Finge ignorancia para demostrar que eres humano

Mi yerno, que todavía vive en Inglaterra, está haciendo un curso presencial acerca de ciberseguridad.
Te digo que es en Inglaterra y que el contexto no tiene nada que ver con la escritura porque quiero empezar este artículo subrayando que el tema del que voy a hablar es internacionalmente absurdo y, lo peor, aceptado por los humanos a escala mundial.
Escritura, educación, fotografía… Muchos sectores afectados. Muchas personas obligadas a fingir ser tontas.
La IA… La A, el tema de moda
Llamarla «inteligencia» me da escalofríos, así que la voy a llamar simplemente A. Artificial.
Muy poco he hablado yo de A en redes. ¿Para qué? Ella avanza como Atila con la ayuda de gente lista con buenas intenciones y de mucha gente muy tonta y maliciosa. Es decir, para lo bueno y para lo muy malo. Casi como una boda.
Hay opiniones para todos los gustos, argumentos para ensalzar y para denostar algo que se ha etiquetado como «inteligencia». Y todos los argumentos tienen razón. Ahí está el asunto, que por cada argumento a favor hay otro argumento en contra y los dos son válidos.
Hoy vengo a argumentar yo porque este tema no sólo se nos está yendo de las manos, sino que lo estamos aceptando e intentando contagiar a los demás.
Hoy vengo a decir que me niego a contagiarme.
Demuestra que eres humano
Sí, vale, llevamos años demostrando que somos humanos porque sabemos reconocer y seleccionar sin ayuda imágenes de semáforos, de pasos de peatones, hasta de vehículos. Así de listos somos y no nos ha importado jugar a su juego.
Para nosotros, tenía lógica porque esa inteligencia humana era la que nos separaba de los malvados robots informáticos, de lo artificial. Demostramos que somos listos para diferenciarnos de lo que no es humano, por muy inteligente que sea.
Fue gracioso hasta que dejó de serlo
Durante años, décadas, el asunto no había llegado a más. Yo soy inteligente, por lo tanto, soy humana. Y para que quede clara nuestra humanidad, hacemos chistes ja ja ja acerca de esos cuadraditos con fotos porque reírse de lo absurdo es muy humano y muy sano.
El problema es que ahora ya está pasando el límite de lo aceptable. Ya no es gracioso. Es preocupante.
Una cosa es jugar a acertar imágenes y otra muy distinta es tener que fallar adrede para demostrar que somos inteligentes, pero no artificiales.
Es decir, hoy en día tenemos que fingir que somos ignorantes para que el resto de humanos nos considere de los suyos. Ya no tenemos que demostrárselo únicamente a las máquinas; también a nuestros congéneres. Sobre todo a nuestros congéneres.
Absurdo.
La vida de estudiante antes de la IA A…
Cuando yo hice mis cursos en Inglaterra, nos decían que no hiciésemos copia-pega de lo que encontrásemos en Google. Eso ya se decía desde la antigua época del Rincón del Vago. No sé si en UK tuvieron un Corner of the lazy o The lazy’s corner. En aquellos tiempos, también se pasaban los textos por el navegador para saber si eran plagio o no.
Buscábamos la información en Google, la reescribíamos cambiado palabras y algunas frases, consultábamos sinónimos y dudas de vocabulario, sobre todo en inglés.
Lo importante aquí es que nos esforzábamos para que nuestros textos estuviesen lo más perfectos posible en todos los aspectos: gramática, acentos, la b y la v, estilo, contenido y continente.
… y después de la A
Te decía que mi yerno está haciendo un curso. Cuando empezaron, les dijeron que nada de usar A, que lo pasarían por el filtro implacable para detectar si habían escrito ellos los textos o si eran «prefabricados».
Al cabo de un par de semanas, les permitieron usarla como herramienta para que les orientase: qué palabras clave debes incluir, cómo organizar los párrafos. Cosillas así.
Y llegó la temida frase absurda: «Dejad fallos para que sepamos que lo habéis escrito vosotros».
Que no importaba si algunas palabras estaban mal escritas o si la puntuación no era perfecta.
Mi yerno se ha negado. Bien por él.
La tontería de que debemos escribir con errores para diferenciarnos de la A es algo que hace ruido en el mundo de la escritura desde hace bastante tiempo, por eso no me sorprendió.
Empezó como un murmullo alto, un ruido bajo, pero ruido, al fin y al cabo. Algo que evité hasta ahora con la estúpida esperanza de que se quedase en un murmullo pasajero. Ilusa de mí.
¿Herramienta a favor o arma en contra la IH (inteligencia humana)?
Que la A es una herramienta útil en muchos campos no se puede negar. Sería muy estúpido ―y, por lo tanto, muy humano―, decir que no nos podemos beneficiar de su uso.
Otra cosa es que algunas personas no queramos hacerlo en temas mundanos del día a día.
Por otro lado, que la A es un arma de doble filo, que tiene un lado oscuro tampoco se puede negar. Aunque, pensándolo bien ―que para eso soy humana―, ¿es la A la que tiene el lado oscuro o somos nosotros?
De momento, la A, por sí sola, no fabrica vídeos con noticias falsas, no escribe ni envía mensajes para estafar. Todas esas maldades no las ha inventado la A y no las hace si no se le piden.
El problema no es la A. ¡Somos nosotros! Porque todo lo que tenemos de inteligentes lo tenemos también de estúpidos. Asumámoslo.
Podríamos decir que es una herramienta a favor de la IH a la que también damos un uso equivocado.
¡No me da la gana!
Usar la A para ciertas tareas es una decisión individual, igual que lo es usar el lavavajillas en lugar de fregar a mano, usar siempre el teclado sin escribir antes a mano o confiar en el móvil en lugar de memorizar algunos números de teléfono.
Decisiones. Herramientas.
Nadie ha dicho nunca «deja manchas para que se sepa que friegas a mano», «marca el número incorrecto para que se sepa que lo estás marcando de memoria».
Suena absurdo, ¿verdad? Suena absurdo porque lo es.
Sin embargo, nos dicen «escribe con errores, no corrijas tus textos para que no te acusen de escribirlos con A».
¿¡Perdona!?
¿Me estás diciendo que tengo que fingir que no sé poner mayúsculas o acentos, que tengo que poner una h donde no corresponde únicamente para que personas que no conozco no me digan que me han hecho los deberes?
¡Me niego!
¡Me niego rotundamente!
No me he pasado años aprendiendo normas gramaticales y de puntuación para no usarlas, para que alguien diga «ay, pobre, no sabe escribir bien; es humana, no hay duda».
No voy a fingir que cometo errores para que una máquina parezca más lista. Ella sabe lo que sabe (lo que le han enseñado los humanos, por cierto) y yo sé lo que sé. Si acaso, que cometa los errores ella. Yo no. No adrede.
La A y su coleguita ChatGePeTo
Mi yerno, que se esfuerza en hacer su propio trabajo porque lo que quiere es aprender él, se pasó cuatro horas escribiendo uno de los textos. Después, por curiosidad, se lo mostró a GePeTo, convencido de que le diría «vale, esto lo has hecho tú».
Supongo que ya imaginas lo que le respondió: «Esto lo ha hecho mi amiga la IA en un 67%». Más de la mitad. Un buen trabajo hecho por un humano. Buena redacción, vocabulario técnico, sin errores de spelling. Incluso le dijo que la bibliografía era hecha por IA.
Pero, espera, que si quieres un 100% de que un texto ha sido generado por IA, sólo tienes que presentarle un clásico. Cervantes, Mary Shelley, Shakespeare… Todos usaron IA para que les escribiese sus novelas. Farsantes. Hay que ver cómo nos engañaron hace siglos.
Cuidado, que parece un chiste, pero las editoriales usan esos mismos filtros para detectar si tu manuscrito es humano o artificial. Ahora ya sabes cuál será el resultado… excepto si incluyes muchas faltas.
Es decir, que si algo es bueno, la A se lo adjudica como suyo y sus coleguitas lo confirman.
Tal vez, deberían plantearse una vuelta de tuerca, mirar el asunto desde otro punto de vista. Es decir, cuando la A dice que algo lo ha hecho ella en un, digamos, 70%, lo que deberían pensar las editoriales (y los profes y quien lo necesite) es que ese texto es bueno en un 70% y que, por lo tanto, merece la pena, se reconoce el esfuerzo.
¿Cómo detectar, entonces, un texto generado por A? Pues a lo peor no es tan fácil.
Que un humano escriba algo de calidad no es un dato computable para las artificiales. Si tiene calidad, tiene que ser artificial (sarcasmo).
El miedo a ser señalado como impostor
El problema real no es la A, o no en este tema. El problema real somos los propios humanos.
No queremos que nuestro buen hacer se ponga en duda, así que aceptamos como corderitos la nueva norma. Y no sólo la aceptamos y cumplimos, sino que la extendemos indicando a los demás que se suban al carro de la ignorancia fingida. No se puede permitir que alguien siga exhibiendo sus habilidades cuando los demás han accedido sumisamente a ocultarlas. Ah, no, eso no. Por eso habrá cada vez más «cazadores de textos de calidad». Si la raya de guion es la correcta y está bien usada, si hay un punto y coma en el lugar que le corresponde, se apresurarán a señalarlo públicamente para que todo el mundo dude de ese humano.
Mis errores son errores de verdad
Es posible que encuentres errores en este artículo, sobre todo en comas, que son las que me llevan por el camino de la amargura. Si los encuentras, que sepas que son auténticos (no, la tilde de sólo no cuenta). Sé que no necesito explicarlo porque creo haber dejado claro que me niego a rebajar mi nivel (el poco o mucho que pueda tener) para que alguien ahí fuera no tenga dudas de mis dotes como escritora.
No voy a tirar por la borda tantos años de aprendizaje. ¿Y tú?

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2 Comentarios
Mayte López
Estupendo artículo.
Me niego a escribir con errores, pero que la IA asuma como suyos los textos ajenos es muy, muy preocupante.
Conociendo al ser humano, no augurio buen futuro a este tema. ¡Ojalá me equivoque!
Mayte.
Isabel Veiga López
Hola, Mayte.
Muchas gracias por tu comentario. Me alegra ver que estoy sola en lo que parece que va a ser una batalla de humanos contra humanos por culpa de una máquina.
Sí, es preocupante y yo tampoco quiero ser cómplice de esta barbaridad.