¡Que paren la tecnología, que yo me bajo!

Y ya está, que ya vale, que me está dando otro bajón de esos de señora que echa de menos el siglo pasado. «En mis tiempos…», murmuro con voz viejuna. Digo «tiempos» en plural porque he tenido más de uno, a ver si vas a pensar que el pasado es un tiempo único. No, no.

En mis tiempos vimos nacer a internet y a los teléfonos móviles. En mis tiempos, era fácil proteger del ciberacoso a nuestros hijos porque apenas había un par de cosillas a las que apuntarse. En mis tiempos todavía teníamos el control. Ay, en mis tiempos.

Había desventajas, claro. Una de ellas era no estar tan en contacto con otras personas con los mismos intereses. Ya tenía unos añitos el siglo XXI cuando yo empecé a socializar con otros escritores. Me pilló un poco mayor, aunque más vale tarde que nunca.

Aquella época descubriendo los blogs y los foros ya te la he contado, así que no me repito.

A ver, abuela Isabel, a qué viene esto

Pues a que cada vez hay más cosas de esas virtuales en las que hay que estar para no quedarse desconectada del mundo, pero yo ya no sé si quiero estar o si quiero desconectarme, virtualmente hablando, claro.

Tengo blog desde la primera década del siglo, estoy en Facebook, me dejo ver por Twitter, apenas me asomo por Instagram, tengo un Pinterest apañaíto, a veces se me encuentra en Google en la primera página. Leo blogs, escucho podcasts, veo vídeos ―ya sean directos o grabados―. Los veo en Youtube, en Instagram, en Twicht, en su put… puñetera madre.

Por si no eran suficientes lugares, alguien pensó que, aunque también existen Tik Tok, Snapchat, Linkedln, Whatsapp, Telegram y su put… puñetero padre, necesitábamos algo más, algo innovador, algo como Clubhouse. ¡Venga ya! ¿En serio?

Entonces, Isabel, ¿no vas a estar en Clubhouse?

Pues claro que voy a estar. De hecho, ya estoy. Si unas compañeras se suben a ese carro para montar su chiringuito, yo estoy ahí para apoyarlas, faltaría más.

Problema: su chiringuito abre cuando yo estoy en el trabajo, así que no puedo escucharlas, snif. ☹ Mi gozo en un pozo.

Resulta que, a pesar de ser una aplicación nueva y novedosa, el wifi de mi cole no la quiere. Como me he bajado la aplicación en el ipad del cole, sólo puedo usar su wifi, cachis. Tendré que esperar a las vacaciones para escuchar a las compis. O ponerme misteriosamente enferma cada martes y cada viernes y quedarme en casa.

Si te has metido en Clubhouse, ¿de qué te quejas, Isabel?

Me quejo porque tengo edad para quejarme de todo. Me quejo para compartir la nostalgia de tiempos sencillos donde la tecnología no ocupaba ni nuestra mente ni nuestro tiempo. Me quejo porque yo lo valgo, pero no sé si tantisísimas webs y aplicaciones merecen la pena. Sobre todo, me quejo porque tengo miedo de ese momento en el que estaré tan perdida que me quedaré atrás (silencio dramático y emotivo).

Sí, estoy en Clubhouse. De vez en cuando, por las tardes en casa, escucho algunos programas… perdón, me meto en alguna sala ―que se note que sé de qué hablo― y la dejo ahí como «ruido de fondo» para ir enterándome de cómo funciona todo eso. Es como escuchar uno de esos programas de radio a los que puedes llamar para participar, sólo que aquí no tienes que llamar. Con levantar una mano virtual y esperar tu turno, es suficiente. Los programas no quedan grabados, así que o estás o te los pierdes. Mal empezamos, Clubhouse.

Estoy en modo invisible

O eso pensaba yo. Al entrar, busqué a esas compañeras para estar un poco al tanto de lo que hacen, pero no esperaba que me siguieran a mí porque no tengo, ni tendré, nada que ofrecer. Yo no voy a crear una sala, puede que ni pida turno para hablar. ¡Pero si no he puesto ni foto! Lo que te he dicho: invisible. Llego de puntillas, observo, me voy.

Ninguna de las salas en las que he estado me ha enganchado lo suficiente como para quedarme hasta el final, y eso que eran temas que me interesaban. No voy a emitir una opinión sólida todavía porque todo el tinglado está empezando y yo apenas lo he probado. No voy a precipitarme con un veredicto negativo… todavía.

Sólo voy a decir que, para mí, es como un evento de Zoom en Youtube, pero sin ver a la gente y sin poder escucharlo después. Exactamente lo mismo, aunque con desventaja. No veo la diferencia, ergo no veo lo novedoso. Los eventos de Zoom también puedo ponerlos de fondo sin tener que estar mirando a la pantalla, y tienen la ventaja de que no tengo que estar ahí a la hora de emisión, excepto si quiero participar activamente.

¿Todo este rollo para hablarnos de Clubhouse, Isabelita?

No, en realidad no, fíjate tú. Lo de Clubhouse es sólo el desencadenante de mi pataleta, y la pataleta es acerca de la cantidad de movidas virtuales en las que nos envuelven cada vez más a los escritores.

¿Recuerdas eso de «pero si yo sólo quiero escribir»? Pues eso. En ese nivel de pataleta estoy ahora. ¿Y tú?

No me entiendas mal. Comprendo la importancia de involucrarnos en algunas cosas tecnológicas. Lo comprendo y lo acepto. Estoy donde tengo que estar, y sé que estoy en el lugar correcto porque me he informado. Siempre te lo digo: la información es poder.

Conozco esas apps y sé que, por suerte, no las necesito todas. Yo elijo dónde quiero estar y me informo para saber dónde debo estar, que no es lo mismo.

Así que no, no te he soltado el rollo de señora vintage sólo para hablar de Clubhouse.

Bueno, Isabel, te habrás quedado a gusto

Pues no, y te voy a explicar por qué.

Estoy muy harta de ese cliché acerca de la gente mayor siendo torpe con la tecnología. En el saco de «gente mayor­» meten incluso a los padres que están en sus cuarentaytantos. No he visto yo la torpeza en esas edades.

No se trata de ser torpes, sino de llegar a una edad en la que da pereza aprender tantas cosas que, al final, sirven para lo mismo, o así lo veo yo. Y mira que me gusta aprender, pero tener que estar al día de tantas redes y apps y pepinillos tecnológicos en vinagre ya cansa, la verdad.

Hala, ya está, ahora sí

Venga, te dejo ya con esa coplilla en la cabeza: «en mis tiempos… sólo dos canales en la tele… un único teléfono con cable… había que rebobinar las cintas… mucho vicio es lo que hay…».


Isabel Veiga López

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2 Comentarios

  • Mariana Eguaras

    Creo que has dado en la tecla: pereza. A varias personas, entre las que me incluyo, nos da bastante pereza tener que investigar, entender, analizar, emplear, etc., la gama de nuevas redes y plataformas (esto sin contar programas, plugin, scripts y otros etcéteras) que se presentan mes sí y mes también. ¡Y el tiempo que insumen! Deben ser cosas de la edad .xD

    • Isabel Veiga López

      Hola, Mariana. Pereza, sí. Con lo que me gusta aprender y la pereza que me dan estas cosas. Puede que sea porque van demasiado rápido y no has terminado de acostumbrarte a una cuando ya sale la siguiente. Y en tu caso -diseñadora y maquetadora que recomiendo mucho-, el aprendizaje es aún mayor y constante. La edad, echemos la culpa a la edad 😀 Saludos.

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