Creatividad y personajes que se rebelan

Cuando se escribe una novela, ¿quién está al mando? ¿El escritor, el narrador, los personajes?

La respuesta lógica debería ser «el escritor, que para eso ha tenido la idea y todo lo que incluye», pero la lógica no siempre está del lado de la creatividad.

Debería ser muy obvio también que la persona que escribe es la misma persona que tiene la responsabilidad de crear a los personajes y sus acciones. Sin embargo, muchos escritores dicen que sus personajes se escapan de su control y toman decisiones.

¿Es posible que algo inventado tome las riendas de la historia, que tenga más autoridad que su inventor?

Hay quien dice que eso de que los personajes decidan es una tontería y hay quien afirma que eso sucede.

Conozcamos los argumentos

No, los personajes no pueden estar al mando

¡Qué estupidez!

A un autor que hace bien su trabajo, es decir, que previamente ha planificado y que tiene muy claro cada detalle de la trama, no se le escapa nada, está siempre al mando. Para eso es la planificación, para saber qué ocurre en cada capítulo, en cada escena, para saber qué rumbo tiene la historia.

Si los personajes están bien creados, si el autor los conoce mejor que a sí mismo ―que es como hay que conocer a unos personajes, sobre todo a los protagonistas―, no se rebelarán y seguirán las órdenes de su creador.

Además, qué narices, no son personas reales, son imaginarias, inventadas, no pueden pensar por sí mismas.

Si los personajes se desmandan y hacen lo que quieren es porque su autor no tiene ni idea de lo que hace. Eso le pasa mucho a los brújula. ¿A un mapa? No, a un mapa no le sucede eso porque todo está ya pensado antes de escribir.

Por supuesto que los personajes toman decisiones propias

Los personajes tienen vida propia. No están bien creados si no la tienen. Por eso, por supuesto que toman sus propias decisiones. Es su vida, saben lo que tienen que hacer, nos llevan por caminos que no nos habíamos planteado.

No tiene nada que ver con la planificación sino con la flexibilidad para cambiar lo que se había pensado escribir, para dejarse llevar. Cualquier autor que ha sentido que sus personajes se empeñaban en hacer otra cosa que no estaba planeada sabe que es una sensación estupenda, por eso les deja que hagan lo que quieran. ¡Y los personajes no suelen equivocarse! Dan ideas estupendas.

¿Quién tiene razón?

Nos encontramos con dos opiniones totalmente opuestas y, sin embargo, las dos tienen razón… más o menos. Y ninguna tiene razón… más o menos.

Es cierto que los personajes son criaturas inventadas que no tienen capacidad de pensar ni de tomar decisiones. Sin embargo, no es cierto que sea culpa de la falta de planificación. No tiene nada que ver con hacer o no el trabajo previo a la propia escritura.

Es cierto que por muy claro que tengas lo que vas a escribir y por qué vas a escribirlo, en el momento de poner las palabras en el papel, la imagen que has visualizado cambia y escribes algo diferente. Sin embargo, no es porque el personaje quiera ir a su bola. No tiene nada que ver con la vida propia del personaje. No deciden, no nos hablan, no nos sorprenden.

No es literal, es una manera de hablar

Decir que los personajes toman el control es una manera de expresar ese cambio de última hora, esa sensación que tenemos al escribir algo que no habíamos planeado. O que creemos que no habíamos planeado.

Sí, la escena estaba pensada, repensada, replanificada, el autor hizo ese trabajo, pero al escribir las frases hay, de pronto (¿de pronto?) un camino nuevo por explorar.

Explorarlo da la sensación de que el personaje nos lleva de la mano hacia su improvisación y cambia las imágenes que teníamos clarísimas en nuestra mente. Por eso decimos que es él, el personaje, el que está haciendo lo que quiere.

Es más fácil expresarlo de esa manera que explicar todo el proceso neurológico que sucede en realidad. Sí, neurológico. Hay ciencia detrás de este fenómeno creador.

Cómo se planifica una novela

Antes de pasar al fascinante tema de la ciencia que existe detrás de la creatividad, hago una breve parada en este importante apartado de cómo planificar una novela.

Como ya hemos visto, uno de los argumentos habla de la falta de planificación, pero esa falta es casi imposible. Casi. Podemos no planificar un relato breve y podemos planificar medianamente una novelette. También sabemos que unos géneros literarios exigen mucha más planificación que otros en cualquier formato, sin duda, pero ¿una novela? Una novela hay que planificarla.

El caso es que no todo el mundo planifica de la misma manera, pero planifica. Como de este asunto ya te hablé hace tiempo, no me extiendo más. Te dejo el enlace y ya me dirás qué opinas tú: Dos mitos sobre escribir con brújula.

La ciencia detrás de la creatividad

Cada vez que surge este tema de los personajes como entes que toman las riendas de sus historias, veo que los argumentos carecen de un aspecto que a mí me parece imprescindible en este asunto: la creatividad.

La creatividad no es únicamente tener ideas. Es algo más complejo, biológico, y que funciona por su cuenta sin que interactuemos con ella conscientemente.

En el artículo que he mencionado, comento que nuestro cerebro no deja de recoger ideas (en realidad son datos que luego convertirá en ideas) sin que nos demos cuenta y que nos las presentará como si fuese algo espontáneo que se le acaba de ocurrir. Esto que puede parecer una opinión personal sin fundamento está respaldado por diversos estudios que se han hecho para conocer qué es y cómo funciona la creatividad.

¿Qué factores fomentan la creatividad?

Algunas características que se asocian con las personas creativas son: flexibilidad de pensamiento, apertura a nuevas experiencias, aceptación del error, curiosidad y facilidad para conectar conceptos diferentes entre sí.

Los estudios neurocientíficos (aunque tengan discrepancias) afirman que la creatividad es un rasgo innato en todos nosotros, pero que unas personas la fomentan más que otras, ya sea de manera voluntaria o gracias a un entorno que favorece dichas características.

La creatividad del escritor

Esto de la neurociencia, ¿qué tiene que ver con las decisiones de los personajes? ¡Mucho! ¡Todo!

Pongamos un ejemplo práctico: Llevas unos días pensando en una escena muy importante para tu novela. La protagonista va a enfrentarse a su padre y es importante que lo hagan en la casa de él porque uno de los objetos que está en el salón ayudará a desvelar una duda importante de ella. Tu planificación (porque has planificado) es la siguiente:

Marta entra en el portal aprovechando que sale una vecina que la conoce. Espera el ascensor sin dejar de pensar en lo que quiere decir a su padre. Él, sorprendido al verla en la puerta, la hace pasar. Se alegra de verla, pero sabe por qué está ahí y no quiere hablar del tema.

Con esa imagen muy clarita en tu cabeza, te sientas y empiezas a escribir:

Marta quería pillar a su padre por sorpresa, sin darle tiempo para preparar las respuestas. Sin embargo, no había pensado que tendría que llamar al telefonillo y eso le pondría en alerta. Tuvo suerte. En ese momento salió la vecina del tercero A, la que le hacía los bizcochos para su cumpleaños. Después de unos segundos de charla, Marta entró en el portal y llamó al ascensor. Los nervios no la dejaron esperar. Subió por las escaleras para calmar la ansiedad y para retrasar un poco más ese encuentro.

¡Subió por las escaleras! Primer cambio que ha salido sin pensar, o eso crees. Dirás que tu personaje decidió subir por las escaleras cuando, en realidad, esa idea te ha llegado por algo que viste en la serie que ves últimamente, esa en la que la protagonista dijo que había dado dos vueltas a la manzana antes de entrar en la entrevista de trabajo porque necesitaba tranquilizarse. No te diste cuenta, pero tu cerebro procesó esa información y se la guardó en la carpeta «proyecto novela».

Las ideas no surgen por combustión espontánea. No nacen de la nada. No es magia.

El segundo cambio podría ser que, al llamar a la puerta, su padre no está. Se lo encuentra al salir a la calle y van a una cafetería porque él cree que así evitará que ella le grite. Es algo que te comentó una amiga hace unos años y, de pronto, aparece en tu escritura. Sí, sí, eso te estropea lo del objeto en casa que despeja la duda, pero ya lo solucionarás.

¿Por qué no te ciñes a tu planificación?

Cuando te sumerges en algo tan largo como es una novela, tu cabeza pasa mucho tiempo pensando en ella, pero no siempre lo hace «a la vista», sino en segundo plano. Esa novela vive en tu cabeza. Científicamente hablando, reside en tu cerebro mientras este observa el mundo y recoge datos. Tus personajes incorporan esos datos (situaciones, emociones, sensaciones) a las experiencias que tú les has otorgado. Por eso, cuando te pones a escribir, parece que ellos toman las riendas cuando, en realidad, es la información que has registrado inconscientemente la que sale a la luz.

Es como si tu cerebro no parase de preguntarte «¿y si…?» cuando visualizas la escena que previamente habías planificado. Esa pregunta condicional es la que te lleva a explorar otras opciones y eso es parte de la creatividad.

La planificación está ahí. No se trata de «tus personajes toman el control porque no has planificado». Se trata de algo más estimulante para las personas creativas y que los estudios afirman que es parte de la creatividad: la curiosidad.

El autor que deja que sus personajes hagan lo que creen que deben hacer es una persona que siente curiosidad por lo que está pasando fuera de su control. Quiere explorar esa situación y no le importa si acabará siendo un acierto o un error porque considera que en la exploración no hay errores. Para eso están las revisiones y ediciones posteriores, para eliminar todo lo que no sea un acierto, aunque no sea un error.

Conclusión

Cuando decimos que nuestros personajes hacen lo que quieren, no lo decimos de manera literal. No hay que tomarlo al pie de la letra. Tampoco hay que asumir que no se ha planificado debidamente.

Los personajes no toman el control, pero es más sencillo decir «mi personaje me obligó a escribirlo» que explicar el proceso neurocientífico detrás de la creatividad.

La curiosidad por explorar nuevas opciones y la flexibilidad para no ceñirse a un camino marcado es lo que lleva a muchos escritores a permitir que una nueva idea fluya en la trama de manera espontánea.

Así que la próxima vez que este tema salga en redes, ya sabes qué decir. O puedes compartir este artículo para evitar explicaciones.


Isabel Veiga López

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Dos libros (Volver a entender, A Friend of Dorothy Again), dos marcapáginas, en la arena, al lado de una estrella de mar.

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