Palabras vacías para escritores principiantes

¿Qué te habría gustado que te dijesen cuando empezaste a escribir una novela y pediste consejos?

A. Qué bonito lo que escribes. Sigue así.

B. Deja salir la creatividad. No te preocupes por las técnicas que cortan las alas de la inspiración. Tú sólo escribe y te saldrá bien.

C. Prepárate porque no va a ser un camino fácil. Hay mucho que aprender (planificación, diálogos, construcción de personajes, marketing…).

«¡La C! ¡Elijo la C!» ¿En serio? Pero la C te dice que escribir es difícil, te habla de aprender y tú sólo quieres escribir. ¿No prefieres la de la inspiración? No, claro que no la prefieres. Ni tú, ni yo, ni nadie que quiera hacer bien este oficio. Las palabras vacías, por muy buena intención que tengan, no sirven para nada.

A todos nos habrían gustado que nos dijesen dónde nos estábamos metiendo, qué debíamos aprender, por dónde empezar. No, a todos no, sólo a nosotros. Yo he intentado compartir mi experiencia con principiantes, pero cada vez son más los que se niegan a escuchar.

Si algo he aprendido a lo largo de mi vida es a no predicar en el desierto ni a regalar margaritas a los cerdos. Así que, ante oídos sordos, me marcho y sigo con mi vida. Mindfulness, tranquilidad.

Las preguntitas

«No sé ni cómo agarrar un pincel, pero he tenido una idea para un cuadro grande, tipo “Las marinas” de Velázquez».

«Nunca he cocinado. He invitado a diez amigos a comer y quiero sorprenderles cocinando yo».

En los dos casos, acaban con un «¿algún consejo?». ¿Algún? ¡Todos! Para empezar, que no lo hagan. Pero no es eso lo que quieren escuchar, así que no van a hacer caso a éste, el consejo más importante, el que más frustración y tiempo les va a ahorrar.

¿A que no tiene ningún sentido que alguien que no ha estado cerca de un lienzo ni en un museo se ponga a pintar, por muy genial que sea su idea? ¿A que puedes predecir que los invitados acabarán pidiendo una pizza?

He puesto dos ejemplos muy obvios con los que se entiende perfectamente que para hacer eso que quieren hacer, deben empezar por el principio, por aprender poco a poco, por practicar a pequeña escala. Sin embargo, esto no sucede con la escritura. Todo el mundo cree que escribir una novela es pan comido. Casi todos hemos pensado eso, pero hemos escuchado a los que saben y hemos seguido sus consejos.

Arturo Pérez Reverte lo comenta en esta charla, a partir del minuto 16.

«Para ser cantante hace falta o tener buena voz o tener mucho talento; en literatura, cualquiera puede llamarse escritor».

Los que motivan sin aportar nada son los peores

Lo peor no es que el preguntador no te haga caso, sino que el resto de gente le está animando y te critican por desmotivar. Oye, pues nada, seguid animando y veréis que pronto se desmotiva solito cuando vea que está atascado, que es un proyecto demasiado grande, que no tiene ni idea de cómo empezar a afrontarlo. Mi comentario desmotivador puede que sea el único sincero y el único que recuerde cuando se rinda.

Cuando das consejos, las buenas intenciones no sirven de nada. Esos ánimos cargados de palabras vacías no ayudan, no aportan nada. Pero muchos, aun queriendo ser escritores, abrazan las palabras vacías y carentes de significado.

Decir la verdad no desmotiva a quien tiene la determinación de hacerlo. La verdad motiva a ponerse las pilas y a aprender conociendo los obstáculos que se van a encontrar. La verdad ahorra tiempo porque te enseña a dar los pasos adecuados. La verdad evita malos sentimientos como la frustración o el «no valgo para esto, mejor abandono».

¿De qué sirve decir «ten la idea clara de lo que quieres pintar y empieza por el boceto»? Puede que ni sepa lo que es un boceto, seguro que no sabe ni preparar un lienzo. Pero si yo digo «si nunca has pintado antes, te recomiendo empezar por algo pequeño, por conocer los pinceles, las diferentes pinturas que puedes usar, las técnicas…» me dirán que desmotivo, que le deje pintar lo que quiera, que lo importante es querer y la creatividad bla bla bla. Es en ese preciso momento cuando recojo mi poca sabiduría y me voy. Mi bienestar mental es importante y lo cuido mucho, por eso no entro en discusiones absurdas.

Escribir lo hace cualquiera

Y ahí está la raíz del problema. Lo que es obvio en otras artes, no lo es en la escritura. Todos escribimos, por lo tanto, todos podemos escribir una novela.

Que los demás animen sin explicar los pasos a seguir, no ayuda al principiante porque le crea esa sensación de «ya sabía yo que no iba a ser difícil».

Cuando sales tú a contar la verdad, el susodicho te responde «voy a contar mi historia, no necesito planificar, sólo tengo que contar lo que pasó». No quiere escuchar que eso no es así, que incluso un libro autobiográfico tiene su truco. Es como contar un chiste: todo el mundo puede contarlo, pero unos tienen gracia y otros no. Es el mismo chiste, pero tiene más interés y gracia contado por ciertas personas.

¿Cómo se escribe una novela?

Aquí van mis consejos para los principiantes. Una novela se escribe:

Aprendiendo a planificar, construir personajes que enganchen, describir, escribir diálogos, colocar estratégicamente los giros de la trama, hacer evolucionar al personaje, reescribir, replanificar (no siempre), borrar, borrar más ―incluso un capítulo entero―, añadir, distribuir las descripciones, dar voces diferentes a los personajes… Y muchas, pero muchas cosas más.

Con paciencia porque es una tarea larga que contamos en años, sobre todo si trabajamos en otra cosa. Con rutina y disciplina para escribir, aunque estemos cansados y desmotivados, sin esperar a las musas (las muy puñeteras nunca te esperan a ti, ¿por qué ibas tú a esperarlas?). Con humildad para aceptar que no sabemos todo, que hay pasos que debemos seguir, que ser escritor no es sólo escribir.

Leyendo, leyendo mucho, leyendo de todo: ficción, no ficción, clásicos, contemporáneos, relatos, novelettes.

Una novela se escribe escuchando a los que saben, ignorando los ánimos que no nos enseñan nada, dando valor al tiempo que nos regalan quienes nos llevan ventaja en estos menesteres.

Jamás, léeme bien, JAMÁS te diré que esto es fácil. Si buscas palabras vacías, no vengas a mí.


Isabel Veiga López

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