García Márquez y la ortografía

Tú no eres García Márquez. Yo tampoco, eso lo tengo claro. Lo tenemos claro. Necesitamos todavía práctica y aprendizaje para alcanzar su nivel. Toneladas de práctica y toneladas de aprendizaje.

Te comento algo tan obvio porque una vez y otra y otra más, veo esta típica y monótona frase en muchos grupos de escritores:

«García Márquez escribía con faltas de ortografía».

Cómo no, enlazan el famoso discurso en el que el escritor opina acerca de la gramática. Sí, todos sabemos que no se llevaba bien con las normas básicas de escritura.

Es un recurso tan manido que ya cansa. Te hace girar los ojos y plantearte seriamente si deberías contratar a un médium para contactar con García Márquez y preguntarle por qué, oh, por qué escribió algo así.

―Estimado Don Gabriel, ¿no sería posible, por favor, por favor, hacer desaparecer ese texto de la faz de la tierra? Ya sabe, con un poquito de ese realismo mágico que tanto desparramó por sus historias.

Cansa porque siempre es la misma respuesta que sirve de escudo para proteger la dejadez de unos cuantos, para esconder sus nulas ganas de aprender este oficio. Y no sé a ti, pero a mí me da un poquillo de rabia que pongan sus ojos en alguien como García Márquez para fijarse, precisamente, en lo menos bueno.

Por cierto, Juan Ramón Jiménez estaba también en esa lucha e incluso publicó alguna cosilla cambiando -a propósito- la J por la G. Repito, lo hizo a propósito. Y pudo hacerlo porque para romper las normas, primero hay que conocerlas y dominarlas, y él las dominaba.

Como no soy persona de meterme en fregaos en redes sociales y me aburre mortalmente repetir lo mismo cual loro de feria, voy a escribir aquí lo que opino y a explicar porqué ese texto no sirve como argumento para publicar textos que dan alergias oculares.

Y ahora, te dejo, que voy a dirigirme exclusivamente a los que han provocado este artículo.

El dichoso texto de marras

Me presentas un discurso de Gabriel García Márquez en el que habla de la gramática defendiendo su humanización. Es tu manera de defenderte de los que han comentado en tu relato diciendo que debes corregir las faltas de ortografía.

Verás, he leído ese texto varias veces y resulta que no encuentro ni una falta. Están todos los acentos, la puntuación es correcta, la gramática cumple las expectativas, no hay V en lugar de B ni faltan o sobran Hs. Es un texto perfecto. No entiendo por qué lo usas para defender tu postura de no corregir los textos que publicas. Tal vez hubiese faltas en el manuscrito de García Márquez, pero no en lo publicado.

Te he mentido. Lo entiendo perfectamente y te acabo de dar una gran pista. El problema radica en que confundes escribir con publicar. Te voy a decir algo que espero que acabe con este cansino argumento de una vez por todas: «García Márquez escribía con faltas, pero no publicaba con faltas». Espera, que lo repito:

GARCÍA MÁRQUEZ ESCRIBÍA CON FALTAS, PERO NO PUBLICABA CON FALTAS.

Escribir vs publicar

Escribir y publicar no es lo mismo. Cuando escribes, tienes libertad para saltarte todas las normas de todos los idiomas. Puedes escribir en línea recta, curva, en círculos, en espiral, alrededor de la hoja, TODO EN MAYÚSCULAS, sin usar ni una mayúscula, sála can la vacal A, ignorando cada acento, ácéntúándó cádá sílábá, usando infinitos puntos suspensivos al final de cada frase…………….. sindejarespacioentrepalabras o cada palabra en un folio porque no te importa la tala de los árboles. Haz lo que te dé la real gana.

Es tu texto, relato, artículo, trilogía. Ya sabes, «mi texto, mis normas», pero sólo cuando escribes. Debo añadir «para ti». Es decir, haz lo que quieras cuando escribes para ti.

Sin embargo, cuando publicas, tu texto ya no es tuyo. Cuando sueltas tus líneas al vasto mundo de internet, tu relato es de los lectores y van a opinar. Esos lectores esperan un mínimo respeto por tu parte, lo que se traduce en una buena presentación, en un texto que no sólo se ha parido, sino que también se ha criado con cariño.

Publicar significa exponerte a todo tipo de críticas. Si no te gusta que mencionen tus faltas, tienes dos opciones:

A. No publiques.

B. Haz lo mismo que García Márquez: aprende, corrige, cambia, vuelve a corregir antes de publicar.

La opción B requiere esfuerzo, por supuesto. Lo fácil es publicar y esconderse detrás de un artículo impoluto de García Márquez en el que no aparece ni una errata.

En realidad, hay otras dos opciones: no publicar en grupos de escritores y hacerlo únicamente en tu espacio personal -seguro que tus amigos te dirán «qué bonito, me ha gustado» o publicar en grupos de escritores, dispuesto a aprender de sus comentarios. Te recomiendo esto último combinado con la opción B. Es lo que hemos hecho todos.

Las redes sociales

Ni García Márquez ni Juan Ramón Jiménez vivieron la época de internet. Esa era en la que los escritores no estamos aislados, incomunicados, distantes de nuestros lectores y de otros compañeros de profesión. La era de tener que escribir frases públicas sin que los correctores eliminen nuestros errores.

¿Qué habría sido de esos escritores de antaño si hubiesen tenido que escribir en redes sociales? ¿Se habrían esforzado más? ¿Habrían seguido defendiendo sus faltas de ortografía? ¿Renegarían de internet? ¿Contratarían a alguien que escribiese por ellos? Tal vez no escribiesen personalmente en las redes y harían que todos sus relatos y artículos pasaran por manos del corrector antes de publicarlos en sus blogs.

Sería interesante saber cómo lo hacen los escritores de hoy en día, tan activos en redes y con blog propio, pero no me atrevo a preguntar, la verdad.

Edición y corrección, los puntos fuertes de García Márquez

García Márquez nunca dijo «querido escritor novel, pásate la gramática por el forro de los coj… Publica como quieras». Lo que reclamaba es que se simplificase la gramática. También lo hicieron autores de habla inglesa, aunque es más entendible en su caso, con tantas letras escritas para nunca ser pronunciadas.

Te recomiendo leer este artículo acerca del proceso de escritura de García Márquez, centrándose en Cien años de soledad. Verás resaltada una frase que dice:

«La clave del proceso creativo de García Márquez estaba en la edición. Era un excelente y obsesivo corrector de su propia escritura».

No se refiere únicamente a las faltas de ortografía, sino a dar mil vueltas a una frase hasta encontrar la palabra exacta, el ritmo adecuado. Borrar, reescribir, borrar, cambiar, eliminar, corregir. ¿Haces tú eso antes de publicar tus escritos? Si la respuesta es no (todos hemos visto tus relatos y sabemos la respuesta), no tengas la osadía de volver a mencionar a Don Gabriel para compararte con él. Si no quieres escribir como él en lo bueno, no lo hagas en lo malo.

Aprendiendo de los clásicos

Ya que hablamos de García Márquez, te sugiero que te pases por el blog de Esther Magar y leas sus artículos dedicados al autor. Excelente blog si te gusta el realismo mágico y mejorar escribiendo.

Te dejo aquí el enlace a uno de ellos en el que ha recopilado 16 frases-consejos del escritor en una mini-clase magistral que no tienen desperdicio. Si vas a seguir poniéndole como ejemplo, que sea para mejorar como escritor, con todo el esfuerzo que eso conlleva.

Me quedo con la número diez:

«El poder revolucionario de un escritor es escribir bien».


Isabel Veiga López

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