• Amarga y feliz victoria

    Se marchó. Después de mucho tiempo luchando por su relación, se marchó. No hubo enfados, ni lágrimas, ni explicaciones. Sencillamente, cogió sus recuerdos, sus pedazos, los puso alejados del corazón para que no doliesen más y emprendió el camino. Siempre había pensado que cuando llegase ese momento iba a estar confusa y triste; se sorprendió al comprobar que sólo la tristeza aparecía. No había confusión, ni siquiera había preguntas porque, en el fondo, ella siempre había sabido lo que estaba pasando y lo que tenía que pasar. Después de unas horas pensando en lo que había ocurrido, se sintió mejor, más ligera de emociones, con menos peso en el alma…

  • Hay un libro en mí (o cómo empezar en esto de la escritura)

    Hace un tiempo, hablando de escritura con una compañera de trabajo, me dijo «I know there’s a book in me» (sé que hay un libro en mí). No, no se refería a que se lo había comido. Estoy segura de que ya lo habías entendido, pero tenía que poner mi ración de chiste malo. He escrito su frase en inglés porque es inglesa, vivo en Inglaterra y, por lo tanto, hablamos en inglés. Manías que tienen en este país. Mi compañera es una de esas personas de las que no te esperas algo así. No es sólo por su aspecto, sino por su forma de ser. Ya sé que lo…

  • No me concentro

     No creo que sea la única que se pone a escribir y, en menos de dos minutos, está ya pensando en otra cosa. A ver, no es algo que me ocurre cada vez que escribo, menos mal, sino cuando tengo más cosas en la cabeza y quieren salir todas juntas, a trompicones. Me sucede más cuando escribo que cuando leo, no sé si es normal, aunque ser normal no es algo que me preocupe. Hace un buen rato, empecé a escribir un artículo —no éste, sino otro de tantos—, pero he tenido que aparcarlo porque, de pronto, me he visto buceando en internet buscando información para mi trabajo. He retomado…

  • ¡Soy escritora!

    Mandando a paseo al síndrome del impostor Soy escritora. Así te lo digo, sin complejos, sin miedos. Y te lo digo con voz firme mirándote fijamente a los ojos —ojalá pudiese—. Puedes discutírmelo, puedes preguntarme si he publicado algo y yo contestaré lo que tenga que contestar. Y puedes volver a discutir. Lo admito porque lo entiendo. Te aviso que estarás discutiendo en soledad y en vacío, pero tienes todo el derecho a hacerlo. Verás, es que tengo que convencerme de que soy escritora. No se trata de que tú lo creas, sino de creérmelo yo. ¿Cómo podría convencer a los demás de algo que yo no creo? Siendo político,…

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