Escenarios y el paso del tiempo

Los lugares y las sociedades no están exentas de los cambios a los que las somete sin piedad el paso del tiempo. Si los personajes cambian, ¿por qué no su entorno?
Siempre se habla del arco del personaje, pero nunca mencionamos el arco de los escenarios. A veces, es ese arco el que manipula al del personaje, es el que provoca los cambios en quienes mueven la historia.
Pero ¿es realmente un arco? Las personas provocamos cambios en nuestro entorno y el entorno provoca cambios en las personas. Podríamos decir que son arcos mutuos, aunque el del personaje puede suceder sin que haya cambios en el exterior.
No pretendo escribir un artículo filosófico ni analizar con detalle quién manipula a quien. Ese tema es más divertido si lo hablamos en persona en una terracita al sol. Lo que quiero abordar es cómo mostrar el paso del tiempo en los escenarios, qué elementos nos pueden ser útiles y cómo usarlos a nuestro favor.
Al igual que en el artículo anterior, el de los Personajes y el paso del tiempo, nos basamos principalmente en novelas cuya trama se alarga en el tiempo, aunque también podemos sacar ideas para historias más breves.
¿Qué es el escenario?
Empecemos por lo básico: de qué hablamos cuando hablamos del escenario de una novela.
Nuestro primer pensamiento es, lógicamente, el lugar en el que transcurren los hechos. En este aspecto, en nuestra trama puede haber muchos escenarios porque los personajes se mueven.
Un escenario puede ser una habitación, un piso, una oficina, una tienda, el barrio, el pueblo. Lo normal es que nuestros protagonistas vayan de uno a otro igual que van de escena a escena.
Sin embargo, el escenario también es el entorno no físico de la novela. Es decir, la sociedad, la cultura, las costumbres. Todo eso también puede cambiar con el paso del tiempo, se modifica tanto de manera sutil como de manera muy obvia.
Piensa en la España de antes y en la de después de la Guerra Civil. Todo cambió. La política, la manera de comprar (cartillas de racionamiento), algunas costumbres, la religión. Pequeños detalles y grandes acontecimientos mostraban no sólo lo que había pasado sino también lo que estaba pasando.
¿Para qué queremos mostrar el paso del tiempo en los escenarios en las novelas?
Me alegra que me hagas esta pregunta porque me permite hablar de los géneros literarios.
Mostrar los cambios en los escenarios sirve para mostrar el paso del tiempo, sí, pero también para dar verosimilitud, para poner obstáculos, para usarlo como metáfora con el cambio interior o exterior del personaje.
En una novelette policiaca que intenta resolver un antiguo crimen, los cambios de mobiliario, de las calles, de la celebración de fin curso puede ser crucial para darse cuenta de que estaban mirando el caso con ojos actuales en lugar de con los de la época en la que se cometió.
¿Y en una saga de Fantasía? También es útil. Sin embargo, hay muchas historias de este género ―sin importar el subgénero― en las que los personajes viven durante décadas, pero no vemos cambios. Sí, a veces cambian los reyes o los que dirigen los ejércitos o alguna esposa, pero el entorno no cambia, el mundo creado para esa trama es el mismo al principio y al final de la novela.
Algunos cambios y cómo mostrarlos
Los cambios internos de los personajes y los externos del entorno pueden estar muy relacionados. En ocasiones, son cambios individuales, familiares y de comunidad debidos a los cambios que no pueden controlar y que afectan directamente a los escenarios. Veamos unos ejemplos:
―Un pequeño pueblo cancela la fiesta patronal tras la catástrofe ocurrida unos meses atrás y en la que murieron bastantes personas. No hace falta contar que todo el pueblo está triste porque lo vas a mostrar quitando la fiesta. Ya de paso, puedes crear conflictos entre los pocos vecinos que están en contra de esa cancelación. O puedes ahorrarte los conflictos si ya tienes suficientes subtramas o si quieres mostrar a un pueblo unido.
―La situación contraria es que el pueblo vuelve al fin a festejar las fiestas cuando se muere el cacique, quien las había prohibido cuando se autoproclamó alcalde.
―Un personaje pasea por las calles de su infancia cincuenta años después de haberlas dejado al haber sido exiliado tras la guerra. Un paseo, un simple paseo que nos mostrará ―a través de las descripciones en sus recuerdos o en sus diálogos― cuánto tiempo ha pasado para ese escenario y cómo le ha afectado. ¿Qué productos venden ahora en las tiendas? ¿El ultramarinos del barrio sigue siendo un ultramarinos o es una tienda de móviles? Tal vez es un local cerrado y abandonado. En esta escena, el paso del tiempo es para personaje y escenario.
En cualquier caso, no olvides preguntarte qué quieres mostrar y, sobre todo, por qué y para qué.
¿Y si no me interesa mostrar el paso del tiempo en el escenario?
Si a tu trama le viene bien que no haya cambios externos, mantén todo en su sitio. No, no es obligatorio mostrar esos cambios, no es un error no mostrarlos si tu trama no lo necesita.
Imagina, por ejemplo, que lo que te interesa es mostrar que apenas hay diferencias con el pasado porque tu novela trata del tedio o porque quieres que tu protagonista, que ha vuelto al pueblo de vacaciones, piense que tomó la decisión correcta cuando se marchó lejos. No importa si hay alguna casa nueva o si asfaltaron el viejo camino. Podría haber un diálogo entre alguien que siempre ha vivido en el pueblo y tu personaje, uno hablando de los cambios y el otro nombrando lo que sigue sin cambiar.
El odioso paso del tiempo
Sí, he dicho «odioso» paso del tiempo porque, aquí, entre tú y yo, es un paso demasiado rápido, incontrolable, o lento cuando no queremos que sea lento, y es imparable, cachis. El tiempo pasa para los personajes, para sus escenarios y, nos guste o no, para nosotros. Algo tan importante en nuestras vidas merece ser mencionado y mostrado en la ficción. Úsalo con sabiduría, aunque lo odies.

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