Soledad de una escritora retornada

Mucho se habla de la soledad del escritor.
Nada se habla de la soledad del escritor inmigrante. Ni de la del escritor retornado.
Tiene sentido porque las circunstancias del oficio de escribir suelen ser comunes, generalizando mucho, para todo el mundo. Sin embargo, las del escritor inmigrante y las del retornado son muy de cada cual. Cada persona vive la inmigración y el retorno a su manera, con todas las variables que eso lleva consigo. Y son unas cuantas variables, créeme.
Las tres fases
En la literatura, y en la vida en general, somos muy de etiquetar y catalogar, así que voy a mencionar las tres etiquetas que cargamos quienes vivimos o hemos vivido en el extranjero. Donde digo «etiquetas», quiero decir «fases».
A saber: emigrante, inmigrante, emigrante retornado.
No todo el mundo ha llegado a la última fase, o no todavía, o no llegará nunca por el motivo que sea.
Estas etiquetas/fases, que se te quedan tatuadas para siempre, afectan a todos los aspectos de la vida, incluidos la escritura y la lectura.
Voy a insistir y remarcar lo de escritura y lectura porque son los temas principales de este artículo (¡y de todo el blog!). No es mi intención hacer aquí un tratado sobre la emigración, aunque no me importará hablar del tema con quien tenga interés y/o experiencias personales.
He venido a hablar de mi libro experiencia
Ya he dicho que cada persona tiene sus propias circunstancias. Hay quien empezó a escribir durante la emigración y quien ya había publicado antes de emigrar. Quien sólo escribe en español y quien se atreve a hacerlo en el idioma de acogida. Quien sigue su oficio en solitario y quien busca (desesperadamente) a otros escritores ―sean patrios o no, pero a poder ser patrios―.
La edad es otro factor a tener en cuenta. Los niños se convierten en emigrantes sin haberlo decidido, y hay quien emigra pasados los cuarenta. No sólo se va la juventud.
Ya me estoy desviando. Me resulta muy fácil desviarme al hablar de emigración, aunque esté hablando de escritura. En fin, sigamos.
Ante tanta variedad de emigrantes, me voy a centrar en mi experiencia que, aun siendo personal, es perfectamente transferible.
Mi llegada a la inmigración
Llegué a Inglaterra con mis bártulos de escribir en la maleta. ¡No podían faltar!
Borradores de relatos, borradores de artículos para mi antiguo blog (lo escribía desde la primera década del siglo) y el borrador inicial de una novela. No estaba terminado ―nunca termino los primeros borradores, eso lo he descubierto con los años y otras novelas―, aunque había ya una base bastante encaminada.
Tenía, además, unas circunstancias deseadas por (casi) todas las escritoras: sin niños, sin tener que trabajar, sin una casa de la que ocuparme. Es decir, todo el día para dedicar a la escritura.
Pero la vida no siempre es perfecta, aunque lo parezca. Había un par de cosillas que frenaron mi escritura: mi estado emocional no era bueno y no tenía disciplina ni rutina de escritora porque, bueno, ni lo era ni jamás había pensado serlo. Esto se traducía en «escribo lo que me apetece cuando me apetece», sin horarios, sin objetivos. Escribir por el placer y por la necesidad de escribir, sin más pretensiones.
Ahora sí, metida de lleno en la inmigración
Sin darme cuenta, la escritura y la lectura crecieron tanto que me hicieron fijarme en ellas. Cada vez leía más y cada vez escribía más. Y lo hacía, por fin, con un objetivo.
Empecé una segunda novela y busqué información en internet para aprender a escribirla. Nunca antes había sentido curiosidad por aprender el oficio porque para mí no era un oficio. Escribía por intuición y no me iba mal. Encontré lo que buscaba en vídeos y blogs, y llegué a grupos de escritores en un momento decisivo para mí respecto a la escritura.
No sólo estaba metida de lleno en la inmigración. También lo estaba en la decisión de aprender el oficio de escritora para, bueno, eso, ser escritora. Ese era mi objetivo.
De la pantalla a lo presencial
¿Había escritores españoles en Bristol? Tenía que haberlos. Éramos miles de españoles en esa ciudad.
Sabía que había grupos ingleses de escritores, pero nunca asistí porque no escribía en inglés y hay diferencias en la narrativa, empezando por algo tan básico como la puntuación.
Confieso que me habría unido a uno o más de esos grupos si no hubiese encontrado a ningún escritor español. En ese punto de mi vida como escritora inmigrante (aunque todavía no me consideraba escritora), necesitaba quedar con otras personas «del gremio». Necesitaba compartir lo que estaba aprendiendo, necesitaba aprender más. Tenía todavía tantas dudas.
Tuve la inmensa suerte de encontrar a un escritor español. ¡Uno! Suficiente.
Quedamos, congeniamos, volvimos a quedar… Y hasta hoy, que ya han pasado años y seguimos con cuerda para rato. Menos mal que existen los audios gratis.
Le he preguntado y me dice que él no buscaba otros escritores porque no se le había ocurrido. Por eso digo que cada cual es cada quien y tiene sus propias motivaciones y experiencias.
¡Ya no estaba sola!
He hablado de la escritura, ¿pero y la lectura? Ah, pues esto también mejoró, aunque sin buscarlo.
No recuerdo cómo me enteré, supongo que también en Facebook. Se organizaba un Club de Lectura. ¡Un club de lectura! Una actividad lectora y social, justo lo que necesitaba. Yo ya usaba EBiblio (recuerda que es gratis, legal y no hay restricciones para usarlo fuera de España) y la biblioteca inglesa, tanto física como digital (BorrowBox, mismas ventajas que EBiblio), así que tenía acceso a montones de libros en ambos idiomas y un grupo de gente con quien comentarlos en español. Y con quien quedar fuera de las reuniones del club. Esto también es importante.
Gente que escribe cosas
Y de ese Club de Lectura surgieron más escritores, así que montamos nuestro propio Club de Escritura en el que éramos pocos, pero muy bien avenidos. ¡La de risas y carcajadas que he disfrutado con ellos! Y la de relatos que he escrito. Algunos están en el blog; otros están esperando ser publicados en un libro algún día.
El nombre del club es, precisamente, el de este apartado: Gente que escribe cosas.
Nos juntábamos cada mes para hablar de escritura, para comentar con honestidad los relatos, para socializar y reír.
Para entonces, yo ya había publicado mi primera novela (no la que vino de España ni la siguiente, sino otra muy distinta), pero esa necesidad de compartir y de aprender y de estar en contacto con otros escritores (y lectores) seguía en auge.
Qué estimulante es tener una comunidad con la que compartir tu afición o tu oficio o ambos.
Escritora retornada: vuelta a empezar
Mi aventura como inmigrante se acabó. No voy a ahondar en eso porque, a pesar de que han pasado unos meses, sigo en proceso de reubicación mental y de aceptación.
Me está costando.
Meses antes de regresar a España y de convertirme en emigrante retornada a efectos legales y emocionales, comenté mi situación en grupos de escritores en internet.
Lo del Club de Lectura estaba solucionado a nivel colega porque una amiga me ofreció unirme al suyo. Chiquito y cuqui. Gracias. Además, las bibliotecas de Coruña tienen también varios clubs de lectura, así que esto no era un problema.
Lo de los escritores…
Lo de los escritores es lo que ha provocado este artículo y esta soledad.
Vuelvo a ser una escritora solitaria, aunque no por decisión propia.
Sé que hay escritores en mi ciudad, Coruña, así que, una vez aquí, lo volví a intentar. «Ya estoy en Coruña, ¿alguien para charlar de escritura?». Silencio abrumador.
Hoy, después de unos meses, lo entiendo.
Me he dado cuenta de que todo el mundo tiene su vida organizada y no necesitan a las recién llegadas como yo. Tienen sus grupos de lectura, sus grupos de escritura, sus necesidades cubiertas. ¿Para qué quedar fuera de ahí? ¿Para qué incluir a alguien más en esos grupos?
No leas esas preguntas con tono acusador ni sarcástico porque no es el que les corresponde. Es un tono genuino de constancia de un hecho, sin más. Acepto la realidad.
Durante la inmigración, es innato ―en general― ofrecer a otros inmigrantes e incluso a los nativos unirse a los grupos ya creados. Sabemos lo difícil que puede llegar a ser encontrar esas actividades, conocemos la soledad inicial, la desubicación. Por eso surge un espontáneo «ven a nuestro grupo» sin esperar a que la otra persona pregunte «¿me puedo unir?».
Veo que no es lo mismo fuera de la inmigración. Retornar es reconstruir una vida que el resto ya tiene construida. Y en esa vida, no siempre hay cabida para más gente.
Así que aquí estoy, sin prisa pero sin pausa, con paciencia. Sigo escribiendo, sigo leyendo. La compañía ya llegará cuando tenga que llegar. Cada cosa a su tiempo.
Como he dicho, esta es mi experiencia. La mía, no «en general».
Si has pasado por lo mismo o si lo estás pasando, me encantaría conocer cómo vives / has vivido la escritura durante la inmigración y después, si es que has llegado ahí.
A lo mejor podemos crear un Club online de escritores inmigrantes / retornados. Españoles en el extranjero y extranjeros en España. ¿Te unes?

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