Descripciones: hablemos del tiempo

«Qué semana tan buena de sol y calor hemos tenido. Nos ha permitido adentrarnos más en el bosque para investigar la leyenda del mundo escondido que, según los locales, provoca las desapariciones de las mascotas. Era demasiado calor, es verdad; ha sido difícil dormir algunas noches y hemos tenido que usar el ventilador en la estación base, pero es algo que no ocurre a menudo en este pueblo, ni siquiera en este país, por eso no nos importa soportarlo unos pocos días al año. El simple hecho de tener que caminar o estar en el coche, era un esfuerzo. La recompensa estaba de vuelta en la base: helado y un fresco batido de chocolate con café».

¿Cuántas veces has oído eso de que no se debe empezar una historia hablando del tiempo? Seguro que has perdido la cuenta, como yo. Pues hoy vengo a rebelarme contra esa norma. Eso sí, con argumentos, claro.

Voy a hablar del tiempo más que del clima, aunque tienen relación, porque el tiempo es cambiante, no siempre coincide con el patrón climático y puede ser imprevisible. Aunque es el clima lo que moldea nuestras costumbres (cultura, comida, manera de relacionarnos), es el tiempo el que da más juego en una trama.

¿Por qué es importante el tiempo metereológico en nuestras historias?

Hace poco leí una novela cuya trama transcurría en Londres. Que al principio del libro me dijesen que era diciembre, me ayudó a entender por qué hablaba de lluvia y frío constantes, de noche cerrada a las cuatro de la tarde. Conociendo el país de primera mano, esos detalles me ayudaron a meterme en la historia porque la hicieron más real. En el caso de esa novela, el clima habitual del país nos lleva por los meses de manera natural. No siempre tiene por qué ser así y tenemos el poder de jugar con el tiempo a nuestro antojo para que la historia vaya por donde queremos que vaya.

El tiempo nos ayuda a «muestra, no cuentes». En el párrafo que he escrito al principio de este artículo, ¿cuántas cosas me puedes decir del personaje? La primera frase dice que le gusta el buen tiempo y que, por eso, parece que está de buen humor. Después, nos aclara que favorece su investigación. Sabemos que está en un país donde las temperaturas altas no son habituales a lo largo del verano, así que podemos descartar España. Por cierto, intuimos que es verano, días largos, y nos hacemos una idea del tipo de ropa, calzado y accesorios que está usando (gorra, gafas de sol).

Clichés climáticos

Sin embargo, que sea verano no quiere decir que no llueva o que siempre brille el sol. Depende de dónde transcurra la historia, claro. Puede que nunca llueva en un verano de Arizona, pero te aseguro que llueve en un agosto inglés. Es decir, comentar «por fin habían llegado las vacaciones de verano y se preparaban para ir de camping», sin volver a mencionar el tiempo, es dar por sentado que, por ser verano, el sol y el calorcito van a estar siempre ahí. Olvidemos los clichés de las cuatro estaciones y seamos flexibles a la hora de jugar con el tiempo.

Oye, que puede que sea así, que no en todas las historias es imprescindible hablar del tiempo, que puede que lo que quieres contar transcurre durante una estabilidad metereológica necesaria para la trama. Pero también podría ser que ese tiempo inestable le dé un giro a tu historia y tus personajes de esos días de camping veraniego acaben en el hospital por lluvias torrenciales que provocan riadas. Sucedió en la vida real hace años (fue algo muy triste).

¿En qué puede afectar el tiempo?

En todo lo que pensemos y que nos resulte útil para que nuestra historia avance y/o le dé un giro inesperado. Todos conocemos historias en las que el tiempo ha sido el factor determinante que ha dado lugar a la trama.

Por ejemplo, una trama de acción suele ser más ágil en paisajes secos que en paisajes nevados. Las persecuciones son más rápidas durante las cálidas temperaturas de Miami que en un entorno nevado como el invierno en Finlandia, donde la nieve ralentiza la escena, ya sea en coche o a pie. De hecho, el tipo de vehículo que usemos dependerá también del tiempo, entre otros factores. Y el calzado. No es lo mismo correr en chanclas o sandalias que con botas.

A la hora de llevar una pistola escondida, la ropa veraniega no da muchas oportunidades, mientras que los personajes que están pasando frío en el invierno finlandés tienen varias capas de ropa para disimular incluso un rifle.

El policía que busca pistas en el exterior, las encontrará o no dependiendo de si ha llovido, de si hace mucho viento, de si el fuerte granizo le permite estar fuera investigando, de si el tornado está cerca.

Recordemos que Mary Shelly escribió «Frankeinstein» gracias a un tiempo inesperado por culpa de un volcán y que hizo que tuviera que estar en casa con unos amigos. Es decir, el tiempo puede obligar a nuestros personajes a estar en el interior o a salir a divertirse al exterior. Mantenerles en un lugar puede ser perfecto para una historia de terror.

El estado de ánimo

Hablando de clichés, no a todo el mundo le gusta el verano, no todos disfrutan de cálidas temperaturas soleadas. Hay gente muy rara que ¡prefiere el invierno y el frío! (no te ofendas, que es broma). Tiene que haber de todo en este mundo y, por lo tanto, en tus historias.

Que el día amanezca soleado con un estupendo cielo azul, no significa que tu personaje esté feliz. Hay todo tipo de motivos para no querer que el día sea así: la sequía continúa, tiene una enfermedad en la piel que se acentúa con el sol, su autoestima es más fuerte cuando puede cubrir su cuerpo con más ropa, le trae malos recuerdos, hay más turistas borrachos, los guerreros del reino enemigo aprovechan esos días para atacar, una raza de tu mundo es muy sensible a las altas temperaturas. En fin, lo que se te ocurra.

El tiempo te sirve para mostrar el estado de ánimo de tu personaje, para explicar por qué se siente así, por qué actúa así. También el clima, y no sólo el tiempo, es útil en este apartado. El clima, en general, puede ser el motivo que lleve al personaje a salir de su zona de confort, bien porque está aburrido de ese clima y quiere vivir en otro, bien porque le obliga a marcharse huyendo de las consecuencias de ese clima o cambio climático. Esto mueve al personaje a probar otra comida, a aprender otro idioma, a levantarse más temprano o más tarde. Es decir, le lleva a pasar por una serie de cambios que formarán su arco de evolución -o involución-.

No es algo imprescindible, pero puede ayudar

Como te he dicho antes, mencionar el tiempo o el clima no es imprescindible. Tampoco es necesario hacerlo en el primer párrafo si no va a tener mucha relevancia en la historia. Sin embargo, que un lector diga «si empieza hablando del tiempo, cierro el libro» no tiene sentido, en mi opinión, porque ya hemos visto lo importante que puede ser comentarlo desde el primer momento. Hay que dar una oportunidad a los primeros párrafos que nos dan el parte metereológico.

Y si no es importante para mencionarlo en la primera frase, tendrás más oportunidades durante la novelette o novela, siempre y cuando aporte algo.

¿Has mencionado el tiempo en tus historias? ¿Le has sacado todo el jugo posible?

Aquí tienes los enlaces que aparecen en el blog, por si te has perdido alguno.

Quizz Frankenstein – Isabel Veiga López


Isabel Veiga López

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