• Hoy no quiero vivir de escribir

    Hoy no quiero vivir de escribir

    Hubo un tiempo en el que me dedicaba a escribir sólo por placer, sin más pretensiones que pasar el rato vaciando mi cabeza de ideas varias. Eso de «hubo un tiempo» significa «desde muy pequeña hasta el año 2007». Soy de la generación EGB, así que usaba papel y boli, pero también máquina de escribir, aunque no lo recuerdo bien. Lo que no olvido es que mi último ex me regaló una eléctrica porque, por aquel entonces ―aún en el siglo XX―, yo no sólo escribía relatos, sino que daba clases particulares y preparaba todos los ejercicios a mano. Se lo recordaré la próxima vez que hable con él porque,…

  • Entre el relato y la novela

    Y, de repente, un día decidí que el relato me quedaba pequeño, que necesitaba espacio para más descripciones y personajes. Quería escribir una novela y a ella me lancé, sin paracaídas, sin manguitos, con inocencia. Pero como esto ya te lo he contado en Del relato a la novela (no, no es el mismo título que el de hoy, fíjate bien), ahora te quiero hablar de las opciones que hay entre el relato y la novela. Opciones que yo no conocía y que me habría gustado explorar desde el principio. Posiblemente, habría sido más productiva si alguien me hubiese hablado de la novelette y la novela corta ―o nouvelle, o…

  • Anti-Consejos vendo

    Este artículo viene con manual de instrucciones, pero no hace falta que consultes a tu farmacéutico ni a tu cuñado. Ya te las explico yo. Lo primero que debes hacer es leer El Anti-Relato. Tal vez pienses “ya lo leeré después”, pero es que después ya no será lo mismo. Deberías leerlo ahora, antes de seguir con el artículo, porque así forjarás tu propia opinión y podrás dejar un comentario megahonesto. Si lo lees después de leer este artículo, estarás influenciado, contaminado, y ya no lo leerás con los mismos ojos porque te estarás fijando en las cosillas que comento, en lugar de leerlo de manera natural. Venga, segunda oportunidad.…

  • Sin miedo a la vida

    El día amaneció despejado y con una temperatura perfecta. Arranqué mi moto y salí del garaje dispuesta a disfrutar del camino con una gran sonrisa. Me gusta mucho mi trabajo, así que el buen humor siempre me acompaña a pesar de los problemas que pueda darme la vida. Cuando llegué al geriátrico, pude ver a Marga por la ventana del comedor saludándome con la mano. Cada día me recibía igual, con un saludo y una sonrisa. Era una mujer estupenda de la que aprendí mucho durante su estancia allí. Siempre me ha gustado escuchar y a Marga le gustaba hablar, así que ella satisfacía su necesidad de contar y yo…

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