No me apetece escribir

Esta semana no me apetece escribir un artículo para el blog, y te lo cuento en este artículo que estoy escribiendo. No tiene sentido, lo sé, pero ahí radica la bonita locura del escritor/escritora/escritir/escritori y toda esa inclusión lingüística que yo no uso en mi blog. ¿No dicen que hay que ahorrar palabras al escribir y que debemos usar sólo las palabras precisas? Pues eso: escritor.

Que no me apetece escribir, o no me apetece escribir acerca de un único tema. Mi situación de «tengo artículos empezados y otros casi terminados» no ha cambiado, así que no es por falta de ideas. Es falta de motivación o de ganas o de ganas motivadas. Yo qué sé.

Me he pasado la semana escribiendo un artículo. A cada frase pensaba “si es que no me gusta lo que estoy diciendo”, “si es que no me apetece escribir esto”, “si es que no me apetece escribir para el blog, ¿no puedo descansar una semana?” Y en eso estoy ahora, descansando.

Ya, parece contradictorio decir que no quiero escribir y estar escribiendo, pero el matiz es que no tengo la motivación para escribir sobre escritura ni libros ni relatos. Sin embargo, por lo que veo, tengo ganas de soltar todas estas tonterías que se enlazan sin lógica ninguna, aunque no las lea nadie.

Ha sido una semana de bajón motivacional y no hay explicación. Mis últimos artículos han tenido buena acogida, pero esta semana estoy de «no», y ya está, no voy a darle más vueltas. De hecho, ni siquiera voy a retocar estos párrafos; los pequeños errores, sí, claro, pero el resto lo dejo como está, quede como quede.

Tal vez, lo que necesito esta semana es un poco de escritura terapeútica, como la que recomienda Pilar Navarro Colorado. Tal vez, lo que no me apetece es documentarme, estructurar un artículo, tomar nota de los puntos que quiero tratar sí o sí. No sé, tal vez.

Me gusta documentarme. Ayer mismo, buscando imágenes para un detallito de mi novela corta, encontré una web que tiene la información precisa que me ayudará a dar más realismo a lo que digan algunos personajes. El proceso de documentación, para mí, significa relajarme un rato. Leer, ver vídeos, documentales. Sí, me gusta documentarme, por eso leo tantos blogs y escucho tantos podcasts y veo tantos vídeos. Me documento para escribir mis artículos y para escribir mi novela. Pero esta semana, no me da la gana, ea, qué puedo decir.

A lo mejor es que he estado pensando en qué le diría a mi yo infantil-juvenil. Esa idea me la ha incrustado MJ con el principio de su artículo «Carta desde el futuro» Como le he dicho a ella, no estoy preparada para algo así. Creo que una carta a mi yo del pasado es una tarea dura, complicada emocionalmente, muy muy complicada. Es recordar sueños y ver por dónde me ha llevado la vida para no cumplirlos.

Bueno, tampoco es cierto del todo. En realidad, sólo hay un sueño que no se ha cumplido… todavía. Quería ser actriz y no lo he sido porque no he luchado para conseguirlo. No hay excusas, no hay nadie a quien culpar.

Sin embargo, y esto es interesante para mí, siempre me gustó escribir y enseñar, aunque jamás fueron mis sueños ni mis metas. Y, oye, que aquí estoy, escribiendo y trabajando en un cole. No soy la profe de la clase ―decidí que no quería serlo―, pero soy la profe de apoyo dentro de la clase y me gusta muchísimo más. Para estas dos cosas he tenido que esforzarme y eso me hace valorarlo enormemente (hala, aquí dejo un adverbio porque sí, por rebelde sin causa).

Sea por lo que sea, esta semana no me apetece hablar de personajes, novelettes, narradores. No es falta de tiempo, no es falta de ganas (a pesar de lo que he dicho antes), puede que ni siquiera sea falta de motivación. ¿Y si me estuviese afectando el frío que paso en el patio del colegio? Es más probable que me afecte la maldita alarma a esas horas indecentes que tiene que sonar. Creo que el verbo «odiar» lo uso sólo cuando hablo de la alarma. Me despierta de una manera antinatural y eso no puede ser bueno; de hecho, no es bueno, sólo hay que leer estos párrafos. Ya está, ella es la culpable.

No puedo echar la culpa a mi marido, que me tiene el pan recién hecho cada vez que llego del trabajo. Entrar y oler a pan que va a salir o acaba de salir del horno, mmmmm. Así da gusto llegar a casa. Tampoco puedo culpar al trabajo. No sólo me gusta, sino que tengo mucho tiempo libre ahora con la situación actual.

¿A alguien se le había ocurrido una novela de misterio donde la culpable fuese la alarma del despertador/móvil? Pues ahí lo dejo.

Y ya está, no hay mucho más que pueda o quiera decir hoy. No me apetecía escribir y no he escrito lo que no me apetecía escribir. Aparte de eso, todo va bien. La locura sigue en su sano juicio. Todo está bajo control.


Isabel Veiga López

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8 Comentarios

  • Carlos

    Purga mental. Siempre nos viene bien, de vez en cuando, soltar lastre intelectual y «hacer el tonto», aunque las tonterías de algunos podrían ser másteres para muchos (políticos y afines). No siempre comento tus entradas en el blog pero nunca dejo de leerlas. A veces con una cruzcampo. Sí, me gusta hurgar en las heridas.

    • Isabel Veiga López

      Sabes que te perdono lo de la Cruzcampo «por ser vos quien sois». Muchas gracias por leerme. Sí, un descanso mental soltando pensamientos aleatorios, pensamientos que no se piensan antes de escribir, es muy bueno 😉

    • Isabel Veiga López

      Gracias. Supongo que he querido rebelarme contra la presión de escribir semanalmente en el blog. He escrito, sí, pero lo que me ha dado la gana sin tener que ver con la escritura o la lectura. Ya se me ha pasado y vuelvo a controlar mi rebeldía 😀

  • Paloma Peña

    Isabel, me lo he leído entero y me ha parecido fantástico que hayas escrito lo que te apetecía en el momento. La peor presión es la que nos hacemos a nosotros mismos, y si te ocurre más veces quizás espaciar las publicaciones lo puede arreglar. Solo es una sugerencia, esta es tu casa y la puedes organizar como te salga del moño, faltaría más.
    Elijas lo que elijas, estaré aquí para leerte.
    Un abrazo.

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