Las ideas no valen nada

Las ideas no valen nada

Es cierto que el principio de todo proyecto es una idea. Sin ella, no sabríamos qué camino tomar o qué camino seguir. Aun así, creo que se les da más valor que el que tienen.

Las ideas no valen nada y tener muchas ideas no es un superpoder. De hecho, lo normal es que las personas que nos dedicamos a temas creativos tengamos muchas ideas cada día. Eso de «pues yo siempre tengo muchas ideas para escribir historias» no te hace especial porque nuestra mente también trabaja así. Es parte de un proceso creativo habitual, no de uno extraordinario. Para algunas personas, tener tantas ideas encerradas en su cabeza es una maldición.

Una idea puede ser una pequeña escena para un relato, una frase para ese diálogo que se te había atascado, un nombre para la raza de tu mundo, el título de tu novelette.

Si las ideas tuviesen valor, las personas con muchas ideas tendrían más éxito que las que se enfocan en una única idea, pero no es así. ¿Por qué? Porque lo importante no es la idea en sí, sino lo que haces con ella.

De dónde sacamos las ideas

Están en todas partes, pero se nos rebelan de maneras diferentes. Algunas nacen de la curiosidad; otras, de la observación; también del conocimiento. Hay ideas que te atacan y hay ideas escondidas que no cualquiera puede ver.

Los escritores, como cualquier otro profesional, sabemos dónde encontrar ideas, sabemos mirar con ojos de escritor y ver una historia ―o una posible historia― con sus personajes.

Lo que quiero decir es que las ideas están en pequeños y en grandes detalles de nuestro día a día, y que quienes nos dedicamos a la creatividad sabemos encontrar y generar ideas. Por eso no nos impresiona que alguien nos diga «yo tengo montones de ideas al día». Pues claro, tú y todos, pero eso no sirve para publicar libros.

Existen incluso los «disparadores de ideas» para obligarnos a salir de nuestra zona de confort. No son para gente que no tiene ideas, sino para que le demos una vuelta de tuerca a las nuestras, para que añadamos ese ingrediente que no se nos había ocurrido.

El (nulo) valor de las ideas

Tengo un cuaderno que es sólo para ideas. Es donde escribo cualquier cosa que se me ocurre. No se trata sólo de «se me ha ocurrido algo, voy a anotarlo», sino también de «voy a ponerme delante de la página en blanco, a ver qué sale». A veces es una frase, otras es casi un relato completo.

De vez en cuando, echo un vistazo para ver si puedo aprovechar algo, ya sea para completar un cuento o para mezclar ideas. Si eligiese una de esas ideas y la desarrollase, cobraría valor. Mientras está en el cuaderno, no vale nada, igual que no vale el propio cuaderno. Si quieres alguna de las ideas, te la regalo.

Cualquier idea, en las manos correctas, puede convertirse en una gran historia. En las manos equivocadas, principiantes, podría ser una idea simple, llana, sin interés.

¿Ves por dónde voy?

Si tengo veinte ideas al día y lleno cuadernos y cuadernos, en realidad no tengo nada valioso. Sí, tengo un punto de partida, pero si no continúo el camino, no sirve de nada. No son las ideas las que tienen valor, sino lo que hacemos con ellas.

Primer paso: anotar las ideas

Para dar un poco de valor a una idea (es decir, para pasar de 0 a 0.01) conviene anotarla. Si, además, tenemos tantas ideas, con más razón debemos llevar buen registro de ellas y crear así nuestra propia base de datos de ideas geniales que nos harán famosos y ricos y… No. Recuerda que las ideas, por sí mismas, no valen nada, así que no te van a hacer famoso y rico. Se siente.

Papel y boli, el método tradicional

Llevar siempre una pequeña libreta para escribir a mano todo lo que se nos ocurra. No es lo más práctico, pero es lo más típico. No necesitas internet ni batería.

El móvil: diferentes opciones

 +Grabadora. Para no detenerte a escribir si vas caminando. Puedes usar la que trae el móvil o elegir otra que se adapte mejor a ti, por si también la quieres usar para podcasts. No necesitas internet.

 +Notas. Aquí toca usar el teclado. Si estás en el transporte público, puede que prefieras esto y no la voz, para que no te oigan. Puedes usar la que trae el móvil o elegir otra que se adapte mejor a ti, que te permita hacer listas y textos, por ejemplo. No necesitas internet.

+Guasá. En este caso, combinamos notas con audios, así que puedes elegir el formato dependiendo de tu situación. Necesitas tener dos cuentas propias, claro. No necesitas internet para tomar notas, pero lo necesitas para escucharte/leerte.

Aunque es importante anotar ideas para no olvidarlas ―las muy puñeteras pueden ser muy efímeras―, también es cierto que siempre hay alguna idea que se nos queda pegada en la memoria y no nos abandona hasta que le hacemos caso.

Cuando una idea es insistente, se instala en nuestro subconsciente y nos asalta cuando menos lo esperamos. Creemos que acabamos de tener una idea genial, pero no acabamos de tenerla; es sólo que estaba agazapada esperando el momento perfecto.

Segundo paso: elegir una idea

Los escritores que publican libros no son los que tienen millones de ideas y ya está, sino los que eligen una de esas ideas y la desarrollan. Una sola idea. No necesitan más.

¿Cómo saber qué idea elegir? Cada escritor tiene su truco, su intuición. Yo tengo tres novelas medio escritas, sin embargo, empecé otra de cero porque la idea llevaba años conmigo. Quería escribir una novelette y pensé que esa idea no daría para más, aunque ha acabado siendo novela corta. Elegí la que necesitaba escribir en ese momento. Durante todos los años que fue una idea, no valió nada. Ahora es una novela corta; ahora tiene valor.

Echa un vistazo a tu base de datos de ideas y fíjate en cuál te llama más la atención, cuál te apetece seguir escribiendo. Piensa en el género que vas a escribir, en el formato (relato, novelette…), en sus personajes, en la documentación que tendrás que buscar para investigar.

Una idea, una, nada más. Olvídate de las otras. Enfoca tu atención y tu esfuerzo en una―sola―idea. O en mezclar un par de ellas, lo acepto.

Tercer paso: desarrollar la idea

«No puedo desarrollar todas mis ideas, no me da la vida».

Y por eso nunca terminas nada. Quieres hacer algo con todas, así que llegas hasta el paso dos, pero te cuesta decidirte porque crees que todas, sin excepción, son fantásticas. No lo son. Lo fantástico será lo que hagas con ellas.

Si quieres publicar un libro, incluso si es un libro de relatos, necesitas elegir, planificar, decidir hacia dónde irá la idea, escribir todos los párrafos y poner la palabra «fin». Vale, entre «escribir todos los párrafos» y la palabra «fin» está lo de reescribir, revisar, borrar, añadir, corregir. Ya me entiendes.

Para pasar de un 0% de valor a un 100%, tienes que escribir algo más que ideas. Tienes que escribir historias, ya sean largas o cortas, románticas o de terror, de acción o intimistas.

Nombra un escritor que haya publicado, cualquiera, y te mostraré a alguien que no se conformó con tener ideas. Incluso si me demuestras que tú tienes muchas más ideas y mejores que las de Ángeles Caso o Hemingway, no me impresionarás porque ―por si aún no has pillado el tema de este artículo― las ideas no valen nada. Los escritores escriben historias. Incluso los que escriben y no quieren publicar (que fue mi caso durante muchísimos años). De hecho, ni siquiera puedes registrar una idea.


Isabel Veiga López

¿Te gustaría recibir mis newsletters con información exclusiva? Accede al formulario de suscripción desde aquí antes de irte o desde los menús en cualquier momento.

5 Comentarios

  • Alain

    Yo era de los que se levantaban en mitad de la noche a apuntar ideas antes de que se me olvidaran hasta que descubrí google docs. Ahora, alargo la mano desde la cama, apunto lo que sea y me doy la vuelta. Y, a la mañana siguiente, ahí está la frase, o diálogo o lo que haya apuntado, guardado en la nube esperándome. Que luego me sirva de algo o se quede ahí arriba a verlas venir ya es otro tema, claro 😛
    Por cierto, me encanta lo que haces con tus personajes, lo de crearles un pasado y dotarlos de mil detalles… Diría que es uno de mis puntos flacos. Igual que te digo que los diálogos me salen solos (bueno, casi), soy incapaz de ¨vestir¨ tantísimo los peronajes. De hecho, a veces pienso que me salen todos iguales y me da mucha rabia. Pero mucha, mucha 😛

    • Víctoria

      Primero felicitarte Isabel, porque para una persona que no le gusta la poesía pero si, y mucho, el desarrollo personal, escuchar la frase ”Lo importante no son las ideas sino lo que hayas con ellas» es como una melodía perfecta. En mi caso yo tengo cuadernos, hojas, trozos de papel, en el móvil, en todos lados, ideas escritas para mis novelas. Hasta tengo las paredes forradas con frases inspiradoras. Algunas las he usado, otras no. Pero el resultado final ha sido impecable y ya estoy escribiendo una precuela, así que no voy mal. Estoy de acuerdo, hay fuera hay mucha gente con buenas ideas pero no hacen nada con ellas. Eso es como no tener ninguna

      • Isabel Veiga López

        Primero, muchas gracias por leerme y por comentar.
        Segundo, me alegra que estés de acuerdo. Qué inspirador tener frases en las paredes, a la vista, alimentando la creatividad. Para escribir la precuela, has tenido que elegir una de esas ideas, y es como debe ser. Puede que no fuese la mejor, puede que no fuese la más original (que no lo sé, claro, no estoy juzgando), pero es con la que vas a hacer algo, la que te ha llamado la atención por algún motivo. Mucho ánimo con esa novela. El resto de ideas seguirán esperándote. Saludos.

  • Isabel Veiga López

    Copio y pego lo que te envié por correo.

    Yo no uso “la nube” porque no quiero que me roben mis estupendas ideas, ésas que puede que nunca use. 😂 Nah, es broma. Prefiero usar la grabadora del móvil o escribir a mano.

    Gracias por lo que me dices de los personajes. Ten en cuenta que tienen ya una edad y el propósito de la novella es mostrar ese bagaje que arrastran en experiencias, decisiones equivocadas, miedos, normas aprendidas en la sociedad que les tocó vivir de jóvenes.

    Me han dicho que no lo he hecho mal con los diálogos, ya veremos qué opina el público 😁 porque yo pensaba que eran mi punto débil (antes de eso, pensaba que mi punto débil eran las descripciones, y antes, escribir una novela entera).

    Tus diálogos son geniales y me han sacado sonrisas y carcajadas. ¿Para cuándo una novela, o novela corta o novelette? 😉 Para quien no sepa cuál es tu libro, lo digo aquí: El fin del mundo a cucharadas. Humor garantizado.

    • Alain

      Pues que sepas que he aprendido lo que es una novella (con elle) gracias a ti :). Y sí, me encantaría escribir un segundo libro, a poder ser la mitad de gordo pero con el mismo humor o más. Aunque, como bien dices, las ideas no valen demasiado si no se plasman debidamente, y en estos momentos sigo a la espera de que me visiten las Musas, a ver si se acuerdan del camino. Una de las cosas que he aprendido con el primer libro es que no hay que forzarlas… Pero ojalá que, cuando vengan, nos pillen con el móvil o boli y papel cerca, claro que sí. ¡Y muchas thankius por la cuña publicitaria! Ay, qué complicado es esto de vender libros, jopetas…😅

Dejar una respuesta

Tu dirección de correo electrónico no será publicada.

Este sitio usa Akismet para reducir el spam. Aprende cómo se procesan los datos de tus comentarios.

Esta web utiliza cookies propias y de terceros para su correcto funcionamiento y para fines analíticos y para mostrarte publicidad relacionada con tus preferencias en base a un perfil elaborado a partir de tus hábitos de navegación. Al hacer clic en el botón Aceptar, aceptas el uso de estas tecnologías y el procesamiento de tus datos para estos propósitos. Personalizar Cookies
Privacidad