No me concentro

 

No creo que sea la única que se pone a escribir y, en menos de dos minutos, está ya pensando en otra cosa. A ver, no es algo que me ocurre cada vez que escribo, menos mal, sino cuando tengo más cosas en la cabeza y quieren salir todas juntas, a trompicones. Me sucede más cuando escribo que cuando leo, no sé si es normal, aunque ser normal no es algo que me preocupe.

Hace un buen rato, empecé a escribir un artículo —no éste, sino otro de tantos—, pero he tenido que aparcarlo porque, de pronto, me he visto buceando en internet buscando información para mi trabajo. He retomado mi artículo, he leído las líneas que había escrito, he intentado seguir, pero no ha sido posible. Otra vez, mi mente se ha ido a donde le ha dado la gana, que no es donde yo quiero ir.

Escribir para desconectar

Para mí, uno de los motivos de escribir es el placer de poder desconectar y centrarme en el texto o historia que estoy dejando salir. Poder desconectar, ésa es la clave. Sin embargo, los temas laborales o del día a día son tan importantes que, en ocasiones, quieren ocupar no sólo su tiempo, sino el mío, y no me gusta. Necesito desconectar, sumergirme en algo que me aleje —aunque sólo sea mentalmente— de la rutina y sus agobios. Si no puedo centrarme en la escritura, si intento seguir escribiendo por obligación, no funciona.

Para que entiendas lo que digo, estos párrafos que he escrito hasta ahora, han sido interrumpido varias veces para comentar algo por guasá con otro amigo escritor; para echar un vistazo a WordPress porque estoy esperando respuesta a una duda; para intentar abrir Facebook, aunque he sido buena y me he resistido; para quedarme mirando al infinito pensando en algo que pasó en el trabajo y cómo mejorarlo.

Y así va mi mente, dando inesperados brincos de un tema a otro. Eso se traduce en mucho más tiempo para cada artículo, más esfuerzo, más dedicación, más paciencia conmigo misma. Pocas veces, el resultado es textos inacabados que quedan como futuras ideas. La mayor parte de las veces, por suerte, ese esfuerzo da sus frutos y consigo mis propósitos.

Disciplina y rutina

La disciplina es fundamental para entrenar y aumentar la concentración. Tener un horario estable, o lo más estable posible, ayuda a nuestro cerebro a estar preparado cuando le necesitemos y a que sea capaz de centrarse porque le hemos adiestrado para esa tarea a esa hora. Al menos, es lo que dicen los estudios de la gente que sabe de cerebros (no, los zombies no).

El problema surge cuando no podemos mantener ese horario a causa del trabajo (del otro trabajo que aún tenemos porque es el que nos da de comer), de compromisos inesperados. Ya sabes, esas cosas que llenan nuestra vida diaria y que no siempre podemos controlar.

Hay personas que son capaces de concentrarse enseguida. Yo consigo hacerlo cuando necesito escribir una de esas ideas insistentes que o sacas o te agujerean la cabeza si no las liberas cuanto antes, pero hay gente que es así siempre. Supongo que también depende del orden que tengas en tu cabeza. Si eres capaz de organizar tu lista de prioridades y llevarla a cabo, estupendo. A mí me cuesta un poco más. A lo mejor tengo todo conectado con todo y, para llegar del punto A al punto B, tengo que pasar por otros muchos puntos y hacer parada y fonda.

El lugar y el momento

El ambiente en el que uno escribe también es importante. No es lo mismo estar en una casa sin niños que una con niños. El ruido y las interrupciones marcan una gran diferencia. Tu concentración, si consigues tenerla, será interrumpida continuamente. Hay que intentar ser flexible en estos casos y decidir que, en lugar de escribir, podemos aprovechar para buscar información o para tomar notas que ya ampliaremos otro día. No obsesionarnos con «tengo que escribir ahora», no enfadarnos con las interrupciones.

Mi caso es, simplemente, que mi mente está en varias cosas a la vez, y así es complicado centrarse. Quiere estar en misa y repicando las campanas, pero en muchas misas y con muchas campanas.

La música me ayuda. Sí, ya sé que muchos dicen que no se puede/debe escribir con música, que distrae. Entiendo que hablan de canciones, no sólo de música. Yo me pongo los cascos, elijo música clásica o relajante, sin letra, y consigo así meterme en mi mundo. Es importante que sea con los cascos puestos porque me aislan de lo que ocurre alrededor. Así es como estoy consiguiendo terminar este artículo: música, disciplina, concentración.

¿Qué estrategias tienes tú cuando pierdes la concentración? ¿Y para no perderla?

 Foto: pixabay.com


Isabel Veiga López

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