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¿Cuándo pude llamarme «escritora»?
Uno puede llamarse lo que quiera cuando quiera. Puedes decir “soy escritora” sin haber escrito ni en las notas del móvil. Que lo digamos no significa que sea cierto, pero por poder, claro que podemos decirlo, que no he venido yo a coartar tu libertad. Pero este artículo no va de absurdos, sino del origen del síndrome del impostor del que te hablé la semana pasada. ¿Y recuerdas que te dije que no es culpa tuya sino de los demás y un poco tuya también? Pues no me repito porque, aunque no lo recuerdes, puedes leerlo aquí. Si no fuese por el síndrome del impostor ―es decir, por el qué…
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El síndrome del impostor no existe: son los demás
No voy a hablar del síndrome del impostor, sino de qué es lo que lo causa y alimenta. Estoy (bastante) segura de que, en algún momento de tu vida, lo has sufrido y has pensado que era por tu culpa, por no tener la suficiente seguridad, por pensar que aún no estabas a la altura, por no tener una titulación. Pues no, no era/es culpa tuya, es de los demás. Hala, ya lo he dicho. Venga, va, admito que hay un componente importante que ayuda a desarrollar el síndrome una vez que los demás lo fabrican: creerse las opiniones ajenas. Mi experiencia con el síndrome del impostor En mi trabajo…
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¡Soy escritora!
Mandando a paseo al síndrome del impostor Soy escritora. Así te lo digo, sin complejos, sin miedos. Y te lo digo con voz firme mirándote fijamente a los ojos —ojalá pudiese—. Puedes discutírmelo, puedes preguntarme si he publicado algo y yo contestaré lo que tenga que contestar. Y puedes volver a discutir. Lo admito porque lo entiendo. Te aviso que estarás discutiendo en soledad y en vacío, pero tienes todo el derecho a hacerlo. Verás, es que tengo que convencerme de que soy escritora. No se trata de que tú lo creas, sino de creérmelo yo. ¿Cómo podría convencer a los demás de algo que yo no creo? Siendo político,…


