Las librerías no son templos sagrados, aunque nos gustaría

Las librerías no son templos sagrados, aunque nos gustaría

Me encantan las librerías. Las bibliotecas también.

Librerías y bibliotecas y ferias del libro y hablar de libros y leer libros y escribir libros.

No soy rara, soy lectora y, además, escritora. Sí, me atrevo a llamarme escritora.

No creo que me equivoque si afirmo que todos los lectores disfrutamos cuando entramos en un lugar lleno de libros, sea un negocio, un lugar público y gratuito, una casa.

Hablemos de librerías

Centrémonos en los negocios físicos que venden libros, en esas tiendas que tienen un olor particular e hipnótico que nos hace sentir que estamos donde debemos estar, que pertenecemos a ese lugar.

Por alguna extraña razón ―y por culpa de las redes sociales―, hemos elevado las librerías a «nivel santuario», a algo quasi sagrado que hay que defender a toda costa de las fuerzas del mal.

Confieso que, al principio, yo también me dejé llevar por la horda, pero mi lado crítico-analítico observó el entorno y llegó a la conclusión de que nos hemos pasado un pelín.

¿Por qué las librerías y no las bibliotecas?

Porque, de las dos, las librerías son las más afectadas por la crisis, por la piratería, por la falta de lectores. Todo esto, económicamente hablando, claro.

Me gustaría darte datos acerca de cuántas bibliotecas han cerrado por falta de usuarios, si son bibliotecas rurales o en barrios de ciudad, pero la información que encuentro me habla de tiempos de pandemia, de que tuvieron que cerrar al público presencial y adaptarse al público virtual. Por lo tanto, no me extiendo más y sigo con las librerías.

Ponemos el foco en los negocios porque son los que pueden desaparecer con más facilidad. Crisis, jubilación, fallecimiento, centros comerciales, internet. Las causas que afectan al pequeño comercio son variadas, aunque no todas las librerías son pequeño comercio.

Las librerías son la cara visible

Se me ocurre que esa idea romántica de apoyar a las librerías surge no sólo por su fragilidad, sino también porque son la cara visible de la cadena de producción, además de ser el último eslabón de esa cadena.

Puede que esté equivocada porque no pasa lo mismo con, por ejemplo, las fruterías, verdulerías. En este caso, la sociedad tiene muy claro que hay que apoyar al agricultor, al primer eslabón, a quien hace todo el trabajo duro y se lleva el beneficio más pequeño, igual que los escritores.

No pretendo comparar ambos trabajos, ni mucho menos. El del agricultor es más necesario y cansado y con más riesgos. Me refiero, únicamente, al hecho de crear el producto y ser el que menos dinero recibe.

Volviendo a los libros, la cara visible es el negocio que vende el producto. Vemos las librerías, pero no vemos todo lo que hay antes, los otros eslabones, los otros pilares de la fabricación de un libro.

La manera tradicional de vender libros

La manera tradicional es la que empieza con el escritor y acaba en la librería, aunque para llegar de uno a otra hay que pasar por varios profesionales.

Hay tantas manos antes de que el producto (el libro) llegue al consumidor, que el beneficio que queda a quienes empiezan la cadena (escritores) es de risa. Del precio que pagas por un libro, el escritor se lleva únicamente un 10 por ciento.

Se podría resumir de la siguiente manera:

Escritores – Editoriales – Imprentas ― Distribuidores – Librerías.

Es un resumen muy escueto que no menciona a cada uno de los profesionales que forman parte de la editorial. El resultado es que hay demasiada gente y empresas implicadas y, claro, toca repartir en muchos trozos, unos más grandes que otros.

El resultado final, que es de lo que hablamos aquí, es la librería, el templo de los libros, el santuario en el que los lectores adoramos perder la noción del tiempo.

La manera no tradicional de vender libros

La manera no tradicional es la manera actual en que el mercado vende los libros. De hecho, debería hablar de dos maneras, ya que depende de si el escritor es independiente o no.

Aunque hablo de una manera no tradicional, no quiero decir que no sea habitual. Al contrario. Hoy en día, y desde hace ya bastantes años, la manera no tradicional es la manera normal de vender y es compatible con la tradicional. Coexisten porque es lo natural, aunque nos quieran hacer creer esa mentira que dice que tenemos que elegir al comprar.

Con editorial

Escritores – Editoriales – Internet (su web, plataformas de venta online).

Las editoriales no eligen si lo quieren hacer por la vía tradicional o no; simplemente, eligen las dos opciones, que para eso están y, como te he dicho, son compatibles.

Esto significa que, cuando compras en, por ejemplo, Amazon, estás comprando directamente a la editorial, sin más intermediarios.

De esta manera, apoyas a otro eslabón de la cadena (la editorial), otro negocio que, sin ser tan sagrado ni tan visible como las librerías, pone su importante grano de arena para que los libros lleguen a tus manos con buena calidad.

El escritor, sin embargo, sigue llevándose un beneficio pequeñito.

Sin editorial

Escritores – Profesionales – Internet (web de autor, plataformas de venta online).

En este caso, apoyas directamente al escritor. No hay intermediarios que se queden con un porcentaje de cada libro que ha creado.

Yo, como autora indie, pago a los profesionales antes de subir mi libro a su punto de venta virtual, pero no tengo que pagar un porcentaje por cada venta o lectura digital del libro. Bueno, sí, te lo explico.

La correctora, maquetadora, ilustradora, diseñadora de portada cobran una única vez, al igual que la imprenta física ―para autores que imprimen sus libros―. Todo esto, antes de la publicación, claro, así que el autor hace una (alta) inversión económica que no sabe si va a recuperar.

En el caso de Amazon ―esta es la explicación―, sí se queda con un porcentaje por cada libro, y lo hace en concepto de imprenta y distribuidor bajo demanda. Los recursos logísticos y económicos de imprimir y distribuir internacionalmente los pone esa plataforma, así que es normal que se quede algo de cada libro, pero el autor se sigue quedando con una ganancia bastante mayor que con una editorial.

El libro autopublicado se puede ―y se debe― vender en librerías físicas

En el caso de escritores independientes, el libro puede venderse también en librerías… siempre y cuando los libreros acepten.

Te he comentado que las editoriales venden en tiendas físicas a la vez que venden en plataformas digitales. Ya, ya sé que no todas lo hacen (culpa del pirateo y/o de estar en contra de distribuidores como Amazon), pero la gran mayoría sí. También hay librerías que venden en Amazon, que lo sepas.

Sin embargo, para el libro autopublicado no es tan fácil estar en librerías físicas. El autor, que no dispone de la logística distribuidora de las editoriales ni de Amazon, tiene que ir con su libro bajo el brazo y preguntar a los libreros si podrían vender ahí su libro, y no todos dan el «sí, quiero». ¿Por qué? No tengo la respuesta.

¿A qué escritor no le gusta pasar por una librería y ver ahí su libro? Alguno habrá, no lo dudo, pero lo normal es que ambicionemos situar nuestros libros en sus estanterías, por no decir en sus escaparates.

Escritores y librerías, la alianza perfecta.

Las fuerzas del mal

Te hablaba de defender a las librerías. Para eso, hay que saber exactamente de qué hay que defenderlas, quiénes son sus enemigos naturales. Aquí no debemos dejarnos engañar por mantras virales en las redes.

Hay algo que no admite discusión: los libros autopublicados NO son los enemigos de las librerías, sino sus aliados.

No comprar libros autopublicados no es apoyar a las librerías, sino perjudicar mucho a los escritores independientes. Te expliqué este tema en el artículo TodosTusLibros vs Escritores Independientes.

Sin embargo, comprar libros en grandes superficies, algo que se ha hecho durante años, sí que hace daño a las librerías de barrio, al comercio pequeño.

Cuando hablo de «grandes superficies», no me refiero a una librería que está en un centro comercial, sino a los conocidos hipermercados, a esos lugares sin olor hipnótico, sin un librero que comprende lo que buscas incluso cuando no recuerdas el título.

Cuando hablo de «comercio pequeño», no me refiero a las franquicias de grandes librerías como La casa del libro, sino a esas pequeñas tiendas que sobreviven a pesar de los obstáculos.

Las librerías no son templos sagrados, aunque nos gustaría

Con tanto defender a las librerías, se nos olvida que el escritor es la base para que el resto de eslabones sigan vivos. También se nos olvida que no es Amazon el villano más villanoso, sino quienes defienden la piratería y la convierten en un modo de vida lectora. Eso sí, piratean y proclaman en redes que apoyan al pequeño comercio. Hipocresía.

No, las librerías no son templos sagrados ni santuarios que hay que defender, perjudicando a los libros autopublicados. Las librerías son negocios que no queremos que desaparezcan porque nos gusta entrar y pasear entre libros, y porque los escritores (independientes o no) anhelamos ver nuestros libros en sus escaparates, formando así una alianza que nos beneficie a todos: libreros, escritores y lectores.

¿Defiendes las librerías por encima de todo o lees también libros autopublicados?


Isabel Veiga López

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Novela Volver a Entender
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2 Comentarios

  • Mar

    Qué inteligencia la tuya, Isabel. Me encanta como piensas y la manera de exponer tus pensamientos. Llegas a razonamientos que a mí ni se me pasan por la cabeza. Qué placer leerte.

    • Isabel Veiga López

      Muchas gracias, Mar. Seguro que estos razonamientos se te han ocurrido, pero puede que no les hayas prestado atención. No es inteligencia, creo yo, sino observación y ganas de llegar a la raíz de los temas.

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