Una novela para María

En julio de este año 2024, publiqué mi segunda novela «En un jardín sin miedo». Ahora, tres meses después, me doy cuenta de que no te contado nada de la trama ni de los personajes ni del escenario… Nada de nada. Muy mal por mi parte.
No creo que te interese una novela de la que no conoces ni la sinopsis, por eso voy a contarte algunas cosillas en este artículo porque «En un jardín sin miedo» es una novela basada en hechos reales. Eso significa que hay escenas de la novela que sucedieron en la vida real, aunque toda la trama es inventada.
A la derecha de la pantalla, si me lees en ordenador, está la portada y el enlace a «En un jardín sin miedo».
Sinopsis
La mitad del deseo de Yolanda se cumple cuando Roberto, su marido, tiene un grave accidente de coche. De camino al hospital, anhela que se cumpla la otra mitad: su muerte.
Durante las siguientes horas críticas tras el ingreso en Urgencias, Yolanda no puede relajarse, no cambia las rutinas que Roberto le impuso a base de golpes y gritos. Le aterroriza pensar que él sobreviva y le haga pagar caro el atrevimiento de tomar iniciativas, de hacer cambios por su cuenta.
Sin embargo, una consecuencia inesperada del accidente hará que Yolanda se plantee sus sentimientos de odio y miedo hacia Roberto. ¿Será capaz de dejar atrás los años de violencia y de mirar hacia un futuro juntos?
María, la chica que inspiró la novela
En las primeras páginas del libro está la dedicatoria:
Para María,
que tuvo la mala suerte de inspirar esta historia
y la buena suerte de salir de ella.
María es la chica que da pie a la novela. Es quien sufrió algunas de las escenas que se narran como ficción, pero que fueron muy reales. Menciono su nombre en este artículo de hace tiempo: Hoy no quiero vivir de escribir.
La conocí hace más de veinte años y nos hicimos muy amigas. De vez en cuando, me contaba cosas de su primer ―y único― matrimonio.
Se casó embarazada a los 15 años. No había sonrisas en la cara de la novia. Durante una mudanza, me enseñó algunas fotos de su álbum de bodas antes de tirarlo. No quiso conservarlo. No era el recuerdo de un día feliz.
María me hablaba de las palizas que le daba el bestia de su exmarido (ya estaba separada cuando la conocí) como quien te habla de lo que hizo esa mañana: «hice las camas, bajé a por pan, me dio un puñetazo, preparé la comida…».
Puede que no me lo contase con esa naturalidad, aunque así es como yo lo percibía en aquel momento.
Tenía tres hijos. El pequeño era de la misma edad que mi hija y se llevaban muy bien.
En una ocasión, escribí un relato para ella. Lo titulé «Otra vida» porque era la vida que a ella le habría gustado vivir y la que a mí me habría gustado regalarle si tuviese el poder de regalar vidas. Le encantó.
El detonante de la historia
Una de las cosas que me contó María fue la que aparece en los primeros párrafos del primer capítulo. La novela empieza con un hecho real, aunque adaptado al personaje principal y a la trama.
Sí, María recibió una llamada de la policía para decirle que su marido había tenido un accidente de tráfico. Después de la llamada, ella se puso delante del espejo para practicar caras de tristeza por si él moría. Así es como lo cuento en la novela:
Al recibir la noticia del accidente de su marido, Yolanda se sentó muy despacio y sonrió, esperanzada. Cualquier mujer se habría asustado y salido con prisa torpe hacia el hospital temiendo lo peor, pero Yolanda no. Yolanda deseaba que sucediese lo peor. Sin maldad premeditada, saboreaba la miel que la vida le acababa de poner en los labios.
[…]
Ya en la puerta, al quitarse las zapatillas para ponerse los zapatos, se vio de refilón en el gran espejo de la entrada. Se enderezó sin apartar la mirada de su reflejo. Observó su expresión, el brillo optimista en los ojos. Dedicó un minuto a ensayar caras de tristeza, imitando las que veía en los familiares de sus pacientes. No tuvo que disimular preocupación porque la sentía de verdad. Le preocupaba que su marido sobreviviera. Se preguntó si seguiría vivo. Tal vez podría ahorrarse el trayecto hasta el hospital y celebrar el accidente antes de tener testigos.
Elegí abrir la novela con esa escena porque siempre me pareció que reflejaba muy bien los sentimientos que una mujer maltratada puede esconder. El hecho de desear la muerte de su marido no es, como digo en el primer párrafo, por maldad sino por miedo y por odio. Un miedo que esconden ante los demás y un odio que esconden ante él.
¿Hay más hechos reales?
Aunque la trama es ficción, está basada en diversos hechos reales, unos más importantes que otros. Siempre digo que quienes escribimos novela contemporánea (realista) nos inventamos historias que ya existen.
En el primer capítulo, sabemos también que, tiempo atrás, el marido había clavado un cuchillo a la protagonista. Se lo clavó cuando la encontró después de que ella decidiese marcharse de casa. Eso también le sucedió a María. La escena real fue más surrealista porque antes de que él pudiese alcanzarla, ella llamó pidiendo ayuda y en las dos llamadas (¡dos!) le dijeron algo como «tienes que llamar a X porque esa no es nuestra zona/no nos ocupamos de eso». No es de extrañar que María acabase en el hospital. Al menos, estaba viva.
María y Yolanda
No puedo decir que el personaje de Yolanda, la protagonista, está basado en María. Yolanda ha robado experiencias de María, pero las dos mujeres son muy diferentes. Sus vidas son muy diferentes.
Mi intención nunca fue contar la vida de María, sino usar retazos de ella como mujer ―y adolescente― maltratada para exponer otra realidad acerca de los malos tratos. Para eso, necesitaba una protagonista muy diferente a la persona real.
¿Qué comparten?
Lo más obvio como punto de partida para hablar de las semejanzas entre María y Yolanda es un matrimonio transformado en un infierno.
También comparten una huida que acabó con ellas ingresadas, aunque María no regresó nunca a su casa. Ella y sus tres hijos iniciaron una nueva vida por su cuenta.
La manera de vestir durante sus matrimonios también se parece. Las dos usaban ropas que las hacía más invisibles, lejos de miradas que pudiesen despertar celos.
Y ya está, es toda la similitud que encontrarás entre las dos.
¿En qué se diferencian?
Las diferencias son más extensas. Por ejemplo, Yolanda ronda los 30 años durante la novela. Cuando sus malos tratos empezaron, los de María ya habían terminado.
Yolanda no tiene hijos. Tuvo un embarazo, pero las patadas de él mataron al niño antes de que naciese.
Cuando se casó en plena adolescencia, María perdió la oportunidad de seguir con sus estudios. Yolanda, sin embargo, es neurocirujana. Ella es la que gana mucho más que su marido. No depende de él económicamente.
María era de esas chicas que llaman la atención: guapa, delgada, ropa que realzaba su figura. Esa ropa se la ponía después de separarse, claro.
Por el contrario, Yolanda es normal. No es fea, pero tampoco hace girar cabezas, por suerte para ella. No quise poner una típica protagonista guapísima y con un cuerpazo espectacular.
La novela que María no conoció
Cuando publiqué «En un jardín sin miedo» el pasado verano, pensé en enviar una copia a María. Nunca le dije que la estaba escribiendo ni que su nombre y trozos de su vida estaban en esas páginas.
Sin embargo, me lo pensé mejor y decidí entregársela en mano, quedar con ella durante mis vacaciones a finales de este mes de octubre en España y ver su cara de sorpresa.
María murió la semana pasada.
La vida tiene estas bromas pesadas. Creemos que la gente está siempre ahí y un día alguien nos dice «¿sabes quién ha muerto?» y no sabes ni cómo reaccionar.
Voy a ver a sus hijos y les daré la novela que iba destinada a su madre. Puede que les parezca una tontería o puede que les haga ilusión. Para mí, es como cerrar un capítulo de mi vida que debería haber cerrado hace tiempo.
D.E.P. María, mi María, nuestra María. Así la llamábamos.


