ajenas, ¿qué te hace pensar que tú te contaminas?

¿Por qué nos quieres convencer de que el estilo que tienes ahora ―si ya lo tienes― es tan especial que nada ni nadie debe alterarlo? ¿Y si no es tan especial como crees? ¿Y si le queda mucho camino por recorrer? Si no lees, nunca sabrás si estás repitiendo lo que otros han hecho mil veces, no sabrás si estás innovando, no podrás aprender y experimentar.

No escribimos igual cuando tenemos diez años que cuando tenemos quince, ni mucho menos cuando llegamos a los cuarenta. No me refiero a las historias que contamos, sino a cómo las contamos. Nuestro estilo cambia con la edad ―se supone que a mejor, claro― porque leemos y nos empapamos de creatividad ajena. De creatividad y de talento ajenos.

Tal vez, debería decir que nuestro estilo se encuentra con la edad, con el paso de los años.

Si sigues escribiendo igual que cuando empezaste, si no has cambiado, si no has experimentado, tal vez sea el momento de examinarte sin miedo y atreverte a jugar con tu escritura.

Ponte a trabajar

Sí, a trabajar. Leer forma parte de ese trabajo.

Puedes decirme que escribes por placer, que no quieres publicar, que no enseñas a nadie tus escritos. En ese caso, este artículo no es para ti, ¿no?

Pero si estás pensando en dar el paso, en soltar tus manuscritos al mundo, aunque sea en redes sociales, no me puedes poner la excusa «no leo para no contaminar mi estilo literario». Mejor dicho, no debes ponerte esa excusa porque, en realidad, te la estás poniendo a ti mismo.

Leer tiene muchos beneficios para los escritores. La correctora Celia Arias te lo explica bien explicado en este artículo que te recomiendo: 11 razones por las que leer mejora tu escritura. ¡11 razones! Casi nada.

Ya sabes, a partir de ahora, no digas «no leo para no contaminar mi estilo literario» porque ya sabes que puede que aún no tengas estilo y que, además, ese estilo tan tuyo sólo se consigue aprendiendo del estilo de los demás. Saludos.


Isabel Veiga López

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8 Comentarios

  • Mar

    Tengo la inmensa suerte de no haber escuchado semejante estupidez jamás.
    Querida, el COVID te sienta muy bien. Tu artículo es genial. Cuídate!

    • Isabel Veiga López

      Muchas gracias. El covid lo llevo con mucho estilo, qué le vamos a hacer. 😎
      Si nunca has leído lo de la contaminación de estilos, es porque no frecuentas muchos grupos de «escritores» en las redes. Supongo que es uno de esos mantras que alguien dice una vez y que el resto adopta para quitarse obligaciones escritoriles, pero no cuela. Saludos, querida Mar.

  • Mar

    Los muros escritoriles sí que contaminan mi estilo y mis ánimos, por eso los abandoné. No soporto la endogamia y las altas dosis de Sodoma y Gomorra que circulan por los lobbies. Me prefiero sola con mis amigos escritores y correctoras.

  • Javier Eugercio

    Hola, Isabel, espero que te hayas repuesto del virus. Está muy bien lo que planteas en este artículo. El desarrollo del estilo o de la voz propia es vital para cualquier que se dedique a escribir o que pretenda dedicarse a hacerlo. Yo lo tuve en cuenta desde el principio. Leer narrativa desde la infancia me fue de gran ayuda y nunca dejaría de hacerlo por miedo a contaminar mi estilo narrativo. Leer en sí mismo no lo contamina, en todo caso lo enriquece. Lo que puede contaminarlo es pretender emular a uno o varios autores de nuestro gusto, o ajustarse a las «reglas» de un género determinado, o a los estándares de las modas literarias . Por otro lado, considero que los manuales o talleres de narrativa son herramientas muy útilies, pero, en lo referente al estilo personal, pueden ser contraproducentes; sobre todo en los primeros años, cuando tratamos de encontrar nuestra propia voz. Cada cual tiene que reflexionar sobre todo esto y elegir el camino que más le convenga. ¡Saludos!

    • Isabel Veiga López

      Hola, gracias por tu comentario, con el que estoy de acuerdo.
      Tu estilo, en concreto, es muy particular, muy tuyo. Confiesas que siempre has leído, así que eres un ejemplo de que leer no sólo no contamina, sino que ayuda a encontrar la voz propia.
      Los talleres de escritura están bien para aprender el oficio, las reglas básicas y esas cosas. Un buen profesor de escritura es fundamental, está claro. El estilo se consigue a base de escribir y leer. El esfuerzo lo hacemos nosotros. Saludos.

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