Por qué sí/no escribimos a mano

Ya sabemos que la escritura a mano tiene unos cuantos efectos positivos a nivel cognitivo. Uso la palabra cognitivo porque suena a importante, y suena así porque realmente es importante.

Escribir a mano es beneficioso para nuestro cerebro, sí, pero ¿es práctico para los escritores? ¿Merece la pena escribir a mano el borrador de una novela? ¿Y el de un relato corto? ¿Por qué hay tantos escritores que nunca escriben a mano?

Siempre merece la pena escribir a mano (con algunas excepciones). Sin embargo, este no es un artículo acerca de las ventajas de escribir a mano. Las mencionaré, claro, será inevitable, pero no es el propósito principal.

Lo que pretendo con este artículo es reflexionar por qué hoy en día los escritores se lanzan al teclado y no al papel, por qué esa imagen típica de una escritora escribiendo con su boli favorito en una libreta que ha elegido con cuidado no es ya tan habitual como pensamos, aunque quedamos muchas escritoras que preferimos el papel.

Fabricantes de cuadernos y de bolis, podéis estar tranquilos. 😉 Todavía hay muchísima gente que escribe a mano.

Los escritores respondieron

Por primera vez en mi vida, lancé una pregunta a la inmensidad de una red social. Sólo una: Substack. Las respuestas no se hicieron esperar. Gracias a todas las personas que me dedicasteis vuestro tiempo.

Pregunté, principalmente a escritores, por qué sí o por qué no escriben a mano. No hay respuestas incorrectas, faltaría más.

Escribir a mano es un acto físico y sensorial

 A todos nos pasa que nos gusta escribir con ciertos bolis y no con otros. Nos fijamos en el color de la tinta, en cómo se desliza por el papel, en el grosor y forma del bolígrafo para sentirnos cómodos sujetándolo, si tiene un trazo fino. Tal vez preferimos pluma, lapicero o rotulador fino. Sensaciones, no manías, aunque de todo hay.

También tenemos preferencia por el papel. Puede que nos guste más una hoja rayada y no una en blanco o cuadriculada. Yo tuve un cuaderno con hojas muy finas y me esforcé en acabarlo pronto porque no me gustaba mucho.

Por poner un ejemplo famoso, Roald Dahl escribía siempre a lápiz y con papel amarillo de rayas. ¿Manía? Puede que fuese también algo sensorial.

La manera de agarrar el bolígrafo y la presión que ejercemos al escribir es la parte física, la psicomotricidad fina que desarrollamos desde pequeños, y no es fácil para todo el mundo. También la posición del cuerpo es importante.

Las excepciones

Permíteme que empiece al revés, por las excepciones en lugar de por la norma. Quiero dejar claro desde el principio que sé que, para algunas personas, los obstáculos que representa la escritura a mano son más grandes que sus beneficios. Ya generalizaré después, pero con la idea obvia de que hay excepciones.

Ambos aspectos ―sensorial y físico― se agravan cuando hablamos de personas con ciertas necesidades especiales. No en todos los casos, pero sí en muchos.

También influyen lesiones permanentes (fracturas, parálisis cerebral, ictus) que convierten la escritura a mano en dolor.

Lamentablemente, algunos profesores han provocado el efecto contrario al que se supone que deberían conseguir. Hay mucha gente adulta que no quiere escribir a mano porque aquellos profesores convirtieron la escritura en un castigo, en una tarea desagradable.

¿Por qué NO escribimos a mano?

Velocidad

No podemos negar que escribir en un teclado es más rápido que escribir a mano.

Sí, hay matices. Para mí, por ejemplo, que aprendí mecanografía en mi juventud (hace mucho mucho tiempo ya, sniff), escribir en teclado significa escribir muy deprisa, incluso mientras miro la televisión o a las ardillas pasando por mi jardín. Sin embargo, aquí está el matiz, no soy tan rápida con un teclado de móvil, por eso no lo uso para anotar ideas.

Cuando las ideas nos abordan con velocidad de crucero, sentimos que nos amenazan con abandonarnos si no les seguimos el ritmo. Por eso muchos escritores prefieren el teclado, porque prefieren teclear para atraparlas. Sienten que su cabeza va a mil por hora y no quieren pausar el ritmo por miedo a olvidar las ideas, o la única idea que se muestra tan nítida que casi se escribe sola.

Y ya que las ideas están en digital, las revisiones y ediciones siguen por el mismo camino.

Evitar reescrituras

Para algunas personas, escribir primero a mano y pasarlo después a digital significa duplicar el trabajo.

Eligen teclear desde el primer momento para no tener que escribir otra vez lo que ya está en papel. Al teclearlo, pueden editar sin tener que reescribir, sin tener que duplicar lo escrito.

Caligrafía y limpieza

Escribir a mano las primeras ideas y/o el borrador cero es sinónimo de tachones y no a todo el mundo le gusta ver su texto en ese estado caótico.

También influye la caligrafía. Hay quien reconoce que su letra no es buena, que le cuesta entenderla. Prefieren leer sus textos en pantalla porque la letra es nítida, porque son textos limpios, sin tachaduras que emborronan y ensucian y distraen.

No hay reescritura entre líneas, notas al margen, flechas. La pantalla muestra únicamente lo necesario y con una letra legible.

Programas para escritores

Scrivener, Google Docs/Drive y otros programas y apps son habituales en el mundo de la escritura.

Yo no los uso, pero reconozco las ventajas que ofrecen. Tecleas y tienes capítulos, fichas de personajes, planificación… Todo organizado y a golpe de click. Y lo puedes consultar en cualquier lugar. Práctico.

¿Para qué escribir en papel si puedes escribir en esos programas y tenerlo siempre a mano? Cada cual tiene sus motivos.

¿Por qué SÍ escribimos a mano?

Velocidad… pausada

Atrapar las ideas obligándolas a bajar la velocidad.

Quienes escribimos a mano jugamos de dos maneras al principio: grabamos/tecleamos la idea si no tenemos otra opción, o tomamos notas manuscritas, notas muy breves que capturen la idea en bruto, lo esencial, palabras sueltas.

Si tenemos tiempo y espacio, podemos incluso extendernos más. Si no, pues dejamos la extensión para más tarde.

En el momento en que empezamos a anotar las ideas en papel, se quedan enganchadas en la tinta y nos permitimos el lujo de obligarlas a ralentizar el ritmo. Sabemos que no se van a escapar porque ya están en el papel, ya sea en versión mini o alargada. Estar en papel significa que ya les estamos prestando toda nuestra atención, por eso nos resulta más fácil retenerlas.

La idea se queda durante más tiempo mientras escribimos a mano. Nos está acompañando sin prisa, qué remedio le queda, y puede crecer con palabras más exactas. Al viajar más lentamente, nuestra memoria la puede interiorizar.

Eso dice la ciencia, que recordamos mejor lo que escribimos a mano porque le dedicamos tiempo. Al final de este artículo, te dejo un enlace al de National Geographic.

A eso le podemos añadir que, al ralentizar la velocidad de escritura, visualizamos la escena durante más tiempo. Vemos más detalles, más palabras, surge otra idea para la descripción o para la acción o para el personaje.

Reescritura… a mano y a máquina

Para quienes escribimos a mano, pasar el texto escrito en papel al ordenador no es duplicar el trabajo. Es meterlo en chapa y pintura, trasplantarlo quitando las malas hierbas y las hojas que afean.

Reescribir es releer, editar, tomar decisiones, sacar a la luz lo que puede que permanezca. En mi caso, de hecho, la primera reescritura es también a mano.

Una vez que el texto está en pantalla, ya no hay una reescritura propiamente dicha, sino revisiones y ediciones. No es exactamente lo mismo.

 Caligrafía y… caos

Varias respuestas dijeron que escribir a mano es dar forma a las letras, y esa forma se da con un estilo único, con una caligrafía personalizada. Eso da la grata sensación de ver el texto como algo propio, como una creación artística.

La caligrafía es un arte. Y no me refiero únicamente a saber dibujar esas letras tan bonitas (algo que tengo pendiente de aprender), sino a nuestra propia caligrafía. No le damos valor a saber escribir porque (casi) todo el mundo sabe, pero tiene un enorme valor.

Tengamos o no una letra legible, escribir a mano puede dar lugar al caos, y eso nos gusta.

Disfrutamos los tachones, las notas al margen en los cuatro lados de la hoja, los diferentes colores de tinta, las flechas, las anotaciones entre líneas con letra más pequeña, lo que subrayamos.

Los disfrutamos porque sabemos que llegará el momento de organizar y limpiar, pero hasta ese momento, nos movemos con la libertad de escribir aprovechando cualquier hueco del papel y en cualquier dirección.

Concentración

Como dije antes, cuando tecleo no necesito mirar al teclado ni a la pantalla. Puedo teclear y mirar por la ventana a la vez. Sé que no todo el mundo puede, pero sí quienes dominamos el teclado.

Según las respuestas en Substack, eso no sucede cuando escribimos a mano. Es cierto que, en ocasiones puntuales, tomamos notas rápidas que nos permiten escribir una palabra sin mirarla, pero no es lo habitual cuando escribimos las frases de un relato o novelette.

Escribir a mano significa mirar los trazos que vamos creando. La concentración aumenta no sólo porque en el papel no hay otras distracciones (como notificaciones que aparecen de pronto), sino porque nos fijamos más y necesitamos retener por más tiempo la información que estamos escribiendo.

Tanto la concentración como el ritmo más lento ayudan a organizar ideas mientras las escribimos. Visualizar las escenas ayuda a visualizar el conjunto, a tener una idea más clara de cómo montar las piezas del puzle. No sólo dónde sino también, y puede que más importante, cómo.

La parte física de la escritura a mano

No se trata únicamente de la mano, sino de todo el cuerpo.

Cuando escribimos en papel, toda la postura corporal es importante. El cuello, la espalda, los hombros… Es decir, no es sólo la muñeca, no es sólo cómo agarramos el bolígrafo o cómo relajamos los codos en la mesa. Escribir a mano involucra a todo el cuerpo, lo que ayuda a involucrar también a la mente. Nos ayuda a sentirnos más presentes, a ser más conscientes de lo que estamos haciendo y del por qué.

La postura corporal es muy importante también cuando tecleamos, no hay duda, pero no afecta de la misma manera al nivel de concentración.

Otras respuestas

Hay factores que los estudios no suelen mencionar, pero que son muy importantes para quienes nos dedicamos al arte de inventar historias. Por suerte, en las respuestas que me han dado están esos detalles.

Libertad creadora

Saber que lo escrito a mano no va a tener, posiblemente, un aspecto muy limpio da la libertad de crear «a lo loco», de experimentar más, de no pararse a encontrar la palabra perfecta, aunque la mente tiene tiempo de buscarla antes de terminar la frase.

No importa si escribimos algo que no nos convence, no importa si lo tachamos, no importa si no es perfecto y nítido. Ni siquiera nos molesta si, al releer lo escrito, descubrimos que nos hemos saltado palabras o hemos cambiado los tiempos verbales. Ya lo corregiremos.

Lo que importa de verdad cuando escribimos a mano las ideas es soltar lo que necesitamos soltar sin preocuparnos de que quede presentable.

Además, la escritura a mano da a nuestra mente unos procesos de pensamiento diferentes, la lleva por más caminos. Por eso, algunas personas hacen esquemas a mano. Les ayuda a centrarse en el propósito del esquema sin distracciones de tipo técnico-tecnológico.

La caligrafía como muestra de las emociones

No escribimos igual cuando estamos enfadados o tristes o relajados. La presión que aplicamos sobre el papel, el tamaño de la letra y el cuidado que ponemos son diferentes.

Si escribimos un diario, la escritura a mano nos ayuda no sólo a sacar emociones en forma de frases, sino en trazos de letras que se crean dependiendo de cómo nos sintamos.

Si estamos enfadados, creemos que necesitamos escribir en teclado para sacar cuanto antes toda la ira. Sin embargo, es mucho más beneficioso sacarla a mano porque nos ayuda no sólo a descargarla sino a calmarnos durante el proceso de escritura. La calma lleva a un razonamiento más lógico, más pausado.

La caligrafía como compromiso

Dejar una idea por escrito la hace más tangible. Dejarla en el móvil, ya sea con teclado o con audio, da la sensación de algo que está ahí, pero que no es del todo firme.

Normalmente, quienes escribimos a mano tenemos cuadernos con ideas que consultamos de vez en cuando y que recordamos mejor, incluso sin consultarlas. Nos resulta más fácil retomar algo que hemos manuscrito que algo que hemos dicho o tecleado. Lo que dejamos rápidamente en formato digital no se nos queda en la memoria de la misma manera y, por lo tanto, olvidamos volver a ello.

La paciencia de la escritura a mano

Escribir a mano requiere paciencia porque es un proceso lento. Esa paciencia no es válida para todo el mundo, especialmente en el primer proceso de soltar las ideas.

Cada persona tiene que conocerse y aceptar sus propios ritmos. Si soltar las ideas necesita un teclado, pues se usa un teclado. Después, con tiempo, existe la posibilidad de probar la escritura a mano para desarrollarlas. Y digo «probar» porque siempre es buena idea intentar diferentes estrategias.

Cuando la letra ilegible es consecuencia de haber relacionado la escritura con un arma de tortura en nuestra infancia por culpa de malos profesores, no apetece mucho pensar en escribir ni siquiera relatos cortos a mano. No se trata sólo de no entender lo que hemos escrito, sino de esa mala sensación de estar haciendo algo que nos causa rechazo.

¿Podría la propia escritura a mano, la paciencia de usar papel y boli, eliminar ese rechazo? No lo sé, pero puede que valga la pena intentarlo. Eso sí, a nuestro ritmo, empezando con una frase al día, pero una frase a la que dedicaremos tiempo para escribirla bien, legible, sabiendo que nadie nos obliga, siendo conscientes de los beneficios que eso nos va a aportar.

Lo digital como proceso práctico

Escribir a mano el principio de una novela está bien. El principio. Nada más.

Las ideas, los esquemas, la documentación, el borrador cero y el primer borrador (no necesariamente enteros).

A partir de ahí, o antes, se pasa al teclado. La reescritura como proceso práctico para organizar lo manuscrito, para releer y decidir si tiene sentido o no. En mi caso, no leo igual lo que tengo en papel que lo que tengo en pantalla. No le dedico la misma atención porque me canso más leyendo en pantalla.

Y después de la reescritura, llegan las correcciones y las ediciones. Todas en formato digital, claro, porque es obvio que también tiene sus ventajas. Admito que imprimo en papel (no en pdf) una de las versiones finales. La corrijo mejor a mano, aunque ya esté en formato digital, aunque ya no sea mi caligrafía, aunque parezca más aséptico.

No somos escritores vintage nostálgicos de la escritura manual. Somos escritores híbridos, a mano y a máquina. Son dos métodos compatibles y cada uno es útil en una parte diferente del proceso de la larga creación de una novela.

No todo va a mano

Los textos que requieren creatividad y/o emociones van a mano. Relatos y diarios personales, por ejemplo.

Aunque yo suelo escribir las primeras ideas de los artículos a mano, no me importa escribirlos al completo en portátil. Escribir primero a mano me ayuda a organizar qué puntos quiero tratar, en qué orden, pero si voy con prisa, lo hago en digital. Y me pasa lo mismo con el boletín del blog. Siempre prefiero empezar a mano, aunque no pasa nada si van directamente al teclado.

Sin embargo, los relatos y las novelas tienen que ir primero a mano. No importa cuántas versiones necesite un relato porque sé que las primeras serán manuscritas.

Escribir a mano para conectar con la historia y con las emociones.

Una sugerencia

Para quienes encontráis la escritura a mano como algo lento y tedioso, os propongo escribir una carta a mano. No tiene que ser algo largo. Para empezar, imaginad que escribís el borrador de una postal, pero sabiendo que puede acabar siendo una carta en tamaño A5 por una cara.

Podéis escribirla primero en teclado para recoger todas las ideas. Después, escribidla a mano, cuando tengáis tiempo, no con prisas. Elegid el papel, el boli. Escribid con calma. No hay límites ni número de palabras. Ese dato no está en el papel, no distrae, no estorba, no importa.

¿Hay cambios con la versión digital? ¿Se os han ocurrido más frases, otras palabras? ¿Habéis escrito a mano una versión más larga? ¿O habéis odiado escribirla a mano? Ya me contaréis.

Aquí dejo el enlace al artículo de National Geographic: Entendiendo la importancia de no dejar de escribir a mano en plena era digital.


Isabel Veiga López

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Dos libros (Volver a entender, A Friend of Dorothy Again), dos marcapáginas, en la arena, al lado de una estrella de mar.

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