Escribir de lo que sabes o escribir para saber

Escribir de lo que sabes o escribir para saber

Siempre escuchamos eso de que los escritores debemos escribir de lo que sabemos. Tiene sentido, claro. Escribir de lo que no sabemos daría como resultado historias no creíbles y que el lector abandonaría enseguida, excepto si hemos hecho bien nuestros deberes de escritores: documentación.

Parece bastante obvio que, si no sé nada de la religión Sij, no podré escribir una historia que gire en torno a ella. Más importante aún, no podré tener a un personaje Sij si no sé qué puede aportar a la historia ni cómo puede aportarlo.

¿O tal vez sí? Según mi experiencia, es posible.

Escribir de lo que sabes

Hay montones de libros que nos hablan de temas muy conocidos y muy cercanos para quienes los escribieron. Bien porque los vivieron en primera persona, bien porque era un tema familiar o de la comunidad en la que crecieron. Escriben de lo que saben y se nota.

Incluso cuando escribes de lo que sabes tienes que hacer labor de investigación para ir un paso más allá, o dos. Cuanto más profundices en tus conocimientos, mejor, excepto si estás contando tu propia experiencia en algo y lo cuentas desde tu punto de vista únicamente. Ahí no nada que investigar, supongo, porque ya tienes toda la información de primera mano.

Sin embargo, si cuentas esa vieja historia familiar que has escuchado mil veces y que sucedió antes de que nacieses, es muy posible que te surjan preguntas a lo largo de varios borradores. Depende de cómo la cuentes, claro. Puedes limitarte a contar los hechos (emigración, lucha, discriminación) o puedes contar los hechos desde los sentimientos. Ya sabes que la perspectiva es importante a la hora de narrar.

También puedes inventarte una historia basándote en lo que conoces: tu ciudad, los años de universidad, no haber podido ir a la universidad, tu entorno laboral, los sueños de juventud. Y todo esto lo aplicarás al género literario que se adapte mejor a ti.

Contarás esa historia, inventada o no, con confianza porque sabes de lo que estás hablando. Ya me extendí bastante en el artículo No más LGBT+, en el que te hablo, precisamente, de escribir de lo que conocemos. Como te comento ahí, no voy a hablar de autismo si desconozco el tema por completo, por poner un ejemplo.

¿O tal vez sí?, pregunto y afirmo otra vez.

Escribir para saber

Puedes escribir de lo que no sabes si tu intención es, como en mi caso, aprender. Eso sí, debes tener en cuenta que vas a tener que dedicar muchísimas más horas a la documentación. Cuando digo «muchísimas» quiero decir «muchisisísimas al cubo» o más.

¿Puedes escribir un relato que transcurre en una calle concreta de París si nunca has estado en París? A ver, por poder, puedes, claro, si te documentas antes muy bien. Todo depende de lo que quieras contar. ¿Y una novela? Lo veo mucho más difícil, aunque no imposible. Ahí tienes a los escritores de novela histórica. Documentación, investigación, atención al detalle. Todo depende, como siempre, de los datos que necesites, de por qué tiene que ser en esa calle de París y no en otra.

Si no sabes cómo se hace una autopsia y es importante en alguna escena, pues te toca aprender, y aprender lleva tiempo. Lo bueno es que será un aprendizaje que podrás reciclar para otras historias porque lo aprendido, aprendido queda.

El ejemplo de la autopsia no es el que mejor refleja lo que realmente quiero expresar con este artículo. Cuando hablo de escribir para saber, no me refiero a esos detalles que a veces necesitamos en algunas escenas o capítulos, sino a saber acerca de un tema de manera amplia.

Te he hablado del autismo y de la religión Sij. Los podríamos incluir en nuestras historias como algo anecdótico y, por lo tanto, nos informaremos lo justo y necesario, o podríamos escribir una novela en torno a personajes autistas o Sij porque sentimos curiosidad y queremos comprender más esos mundos ajenos a nosotros. Aquí toca documentarse a tutiplén.

Escribir una historia acerca de entornos que desconocemos ―una buena historia, claro―, nos obliga a conocer no sólo a esos personajes sino a quienes los rodean. Los diferentes puntos de vista que nos darán enriquecerán la novela y la harán creíble.

No es lo mismo abordar la historia desde el punto de vista de un inmigrante jamaicano que llega a la Inglaterra de los años 50, que desde el que llega hoy en día, o que desde el de los vecinos que nunca han tenido a un extranjero en su barrio. Todo suma, incluso si no incluimos todos los detalles que hemos aprendido.

Novela, novella, novelette, relato. No importa el formato, hay que documentarse.

Volver a entender, porque mi novella es un buen ejemplo de escribir para aprender

Escribí Volver a entender porque tenía muchas preguntas en la cabeza.

Podía haber hablado con gente que me respondiera a esas preguntas, pero no habría sido lo mismo. Como escritora, necesito escribir las respuestas en forma de historia. Es mi manera personal de llegar hasta donde quiero llegar, de comprender, de empatizar, de aprender sin olvidar.

Las preguntas que me han llevado a escribir Volver a entender han vivido conmigo durante algo más de dos décadas. Supongo que un día se hartaron de estar ahí encerradas y decidieron salir a la luz disfrazadas de idea para una novelette. Sí, la idea inicial era escribir una novelette; el resultado final ha sido una novela corta o novella­.

No he tenido en mi entorno a alguien que estuviese en la misma situación de mis personajes, de ninguno de ellos. Al poco de acabar mi adolescencia, mi mejor amiga me confesó que era lesbiana y, desde entonces, llevó una vida sin armarios. He conocido a más gente LGBT+, pero no como los de mi novella, así que no tenía referencias.

Aun así, yo quería saber cómo es el día a día de alguien que tiene que ocultar sus sentimientos hasta el punto de que toda su vida gira en torno a una mentira porque la verdad está en un armario cerrado a cal y canto. Quería saber qué motivos llevan a seguir fingiendo ser quien no es y cómo lo afronta.

He aprendido mucho, más de lo que esperaba. He dedicado muchísimas horas a la documentación, y todas y cada una de ellas han merecido la pena. Documentales, programas de radio, artículos escritos, revistas, noticias, vídeos, libros. Todo lo que aparece en Volver a entender ha salido de los testimonios de esas personas que no he conocido en persona, pero que han dejado su huella en internet y en los libros.

Cuando empecé Volver a entender ―que ni siquiera tenía ese título―, yo no sabía nada acerca del tema; al terminar el manuscrito, he notado que mi curiosidad está saciada, aunque quiero seguir aprendiendo. En una novela corta no cabe todo lo que yo quería incluir, ni todo lo que yo sentía que se debería incluir.

Lo importante es escribir con honestidad

Tanto si escribes de lo que ya sabes como si escribes para aprender, hazlo de la manera más honesta para el lector. Investiga tus propios tópicos y clichés antes de enfrentarte a una historia y a sus personajes. No te cierres puertas, no rechaces caminos sólo porque parecen más difíciles y largos.

Investiga, documéntate, aprende. Es una parte imprescindible del oficio de escritor.


Isabel Veiga López

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2 Comentarios

  • Víctoria

    En mi día a día, he visto muchos que critican a escritores por escribir cosas que no han vivido personalmente aunque como tú dices puedes aprender en el proceso. No se trata de saberlo todo sino de tener una mente curiosa que te impulse a indagar en las profundidades del conocimiento para dar ese toque de realismo. Las que escribimos novela histórica desde luego no tenemos más remedio que acudir a la documentación.

    • Isabel Veiga López

      Hola, Victoria. Gracias por comentar.
      Una de esas críticas (no iba hacia mí) me dejó sin motivación mientras escribía la novela. Por suerte, mis ganas de aprender y de querer terminar mi primera novela me animaron a seguir, pero se ha quedado como una cantinela en mi cabeza. Como bien dices, quienes escribís histórica no conocéis los detalles de la historia de antemano; todo se basa en la documentación. Es un proceso de la escritura que me encanta. Saludos.

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