¿Cuándo pude llamarme «escritora»?

¿Cuándo pude llamarme escritora?

Uno puede llamarse lo que quiera cuando quiera. Puedes decir “soy escritora” sin haber escrito ni en las notas del móvil. Que lo digamos no significa que sea cierto, pero por poder, claro que podemos decirlo, que no he venido yo a coartar tu libertad.

Pero este artículo no va de absurdos, sino del origen del síndrome del impostor del que te hablé la semana pasada. ¿Y recuerdas que te dije que no es culpa tuya sino de los demás y un poco tuya también? Pues no me repito porque, aunque no lo recuerdes, puedes leerlo aquí.

Si no fuese por el síndrome del impostor ―es decir, por el qué dirán―, no existiría la duda de cuándo podemos decir que somos escritores, pero decirlo en voz alta, con convicción, sin miedo a comentarios ajenos.

Me remito a uno de los comentarios que aparecen en el blog de Literautas, uno que no comenté la semana pasada porque me lo reservé para hacerlo ahora. Es el número 43.

Creo que cuando a uno le preguntan “a qué te dedicas”, se refieren a “de qué te ganas la vida”. En consecuencia, mientras uno no se gane la vida siendo escritor, uno no puede decir que lo es. Si a uno le preguntan por sus hobbies, puede decir “escribo”, pero uno no puede tildarse de escritor salvo que se gane la vida en eso. Yo juego fútbol, pero si me preguntan a qué me dedico, no puedo decir futbolista. La pregunta que viene es, “mira, ¿y en qué equipo juegas?”, y yo tendría que decir, “no, bueno, juego en Romperredes, en una liga los días domingo”, a lo que la otra persona dirá: “ah” (la misma respuesta que se le da al “escritor” que no ha publicado nada ni se gana la vida en eso).


Tenemos que tener cierto respeto por la profesión del escritor. No podemos andar gritando al mundo que somos escritores si no nos dedicamos a eso de manera “profesional”, y menos si ni siquiera hemos publicado algo. Escribimos, de manera amateur, así como hacemos otras cosas de la misma forma. Si fuera por eso, entonces yo soy atleta, chef, escritor, músico, crítico de cine, futbolista y varias cosas más.

El primer párrafo

Estoy taaaan en desacuerdo con lo que dice. Con todas y cada una de las líneas de ese primer párrafo.

Esto no significa que yo tenga razón, sino sólo que estoy en desacuerdo. Aquí van mis argumentos y ya me dirás qué opinas tú.

Mientras uno no se gane la vida siendo escritor, uno no puede decir que lo es

No voy a analizar lo de «¿a qué te dedicas?». Supongamos que sí, que siempre significa «¿en qué trabajas?» y sigamos a partir de ahí.

Es decir, un ama de casa no puede decir que es ama de casa porque no se gana la vida con eso, una abogada en paro o trabajando de teleoperadora no es abogada porque no se está ganando la vida con ello ―y puede que nunca lo haga―. Con dos ejemplos es suficiente, ¿verdad?

Ay, ganarse la vida escribiendo. Según este argumento, cuatro gatos en cada país pueden decir que son escritores, o ni eso, porque ni siquiera todos los famosos «se dedican» sólo a escribir, sino que hacen otros trabajos para llegar a fin de mes (clases en la universidad, periodismo, colaboraciones, conferencias…), así que casi nadie es escritor.

Estos comentarios nos ponen el listón tan alto que es imposible alcanzarlo.

Si a uno le preguntan por sus hobbies, puede decir “escribo”, pero uno no puede tildarse de escritor salvo que se gane la vida en eso

Uy, si no hubiese añadido ese «salvo que se gane la vida en eso», estaría totalmente de acuerdo con su afirmación.

La mayoría de nosotros escribe desde pequeños. ¿Éramos escritores? No. Nos gustaba escribir, pero no nos llamábamos «escritores» porque era una afición, no una profesión ―remunerada o no―.

Escribir porque nos apetece no es lo mismo que trabajar de escritor. Existe una disciplina, un aprendizaje, un tomárselo en serio y más cosas para poder considerarse profesional.

En el momento en que estableces una rutina diaria con horarios más o menos fijos, que aprendes y llevas a cabo todas las tareas asociadas a la profesión ―aunque esto es discutible―, que avanzas en tus proyectos hacia la meta final, que incluso piensas en publicar, puedes llamarte escritor.

Todos sabemos exactamente en qué punto estamos. Yo siempre decía «me gusta escribir», «soy un intento de escritora», pero nunca me llamé escritora mientras fue una afición. Incluso cuando empecé a escribir una novela (no la que está publicada, sino otra que sigue en el cajón), seguí diciendo «me gusta escribir, pero no soy escritora».

Lo malo es ese «salvo que se gane la vida en eso». Ahí es donde discrepo del todo.

Ganarse la vida únicamente escribiendo, sin trabajos adicionales como correcciones, lecturas profesionales, otros trabajos que no estén relacionados con la escritura, es muy difícil.

Imagen de mondessin1 en Pixabay

Yo juego fútbol, pero si me preguntan a qué me dedico, no puedo decir futbolista

Esta frase, así suelta, está bien, tiene razón. Una cosa es jugar al fútbol los domingos con los amigos y otra muy diferente es ser futbolista. Es un buen ejemplo para la escritura.

Si tras la afición al fútbol dominguero viene el entrenamiento diario, un horario, fichar por equipos «serios», participar en campeonatos con esos equipos, el tiempo robado al tiempo libre para dedicarlo a aprender, tendremos a alguien que ya puede pensar en llamarse futbolista porque está trabajando como futbolista, aunque no haya fichado por los grandes y no gane un sueldo.

Por eso, aunque estoy de acuerdo con esa persona en que jugar al fútbol no te convierte en futbolista, no es un ejemplo acertado porque presupone que todos escribimos por afición y aquí estamos hablando de cuándo decir que somos escritores porque ya trabajamos en eso.

La otra persona dirá: “ah” (la misma respuesta que se le da al “escritor” que no ha publicado nada ni se gana la vida en eso

La otra persona, la opinión ajena, el qué dirán, el origen del síndrome del impostor.

¿Y qué más da lo que diga la otra persona? Yo no estoy de acuerdo con lo que esta persona en concreto piensa acerca de este asunto, por eso, su opinión no me afecta, no permito que me invalide o menosprecie como escritora que yo sé que soy. Porque, al fin y al cabo, lo que me importa es ser coherente con mi propia opinión.

No acepto ese «dar por hecho» que todo el mundo va a responder así ante alguien que no ha publicado nada ni se gana la vida con eso.

Antes de publicar, hay mucho camino que recorrer y no soy escritora sólo cuando llego al final de ese camino. Hablo, claro, de publicar con calidad un manuscrito finalizado, sea o no con editorial.

El segundo párrafo

Aquí se mezclan conceptos, así que estoy y no estoy de acuerdo.

Por supuesto que hay que tener respeto (no sólo «cierto» respeto) por la profesión de escritor. Por supuesto que no debemos llamarnos «escritores» si no nos dedicamos a ello de manera profesional, pero da por sentado que todos somos amateurs y eso me molesta bastante porque ¿acaso me conoce o te conoce o ha hablado con todo el mundo para afirmar algo así?

¿Cuándo pude llamarme «escritora»?

Nunca me autoproclamé «escritora» por escribir relatos o mi antiguo blog, y eso que ahí ya lo hacía con disciplina, ni por tener novelas empezadas..

Lo hice uando creé un horario de trabajo para escribir, cuando tuve la disciplina de cumplirlo a diario, cuando empecé este blog, cuando todas mis redes sociales dijeron que soy escritora, me atreví a decirlo en voz alta sin escuchar a quienes podrían juzgarme sin conocerme.

Mi objetivo todavía no es ganarme la vida con este oficio porque, como ya te he contado alguna vez, todavía no quiero vivir de escribir por todo lo que ello conlleva. Además, como no considero los ingresos económicos como única medida para valorar un trabajo, pues me llamo escritora desde hace ya bastante tiempo.

¿Te consideras ya escritor o esperas al beneplácito de los demás? ¿Qué significa para ti ser escritor?

Si te has perdido algún enlace, aquí los tienes.

El síndrome del impostor no existe: Son los demás – Isabel Veiga López

El día que dije en voz alta: «Soy escritora» – Iria López Teijeiro

Hoy no quiero vivir de escribir – Isabel Veiga López


Isabel Veiga López

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