El talento existe y hay que trabajarlo

El talento existe y hay que trabajarlo

Puede que estés de acuerdo con el título entero; puede que estés de acuerdo sólo con la segunda mitad. Yo afirmo, sin miedo a equivocarme, que el talento existe y que, por supuesto, hay que trabajarlo para hacer algo productivo con él.

Para hacer una afirmación así, lo primero es definir lo que yo creo que es el talento porque, si no coincidimos en este punto, es muy difícil que coincidamos en lo demás.

Tener talento es tener un don

No aclara mucho, ¿verdad? Usar sinónimos no es la solución, pero no voy a usar definiciones de la RAE.

Tener talento es tener una facilidad innata para realizar una actividad. Ya está, así de simple. Esa facilidad se ve cuando alguien hace algo bien hecho sin haber aprendido antes, sin esfuerzo, como si fuese lo más normal del mundo.

He escrito «bien hecho» en cursiva porque no lo uso de manera literal. Me refiero a que hacen algo bien, teniendo en cuenta que nunca antes lo han hecho o aprendido.

Hay quien tiene facilidad para aprender idiomas, o quien tiene un ojo fantástico para hacer fotos, incluso quien tiene buena mano para cocinar. Sí, hay personas que parece que han nacido con las primeras lecciones aprendidas y practicadas, no saben explicarte cómo hacen lo que hacen, y creen que es algo que todo el mundo sabe hacer. Es un don que tienen y esa actividad les sale de manera natural.

El talento sin recursos no puede crecer

Pues no, para qué nos vamos a engañar. La de talento perdido que hay por el mundo porque la persona no ha tenido la oportunidad de desarrollarlo.

Si pensamos en las mujeres que se han visto relegadas a una vida en casa o en la cantidad de niños que, hoy en día, no pueden ir al colegio, sabemos que hay mucho talento que nunca va a llegar a nada por no tener los recursos necesarios para alimentarlo.

Cuántos músicos, economistas, científicos, diseñadoras, escritores, profesoras se están perdiendo ahora mismo en muchos países. Ya sea porque los niños tienen que trabajar o porque las mujeres tienen prohibida la educación.

Aunque el talento no sólo se pierde por no tener recursos para desarrollarlo, sino por un ego grande. Hay quien cree que por ser buenísima dibujando ya no tiene que aprender nada, que no necesita ni una clase de dibujo para mejorar, y se queda estancada en el mismo nivel para siempre.

Y es peor quien, sin tan siquiera tener talento, piensa que por haber aprendido y tener experiencia, no puede aprender nada de un principiante y, por eso, no le presta atención. ¿Y si ese principiante tiene un don especial que le sitúa al mismo nivel que al veterano o por encima? Ah, la prepotencia del veterano que cree que está de vuelta de todo, por mucho que presuma de que sigue aprendiendo.

Tener talento es como tener ideas: no significa nada

Y hablando de egos grandes, qué decir de la prepotencia de la persona que sabe que tiene talento y mira a los demás por encima del hombro, convencida de que los no talentosos no pueden enseñarle nada, y tampoco quiere aprender porque cree que ya lo sabe todo.

Lo que no sabe es que resulta que tener talento, sin otros añadidos, no significa nada. Es como tener montones de ideas cada día (¿recuerdas que ya te hablé de esto en Las ideas no valen nada?). El talento, si está aislado y no se alimenta, se pierde, no es útil, no sirve para nada. Puede llamar la atención cuando se descubre, pero no un año después.

¿Cómo se alimenta el talento? Con conocimiento. Se nutre del aprendizaje, de practicar, de experiencia propia y ajena.

El talento existe y hay que trabajarlo

Si hemos llegado a un acuerdo en los puntos anteriores, vamos a estar de acuerdo a partir de aquí, seguro, porque todos pensamos lo mismo: se tenga talento o no, todos llegamos al mismo nivel si trabajamos lo suficiente.

La diferencia es que quien tiene talento tendrá que esforzarse menos porque ya tiene las lecciones básicas implantadas en el cerebro. Trabajo en un colegio, así que este asunto del talento lo veo a menudo. Te lo explico con un ejemplo.

Clase de dibujo. La maestra pone un vídeo en el que un dibujante explica paso a paso cómo hacer un dibujo sencillo. Todos los niños a la vez siguen las mismas instrucciones con los mismos recursos y el mismo tiempo. Resultado: algunos niños lo igualan e incluso mejoran; otros… hay que adivinar qué intentaban dibujar. El resto ha dibujado en el nivel esperado para su edad.

Te hablo de niños porque es donde vemos los talentos en estado puro, sin ser alterados por horas de clases y prácticas, donde los niños hacen lo que les gusta hacer porque les resulta fácil hacerlo, no porque crean que tienen un talento o porque piensen que van a ganar dinero con eso.

Los niños que igualan el dibujo del vídeo prestan atención, ponen cuidado, puede que borren y repitan una o dos veces, aprenden rápido. El resto presta atención, pone cuidado, puede que borren y repitan varias veces, aprenden, pero su mano no responde a lo que quieren hacer. No les sale un mal dibujo, pero hay diferencia con los demás. Van a necesitar mucha más práctica.

No soy buena dibujando. Sé que puedo aprender, que no se trata de «tienes talento para dibujar o no puedes dibujar», pero quien tiene el talento va muy por delante de mí y llegará más lejos en mucho menos tiempo y/o con mucho menos esfuerzo.

Para llegar al nivel que tenía Mozart cuando era niño, los demás tienen que pasar años de prácticas. Llegarán cuando sean adolescentes o adultos.

El talento no es garantía de éxito

Si alguien deja de practicar, su talento pierde valor. Y si siguiese practicando y aprendiendo, nadie le garantiza que va a tener más éxito que otros sin talento, pero igual de trabajadores.

Tener talento no garantiza nada si hablamos de querer vivir de esa actividad. Otra cosa es que sea un pasatiempo. Si lo que queremos es ganar dinero haciendo lo que sabemos hacer, hay más aspectos que debemos aprender.

Para vivir de la escritura, no vale con saber escribir. También hay que saber vender y saber hacer otras cosas que se convertirán en tu trabajo y te darán dinero, sobre todo al principio (corregir, leer profesionalmente, dar cursos, dar servicios editoriales…). Excepto si llegas al éxito ―con o sin talento y dependiendo de lo que cada uno entienda por «éxito»― y puedes vivir sólo de escribir.


Isabel Veiga López

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