Cómo usar los disparadores de ideas

Cómo usar los disparadores de ideas

Dicen las malas lenguas que los disparadores de ideas son para gente con la mente en blanco, para quienes no se les ocurre nada que escribir. No es cierto. Yo, que ya te habrás dado cuenta de que soy muy de analizar rumores para desmontarlos, voy a desmontar éste.

En mi opinión, los disparadores de ideas son una muy buena herramienta para tener a mano, pero no se les saca provecho. La impresión que tengo es que mucha gente los rechaza porque piensa que sólo los necesitan quienes no tienen ideas para escribir. Spoiler: todos tenemos ideas.

El nombre «generador/disparador de ideas» tiene tan mala fama como el de «corrección de estilo». Ni el disparador de ideas es para darte ideas sólo cuando no las tienes, ni la corrección de estilo va a cambiar tu estilo de escritura, aunque debería hacerlo en algunos casos (risa malvada).

Está claro que puedes usar los disparadores cuando estás en sequía ―hecho que me extraña mucho que te suceda―, aunque los veo más para salir de la zona de confort y para romper el bloqueo del escritor, que no tiene nada que ver con no tener ideas. Eso sí, tienes que estar dispuesto a ir un paso más allá en tu escritura, a aceptar retos, a romper tus barreras.

¿Qué es un disparador o generador de ideas?

Un disparador de ideas es una estrategia que nos aporta… ideas ―olé mis dotes explicativas― que puede que no se nos hubiesen ocurrido sin ayuda.

Hay diferentes versiones, tanto caseras como compradas:

―Dados con dibujos

―Libros con frases

―Cajas con diferentes actividades

―Diccionarios

―Imágenes

―Observar y mezclar conceptos

―Leer

Páginas del libro «642 stories to write». Será por ideas.

Cómo usar los disparadores/generadores

Aunque la técnica más difundida suele ser mezclar conceptos, no siempre es así. Puedes usar un único elemento o palabra si eso es todo lo que necesitas o te apetece utilizar. Depende mucho de en qué momento de la escritura lo vayas a usar y para qué.

Si tienes los dados, los lanzas para tener conceptos diferentes y meterlos todos en la misma historia (digamos, por ejemplo, un puente, un supermercado y una lavadora). Hay quien se basa únicamente en las palabras y crea un relato que incluya esas tres palabras. No es el reto más difícil, en mi opinión, pero no deja de ser entretenido.

También hay quien usa los conceptos, no las palabras. Los de Writer’s Relief Café proponen retos en los que te dan una frase y tú tienes que escribir algo, pero sin usar esa frase al pie de la letra. Es decir, te dan el concepto. Algo como «la nueva empleada llegó tarde el segundo día». No se trata de que tu relato empiece con esas palabras, sino con ese elemento.

Imagina que abres el diccionario y encuentras la palabra «café». Esa palabra es un disparador, no es la idea en sí misma. Es decir, puede que se te ocurra un relato que gire en torno al café (el personaje olvidó comprarlo, está en una cafetería, creas un mundo en el que no existe el café…), pero la palabra «café» no es sólo una palabra para usar, sino que es un concepto que puedes modificar a tu antojo.

De hecho, tal vez lo que ha hecho esa palabra es despertar una idea que ya tenías acerca del invierno y a la que el disparador le ha añadido las bebidas calientes como el té o una sopa, eliminando el bloqueo creativo.

Es decir, un disparador de ideas no tiene por qué darte la idea en sí, sino el concepto, el elemento, el camino para que tu propia idea tenga sentido y puedas ponerla sobre el papel.

Para qué usamos los disparadores de ideas

Bueno, pues aquí llegamos al meollo de la cuestión. Te dije antes que hay quien piensa que sólo son para cuando nos quedamos sin ideas para historias, pero no. Bueno, sí, para eso también, pero no son sólo para eso, y ahí está lo bueno.

Como ya te dije en Las ideas no valen nada, es normal que tengamos montones de ideas, pero es como tener algo etéreo. Si no sabemos plasmarlas, no sirven. Por eso puede que sí, que estemos llenos de ideas, pero que no sean las apropiadas para este momento.

Los disparadores no se usan únicamente para basarnos en las palabras o imágenes que nos muestran, sino que se pueden modificar para adaptarlos a otras cosas y para unirlos a nuestras propias ideas en cualquier parte del proceso de la escritura.

Para quienes no son de escribir relatos, usar los generadores de ideas es muy útil porque es una manera de obligarse a escribir algo breve de vez en cuando, y tener experiencia escribiendo textos breves ayuda mucho con las sinopsis de las novelas.

1. Ideas para crear relatos

Aunque ya lo he comentado, voy a incluirlo en estos puntos para que quede más a la vista. Hablo de relatos porque es muy raro que se usen para formatos más largos.

Normalmente, los disparadores se usan cuando queremos escribir un relato y no se nos ocurre nada. No significa que no tengamos ninguna idea, sino que las que tenemos no nos enganchan lo suficiente, no sabemos cómo desarrollarlas en ese momento, buscamos algo diferente que nos obligue a salir de nuestra zona de confort. Si es así, es el momento de jugar y echar mano de otras alternativas. ¿Por qué no?

Es muy posible que el disparador apunte a una de nuestras ideas, la saque a la luz, nos haga ver su potencial. Es decir, lo que puede conseguir es darnos una perspectiva nueva acerca de una idea que ya teníamos y que no íbamos a usar porque no sabíamos cómo enfocarla.

El libro de Pilar Navarro Colorado 365 reflexiones para 365 días funciona como un estupendo generador de ideas para pequeñas reflexiones diarias.

2. Ideas para desencadenantes

No siempre necesitamos echar mano de disparadores para inventar una historia. A veces, los necesitamos para que la historia avance.

Las tramas ―ahora hablo de novelas― no sólo se componen de grandes conflictos que trastocan toda la vida del personaje principal, sino también de pequeños conflictos que dan vidilla a la historia. Vidilla y credibilidad.

Eso significa que tenemos que estar pensando en pequeños problemas, pero ¿qué puede ser un problema para mi personaje? Echo mano de un disparador y me dice «una mandarina a medio comer». Bingo. Mi personaje no soporta que su hermano deje la mesa sin recoger con restos de comida. No tiene porqué ser una mandarina; ya ves que lo he cambiado por «restos de comida». Discute con su hermano por algo cotidiano, esa discusión le lleva a sacar temas más importantes, uno se va y no se hablan durante meses. El conflicto pequeño que parecía insignificante te ha llevado al gran conflicto que te ayuda a desarrollar la trama.

No importa si escribes ciencia―ficción, terror o cualquier otro género, porque lo adaptarás a tu historia. Esa mandarina mordida da lugar a cualquier tipo de historia. En un mundo futuro en el que la comida está prohibida y se toma únicamente en forma de pastillas (no soy muy original con este género, lo sé), alguien encuentra una mandarina mordida en un motel de carretera que se acaba de inaugurar.

3. Escenas de relleno y otros asuntos

 Si puedes jugar con el generador de ideas para buscar un detonante, también lo puedes usar para crear escenas de relleno cuando los capítulos se te quedan muy pequeños, y para rellenar la novela después de escribir el primer borrador ―o el borrador cero, en mi caso―.

Las novelettes y las novelas cortas van bastante al grano, no se pierden en segundas tramas ni muchos personajes. Sin embargo, las novelas necesitan muchas más escenas que, aparentemente, no nos cuentan nada, pero que tienen que estar ahí porque sí que nos cuentan algo, aunque no lo parezca.

El disparador de ideas puede ser observar a las personas de mi alrededor o algo que he leído en otra novela y que es perfecto para incluir en la mía.

Mi caja «The writer’s toolbox» con la que me divierto algunas veces.

4. Principios y finales

Vale, tienes montones de ideas para historias estupendas. Tienes también una lista de posibles conflictos, pero ¿cómo empieza tu historia? Y no menos importante, ¿cómo termina?

Algunos disparadores te proponen frases que, otra vez, tú adaptarás a tu propia historia. Y no tienes que quedarte con el primero que veas, sino que puedes buscar el que mejor se adapte a ti.

Lees uno, lo analizas, ¿te sugiere algo? Si no es así, déjalo y pasa al siguiente. Toma nota de los que más te gusten, pruébalos, descártalos.

Y tú, ¿usas los disparadores? ¿Te animas a usarlos?

Podría ir mucho más al detalle y seguir numerando ventajas y usos de los disparadores/generadores de ideas o de conceptos, pero sería alargarme sin necesidad. Espero que te haya ayudado a ver con otros ojos esta estrategia tan rechazada por muchos.


Isabel Veiga López

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4 Comentarios

  • Alain

    ¡Qué interesante! La verdad es que bienvenidas sean todas las técnicas para inspirarse. Y qué chula el «The writer’s toolbox», ¿funciona? Yo soy más de apuntar frases y trozos de diálogos en papeles y cuadernos (o en google Docs) y de volverme loco intentando sacar algo de provecho. Es una técnica más artesanal y caótica, pero a veces hasta funciona 🙂

    • Javier Eugercio

      Estupendo artículo. Los disparadores de ideas, sin duda alguna, son herramientas superútiles para la narrativa. Yo soy de grabar ideas (sueños, frases, reflexiones, anécdotas, historias…) y organizarlas en carpetas. Tengo un basto directorio al que no doy mucho uso, pero a veces recurro a él para repescar ideas que aderezan mis textos o les dan comienzo o se integran en ellos de algún que otro modo. Supongo que cada escritor/a es un mundo para esta clase de ensamblaje literario.

      • Isabel Veiga López

        Exacto, cada uno somos un mundo y debemos encontrar nuestras propias técnicas. Cuando anotamos nuestras ideas y recurrimos a ellas, es como hacer una «lluvia de ideas» personal, y funciona igual que cualquier otra estrategia.

    • Isabel Veiga López

      «The Writer’s toolbox» funciona como el resto de estrategias. Hay que tener ganas de probar, de divertirse, de hacer un giro inesperado en nuestra escritura. Si a tu técnica de apuntar frases le añades cualquier otra técnica, puede -sólo puede- que dé otros resultados y que sean aprovechables. Como digo, a veces se trata de encontrar una pieza que encaje y dé esplendor a otra que ya teníamos.

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