No más LGBT+

No más LGBT+
No te fíes de este título.

El título lleva a confusión, lo sé, y por eso lo he elegido, para llamar tu atención. Debería ser “No sólo LGBT+”, pero no tendría el mismo impacto. ¿Sabes lo que es un clickbait? El título de este artículo lo es. Algo que te da curiosidad y te hace «entrar» a mirar. Me apetecía probarlo. Así, también sabré cuánta gente realmente lee el artículo entero y cuánta se queda sólo en el título.

Por una vez, y sin que sirva de precedente, voy a decirte qué es lo que no vas a encontrar en este artículo; no quiero hacerte perder el tiempo ni que mantengas un gesto enfurruñado hasta que llegues al meollo del asunto.

No estoy en contra ni del colectivo LGBT+ ni de las personas que se sienten identificadas con él y, por lo tanto, no vas a leer aquí nada negativo acerca de ellas. Esto es un blog de escritura y de lectura, no un púlpito para denostar colectivos.

Voy a hablar de nuestra responsabilidad como escritores a la hora de crear personajes que den voz a quienes no la tienen en la sociedad. Y lo haré enfocándome en mi género: la narrativa contemporánea.

Escribir bajo presión social

Es normal que, cuando un colectivo busca visibilidad, ponga su mirada en quienes nos dedicamos a una labor que llega a muchas personas: escritores, fotógrafos, cineastas, periodistas.

Grupos como Mecano pusieron su granito de arena LGBT+ con canciones como Mujer contra mujer, El fallo positivo, Stereosexual. El cine nos ha ofrecido películas con personajes «no normativos» y la televisión los incluye en sus series. La literatura tiene más y más novelas que tratan de este tema, ya sea por sus tramas —como mi novela Volver a entender— o por sus personajes, como las novelas de José Manuel Blanco.

Sin embargo, en ocasiones —muy pocas, por suerte—, esa mirada se transforma en presión y aparecen discursos que nos recriminan no estar más comprometidos. Esto ha llevado a novelas con personajes forzados, escenas metidas con calzador, historias no creíbles que se nota que están hechas para «yo ya he cumplido».

La realidad es que hay muchos colectivos con los que cumplir y no siempre es posible cumplir con todos.

Si no es LGBT+, pues no es LGBT+ y no pasa nada.

Y si lo es, tampoco pasa nada. Cada historia necesita sus personajes.

Nos esforzamos en que el nombre encaje, los fabricamos a medida, les vamos añadiendo las características necesarias para que aporten valor a la trama, decidimos su edad, su color de pelo, su estilo de vida. En algunas historias, un personaje no heterosexual puede ser importante, pero en otras no.

Si la orientación sexual necesita ser mencionada para que la historia tenga sentido, menciónala. Que la viuda del asesinado sea lesbiana puede ser muy importante para el desarrollo de la trama, pero que el amigo del protagonista sea bisexual, tal vez, sólo tal vez, no tenga ninguna relevancia, a no ser que haya tenido un lío con la viuda y eso ayude a resolver el asesinato. ¿Ves por dónde voy?

Trata a todos tus personajes por igual, dales el valor y la importancia que merecen. No los conviertas en algo que no son sólo por quedar bien. En muchas historias, la orientación sexual de los personajes no es relevante, igual que no siempre es relevante su color de piel o su bebida favorita.

Al contrario, también funciona. Es decir, no pongas un personaje heterosexual donde encaja mejor uno que no lo es, o no des protagonismo a una mujer cuando queda mejor un hombre. Hazlo si es necesario, no por cumplir.

¿Qué colectivo debo elegir?

Veo que muchos escritores se esfuerzan en incluir personajes e historias LGTB+, y está bien, pero ¿qué ocurre con los demás? Si queremos ser inclusivos, dar visibilidad a todo tipo de personas, ¿sabes cuántos personajes diferentes tendríamos que crear? Demasiados.

No es posible dar cabida a todos por una razón muy sencilla: no los conocemos lo suficiente y no debemos escribir acerca de lo que no conocemos. Excepto si nos documentamos antes, claro, y entonces ya sabremos todo lo necesario. Ya te hablé de esto aquí.

Si nunca has tratado con una persona autista ni tienes información acerca del autismo, ¿escribirías una historia en la que el personaje principal tenga esa condición? Supongo que no, ni siquiera como personaje secundario, a no ser que hagas una labor de documentación exhaustiva.

Déjame decirte que eso no te hace menos tolerante o menos inclusivo con las personas autistas. No incluirlas en tus historias no significa que no te importan o que no las tienes en cuenta. Posiblemente, no incluir el autismo cuando no lo conoces, es una manera de respetarlo porque no quieres caer en clichés ni crear personajes que puedan perjudicar al colectivo.

Lo que quiero decir es que debemos escribir lo que debemos escribir y que creemos los personajes que tengamos que crear para que la historia sea creíble, pero que, si quieres incluir diversidad por mostrar lo tolerante que eres, tienes mucho trabajo porque hay montones de colectivos de los que no habla nadie. Cada colectivo tiene sus luchas, sus problemas, su invisibilidad.

Es cierto que todavía hay pocos personajes LGTB+, pero creo que hay aún menos personajes con síndrome de Down, con autismo, en silla de ruedas, con parálisis cerebral, pakistanís, sikhs, con más de 75 años, autónomos, conserjes

¿Sabes por qué sucede esto? Porque, como he dicho antes, escribimos acerca de lo que conocemos. Si en nuestro entorno no hay personas autistas, será raro que se nos ocurra una historia en la que ellas tengan cabida. ¿Todos tus personajes son menores de 50 años? ¿Por qué? ¿Has creado un personaje protagonista de 80 años y que sea mujer? Los que escribís fantasía puede que tengáis personajes de más de 200 años en un mundo asexual, pero es que la fantasía tiene sus ventajas.

Mis personajes de Volver a entender acaban de jubilarse. Si no tuviesen esa edad, o más, la trama no tendría sentido, no habría historia. Tampoco la habría si no fuesen homosexuales. Uno de ellos, además, tiene una característica que sale a la luz sólo cuando tiene sentido hablar de ella. Ha sido mi manera traviesa de decir al lector «muchas veces, los personajes son como tú los imaginas, no como el escritor los ha creado».

Insisto, da a cada personaje lo que cada personaje necesita. No tiene que ser un jubilado si tu historia necesita a un adolescente. No tiene que ser pakistaní si encaja mejor un jamaicano. No insistas en que es budista si su religión no tiene importancia para la trama.

Habla de personas, no de clichés

Si tu personaje pertenece a un colectivo —todos pertenecemos a alguno— hazlo creíble; que sea una persona, no un cliché, un tópico. Infórmate, investiga, pregunta.

Ten en cuenta el lugar donde se desarrolla la acción porque cada país tiene una opinión diferente de cada colectivo. Por ejemplo, una persona transexual no se comportará igual en San Francisco que en Tijuana porque las consecuencias serán muy diferentes. Otra con parálisis cerebral asistirá a un colegio si vive en Europa, pero no en India. El autismo es desconocido en Somalia.

            En resumen, cuida a tus personajes, dales las características que necesitan, no te centres sólo en el colectivo LGTB+ (de ahí el título de este artículo), pero no lo olvides. Da visibilidad a otros colectivos también, siempre y cuando sean importantes para tu trama.

Llena a tus personajes de diversidad si tu historia requiere y admite diversidad. No te preocupes si no has escrito nada acerca de LGTB+ o de la ansiedad o de los mormones. No significa que no les tengas en cuenta en tu vida real o que no seas tolerante; es sólo que todavía no han aparecido en tus historias.

Sí, el título debería haber sido No sólo LGTB+, pero no habría sido lo mismo, ¿verdad?

Image by Kurious from Pixabay


Isabel Veiga López

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2 Comentarios

  • Antonio Chávez López

    Hola

    Efectivamente, no habría sido lo mismo.

    En cuanto al colectivo de marras, ése que centras en tu ¿maravilloso y explícito? escrito. Sí, explícito y maravilloso. Las cosas como son. Bueno, que me estoy desviando un poco de lo que realmente quiero decir; en cuanto a este colectivo poco o nada puedo aportar, sólo diré que nuestra sociedad tiene su baremo, que es que dicho colectivo está dividido por igual en cuanto a su aceptación o no aceptación. Y ésta no es una opinión personal mía, ahí están las estadísticas (las que de verdad cuentan) de la calle. Yo, particularmente, lo asumo como un colectivo más, pero sin atreverme a conceptuarlo, sobre todo porque no quisiera extrapolarme hacia otros temas de igual o parecida índole, pero quizás más escabrosos.

    Por cierto, estimada Isabel, te comunico, para tu satisfacción, que me gusta leer las cosas que publicas en tu blog.

    Buenas tardes

    • Isabel Veiga López

      Estoy convencida de que nos dejamos llevar por la corriente que más ruido hace y no nos planteamos nada más. Puede que porque trabajo con niños con necesidades especiales y porque vivo en una ciudad con mucha diversidad, yo sí me planteo la cantidad de personajes diferentes que puedo aportar a mis historias.

      Con este artículo, sólo pretendo que no nos quedemos en un único colectivo, que vayamos más allá. Gracias por comentar.

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