Uso y abuso de frases cortas en tu novelette

Uso y abuso de las frases cortas en tu novelette

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Para hablar del tema de las frases cortas, voy a poner como ejemplo uno de mis relatos, uno que escribí hace unos 25 años: Hasta Que Mi Muerte Nos Separe.

Si lees primero el relato, entenderás mejor la diferencia entre el uso y el abuso de las frases cortas.

Monólogo y malos tratos

Es un monólogo dentro de la cabeza de una mujer maltratada. Mejor dicho, de una mujer que quiere autoconvencerse de que no es maltratada, que no es como las demás.

Intenta buscar razones, explicaciones, justificaciones. Su mente va deprisa, no tiene tiempo para analizar porque, si lo hace, se dará cuenta de que no hay justificación posible para su maltrato.

Ansiedad, negación de la realidad, no aceptación de que es una víctima más. Una excusa, otra, otra, deprisa, sin observaciones. Salta de una idea a la siguiente, por eso las frases son cortas. Es como un interrogatorio en el que las preguntas no aparecen y en el que ella intenta interrumpir rápidamente con respuestas aprendidas que la ayudan a sentirse mejor.

Esas frases cortas nos dan también sensación de no tener tiempo para pensar porque su pareja puede aparecer en cualquier momento.

La brevedad de las frases ayuda a crear un ritmo rápido y puede transmitir al lector sensaciones de confusión, nerviosismo, miedo, bloqueo mental.

En un thriller, el asesino que mata por placer se regodea usando frases largas después del asesinato. Eso nos transmite que es una persona confiada, que cree que no la van a pillar, que tiene tiempo. Sin embargo, alguien que ha matado por accidente, usará frases cortas, rápidas, nerviosas, incluso incoherentes. No hay tiempo para conjunciones.

El uso y abuso de las frases cortas

El ejemplo que acabamos de ver es de un buen uso de frases cortas. Y no fue un uso pensado, premeditado. Surgió así. Era un uso lógico en la situación de la protagonista.

No todas las frases cortas se usan sólo en esos casos, por supuesto. A veces, queda mejor una frase corta en medio de varias largas para dar un respiro al lector; o al final, para dar algo por sentado. Por ejemplo, después de describir una situación usando frases largas/medianas, podemos finalizar diciendo «Por eso nunca regresó».

El uso de las frases cortas se recomienda para dar ritmo a la lectura. Intercalar frases largas y cortas ayuda a evitar un ritmo monótono que aburre y saca de la lectura, por experiencia te lo digo.

Para ilustrar el ejemplo de abuso, te remito al libro «Tanguy: historia de un niño de hoy». Está plagado de frases cortas seguidas. Plagado. Lo que cuenta me interesaba mucho, por eso me terminé el libro, pero ese encadenamiento de muchas frases cortas me sacaban de la historia demasiado a menudo. Casi en cada página, había momentos de pum pum pum pum que me hacían levantar la vista del libro.

Si lo has leído, me encantará conocer tu opinión.

Un único párrafo

¿Te has fijado que el relato tiene un único párrafo? Es otra técnica, en el caso de un monólogo como éste, que nos transmite la idea de que los pensamientos no tienen pausa, no distinguen entre diferentes temas (me quiere, soy una inútil, no me maltrata).

Nuestra pobre protagonista une torpemente todas sus ideas como si fueran una, porque para ella lo es.

Apenas respira entre frases.

Necesita seguir pensando para que la razón no encuentre sitio en su mente. No hay subidas y bajadas, es un tono lineal en el punto alto de la ansiedad, que no disminuye. Separar el relato en párrafos habría dado la sensación de más tiempo pensando, de pasar ordenadamente de un tema al siguiente. No sucede así en su mente; no sucede así en el relato.

Acerca del relato

Este relato lo escribí hace ya muchos años, tal vez veinticinco. No he querido cambiarlo, aunque sé que es mejorable. Siempre hay sitio para mejorar. He retocado el título inicial, «Hasta que la muerte nos separe», porque creo que el posesivo da más sentido al contenido del relato.

Mientras escribía este monólogo, no pensaba en todo lo que te he explicado (qué frases usaré, qué vocabulario, qué tiempo verbal, cuántos párrafos); simplemente, lo escribí como lo sentí. Es decir, que no siempre es necesario pensar en la técnica más apropiada para escribir algo en concreto. Muchas veces, es cuestión de dejar salir lo que tenemos en mente. Una vez sobre el papel, ya le daremos forma al revisarlo.

Como siempre digo, ahora que tienes la información, haz con ella lo que quieras. Si quieres abusar de las frases cortas, hazlo; tus lectores te dirán si has acertado o no. Si quieres practicar los distintos usos de esas frases, te recomiendo que lo hagas.

Otro día te hablaré de cómo me marcó una opinión acerca de este relato y sus frases cortas. Afectó, durante bastante tiempo, a mi estilo escribiendo. Es importante aprender a reconocer la sabiduría en algunas críticas para que nos ayuden y no nos bloqueen. Pero eso, querido amigo escritor, será otro día.


Isabel Veiga López

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Dos libros (Volver a entender, A Friend of Dorothy Again), dos marcapáginas, en la arena, al lado de una estrella de mar.

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