Libros, audiolibros y películas

Libros, audiolibros, películas

LEER, ESCUCHAR, VER

Libro, audiolibro, película. Tres formatos que usan tres verbos diferentes: Leer, escuchar, ver.

El libro nace de sí mismo. El audiolibro necesita al libro. La película puede ser autosuficiente, aunque suele alimentarse de los libros.

El teatro y la palabra escrita llevan siglos en este mundo, compartiendo terreno, compartiendo espectadores y lectores. Tal vez, por eso nos acostumbramos a convivir entre libros y películas.

Hoy en día, hay un tercero en discordia: el audiolibro. Y surge la polémica, como surgió cuando nació el libro electrónico (¿leer en papel o en digital?). Ahora es «¿leer o escuchar? ¿Es lo mismo?». Quien dice «polémica», dice «opiniones divergentes».

¿Película o libro?

Hemos nacido ya con cine y literatura de la mano. Conocemos la diferencia entre una historia escrita y la misma historia en pantalla. En pantalla de cine o tv, aunque hoy en día ya hay más pantallas.

Que los dos formatos hayan estado ahí desde el principio de nuestro tiempo ―el de cada cual― es un buen motivo para que no nos dé por discutir si es mejor ver la peli o leer el libro. Ver una película no es leer un libro.

Sabemos que una película no es fiel al 100% al libro. Con algunas, me pregunto por qué, pero acepto resignada que sea así. Con otras, lo comprendo perfectamente.

El cine, lo visual, lo audiovisual, tiene sus protocolos, sus técnicas, su tempo. Es diferente a la palabra escrita y lo sabemos, por eso somos lectores y espectadores a partes iguales y comentamos si nos ha gustado más la peli o el libro; no necesitamos elegir. Los lectores leemos el libro y vemos la peli, no siempre en ese orden.

Escuchar no es leer

Es el argumento principal para marcar la diferencia entre el libro y el audiolibro. Me atrevo a decir que, en realidad, es el único argumento.

Si ver la peli no es lo mismo que leer el libro, escuchar una historia no es lo mismo que leer esa historia.

La iniciación a la lectura

Leemos historias a los niños pequeños para aficionarles a la lectura. Nos escuchan leer, pero ellos no leen.

Eso no significa que leer pierda valor, que no aporte nada, que no deje poso. ¡Al contrario! Es muy importante que los niños tengan su momento de escucharnos leer cuentos.

Si, a la vez que leemos, les mostramos las ilustraciones, les hacemos partícipes de la historia, les pedimos que imaginen lo que va a suceder en la siguiente página, no será un momento de lectura para ellos, pero sí un momento de comprensión e imaginación, ambas necesarias para adentrarse en la lectura. Casi nada.

Incluso los cuentacuentos, ya sean en directo (espectáculos en bibliotecas, por ejemplo) o en audio (en el coche, en casa), son beneficiosos. Serán sus primeros audiolibros, su iniciación a la literatura.

No creas que es algo nuevo. En los setenta, y puede que antes, ya había cuentos en vinilo. Discos tamaño single con cuentos hablados y cantados. Recuerdo Caperucita Ye―Yé, por poner un ejemplo con buen ritmo.

No es una adaptación de la novela

Si las películas adaptan los libros al medio audiovisual, los audiolibros no necesitan adaptar nada. Es decir, lo que oyes es lo que está escrito, sin omisiones, sin cambios, sin añadiduras.

Yo creo que, por eso, mucha gente dice que no hay diferencia entre leer el libro y escuchar el audiolibro. Comprendo ese punto de vista, aunque no lo comparto del todo.

Sí, vale, la historia es exactamente la misma, podremos ir a un club de lectura y comentar nuestras impresiones, citar frases, hablar de nuestro personaje favorito, pero no hemos leído el libro; nos lo han leído, como cuando éramos peques, como cuando escuchábamos a los cuentacuentos.

Cada formato es para lo que es y tiene las ventajas que tiene

No he venido yo aquí a escribir en contra de los audiolibros. Sería absurdo criticar un formato que fomenta la literatura, sea hablada o escrita. Además, no puedo obviar sus ventajas, igual que no obvié las del libro digital. Y menos mal porque, hoy en día, leo más en pantalla que en papel.

Las ventajas del audiolibro para personas con visibilidad reducida y personas ciegas son evidentes, así que voy a obviarlas.

En cualquier lugar

Una de las ventajas que exponen las personas que escuchan audiolibros es que pueden escucharlos mientras hacen otras cosas: pasear, fregar, conducir, viajar en transporte público.

Es decir, no necesitas acomodarte en tu rincón de lectura para meterte en una historia. Puedes hacerlo en la parada del bus, en una sala de espera, en la calle caminando hacia el trabajo, en la puerta del colegio si tienes niños ―o profes―a los que recoger allí.

En (casi) cualquier momento

La excusa «no tengo tiempo» no tiene cabida con los audiolibros. Aprovechas esos momentos en los que no puedes pararte a leer, pero puedes escuchar sin tener que pararte.

No siempre tenemos tiempo para sentarnos relajadamente y desconectar del mundo desde las páginas físicas de un libro. La lectura, el verbo leer, nos obliga a eso, a encontrar momentos y, a veces, incluso espacios en los que la vida se pueda detener por unos instantes.

El audiolibro, el verbo escuchar, nos da la oportunidad de seguir con nuestra vida diaria acompañados de personajes y, tal vez, mundos diferentes. No nos obliga a dejar todo para prestarle atención.

La ventaja que es una desventaja

Esos dos aspectos que acabo de comentar como ventajas pueden ser, precisamente, las desventajas que otras personas encuentran en los audiolibros.

La verdad es que catalogarlas como «desventajas» no es muy acertado, en mi opinión. Yo diría que son dos obstáculos para quienes la capacidad de atención tiene un nivel no tan alto como el audiolibro requiere.

Concentrarse para leer

Seguro que a ti también te ha pasado leer varias veces un mismo párrafo porque no te estabas enterando de lo que ponía. Tus ojos están ahí, pero tu mente no. Es decir, lees sin procesar lo que estás leyendo porque tu mente está distraída con otros asuntos.

Para mí, leer significa poner mirada y mente en el mismo lugar, aislar el mundo exterior y eso me ayuda a concentrarme. Tengo que descifrar los códigos ―palabras― que veo, tengo que prestar atención a lo que leo, y procesarlo. Me resulta más fácil así.

Concentrarse para escuchar

No me ocurre lo mismo cuando escucho porque tengo estímulos visuales alrededor que roban mi concentración.

No voy a hablar de mi muy breve ―hasta ahora― experiencia con los audiolibros porque apenas he escuchado unos capítulos de El gran Gatsby en versión original (era el que estaba gratis en Apple Books, ejem) mientras conducía. Lo he dejado, pero ha sido por la historia ―que no me interesa― y no por ser audiolibro.

Puedo hablar de mi experiencia como usuaria habitual de podcasts. No me concentro de la misma manera cuando los escucho que cuando leo un blog o veo un vídeo. Tampoco me concentro igual cuando me leen un correo o una noticia, por eso siempre acabo diciendo «déjame leerlo», porque me entero mejor.

Puede que tenga relación con ser más visual para aprender, para retener información, por eso considero que un audiolibro no tiene nada que ver con un libro ―excepto la historia que contiene―, que escuchar no tiene nada que ver con leer. Son dos acciones diferentes; igualmente válidas pero diferentes.

Si cambio de opinión cuando escuche podcasts, te aviso.

¿Has escuchado audiolibros? ¿Prefieres leer o escuchar? Cuéntame tu experiencia. Te leo.


Isabel Veiga López

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5 Comentarios

  • David Cascant

    No puedo con los audiolibros, lo he intentado con varias pruebas de diferentes plataformas pero no hay manera.
    Desde hace unos años me duermo escuchando podcasts, de variadas temáticas, episodios que también puedo escuchar mientras realizo cualquier otra actividad, algo que no me funciona con los audiolibros.
    ¿Por qué? Quizá porque no son dinámicos, porque requieren que prestes una atención plena, porque me cuesta meterme en una historia con la voz de un narrador distinto al de mi propia voz.
    ¿Nunca te ha pasado que un doblaje te «saque» de la película, que te arruine la inmersión? En cierto modo me pasa con los audiolibros, no tanto con el tono o la calidad de la locución, que puede ser muy profesional, impecable, pero que tiene otro tempo, muy diferente al que utilizas para procesar una lectura, algo que es individual.
    Total, que con un audiolibro tengo que escuchar y «traducir» o interpretar en tiempo real, lo que se está leyendo, ponerle imágenes, sin pausar para tomarme el tiempo necesario, y sin contar con otros elementos distrayentes que pueda tener la narración -por ejemplo música de fondo-.
    Así que no, no es lo mío, lo he intentado con ficción, con no ficción, a punto de dormir, paseando, como método de aprendizaje, pero en ningún caso me ha funcionado,

    • Isabel Veiga López

      Lo que no se puede negar es que lo has intentado.

      Mi problema principal es que desconecto enseguida y puede ser también por lo que dices, que la lectura va más rápida y no da tiempo a retener toda la información para recrearla y disfrutarla (hablando de novelas, claro). Me ha pasado con las descripciones, por ejemplo, que no las construía en mi mente como lo hago cuando leo. Pero que no se diga que no lo intentamos.

      Muchas gracias por comentar. Saludos.

  • David Cascant

    Es que necesitamos nuestro tiempo, que además es tan variable como nuestro estado anímico.
    El otro día me pasó algo similar, no con un audiolibro sino con una serie de Netflix que es una introducción a la meditación (Guía Headspace para la meditación); estaba viendo el primer episodio, por curiosidad, tratando de adentrarme en los dominios de la paz interior, pero en el momento en que la narradora comenzó a contar los segundos en los que había que respirar, retener y expulsar el aire, logró estresarme: no había manera de sincronizarme con su cuenta.
    Como en la impactante escena de la película «Whiplash»: «Not quite my tempo»

    Un placer leerte. Saludos.

  • Alain

    Jo, no será porque no lo he intentado, pero no puedo ni con los audiolibros ni con los podcast; me pongo a hacer otras cosas y no me concentro, no sé… Creo que soy más visual que auditivo, qué se le va a hacer. 😅

    • Isabel Veiga López

      Entonces te pasa lo mismo que a mí, que soy más visual.
      Yo sí consumo podcasts, pero a mi manera. Es decir, o me pongo a colorear mandalas o a jugar al solitario del portátil para poder prestar atención a lo que están diciendo. Si estuviese haciendo otras cosas, creo que también me desconcentraría. Es algo que quiero probar (lo de escucharlos mientras conduzco, por ejemplo), pero con podcasts que ya he escuchado, a ver qué pasa.
      Gracias por comentar. Saludos.

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