Ucronía anglo-galega

Estatua de maría pita en la coruña, galicia, españa
Estatua de María PIta en la plaza que también lleva su nombre. A Coruña

En el aeropuerto de Bristol, mientras esperaban para entrar en el avión que les llevaría a casa, Josh y Becky se quitaron las cazadoras. La temperatura había bajado y, aunque el sol ya se dejaba ver, la lluvia y el frío seguían siendo los protagonistas a finales de abril. A Josh no le molestaba demasiado la lluvia, pero no le gustaba el frío. Tampoco se sentía cómodo con demasiado calor, por eso no eligió Gibraltar para vivir, sino A Coruña.

Seguía lloviendo. La lluvia mojaba el exterior de la pequeña ventanilla del avión. Si hubiese mojado el interior, habría sido un gran problema.

Lo primero que Becky y Josh hicieron al llegar a su casa en A Coruña, una típica casa de estilo victoriano, aunque con toques de arquitectura gallega, es decir, más grande por dentro y por fuera, fue encender el hervidor de agua. O, como ellos dirían, «put the kettle on», aunque con acento gallego porque ya se les había pegado.

Después de descansar un rato en el jardín, caminaron hasta el mercado, que estaba unas calles más allá, como todas las tiendas en todos los barrios de la provincia. Era uno de esos mercados de estilo español. El más antiguo de la ciudad era Saint Angus Market, construido en 1932. El del barrio de Becky y Josh era High Mount Market, de los años ochenta. Los ingleses habían incorporado y mantenido los mercados porque eran útiles y daban un aire pintoresco a los pueblos y ciudades. Sin embargo, el interior tenía una mezcla anglo-española, con puestos de carne, pescado, verduras, pan, fruta, pero también de fish’n’chips, un take away y un puesto de meal deals con sándwiches y bocadillos.

Tras haber pasado un par de semanas en Bristol, el matrimonio eligió algo menos inglés para comer a la hora del té, que era una hora en la que no se bebía té: dos meal deals de bocadillos, uno de chorizo y otro de jamón serrano. La gastronomía española había conseguido quedarse en la colonia inglesa que bañaba el Atlántico, aunque platos como el pulpo no habían calado y acabaron desapareciendo.

Mientras comían, Becky leía Learning Spanish is the cane. Era el siguiente nivel de Learning Spanish is the milk, pero menos avanzado que Learning Spanish is the bomb (el título iba a ser Learning Spanish is the dick in verse, pero lo cambiaron para que no se ofendiesen las personas que no tenían dick). Becky empezó a aprender español un año después de haberse mudado a Coruña, aunque, por ser colonia inglesa, el inglés era el idioma oficial en toda la provincia. Lo aprendía porque les gustaba ir a España, que empezaba en las tres provincias gallegas que resistieron la embestida inglesa siglos atrás.

Por la noche, ya en la cama, Josh veía la televisión mientras Becky leía una novela. Era una novela española que compró en una charity en Bristol. Le gustaba el tema que trataba y, ojeando el interior, comprobó que le resultaba fácil leerla. Se titulaba Volver a entender. Estaba disfrutando con la lectura cuando, de pronto, puso el libro abierto boca abajo sobre las piernas.

—Seriously? —dijo con todo de fastidio.

—What? —Josh no apartó la vista de la pantalla.

—Look! It says Coruña, with Ñ. If I had seen it, I wouldn’t have bought it.

—Oh, c’mon, not again. —Josh bajó el volumen de la televisión, se incorporó un poco y miró a Becky—. Listen, you must accept once and for all that Spanish people use the Ñ.

—I’ve been learning Spanish for a few years now. I know they use the Ñ. What I hate is when they use it in Coruña. It is not Coruña; it’s Coruna, for God’s sake!

—Are you enjoying the book?

—Yes, but…

—No buts. Keep enjoying it and get used to seeing and hearing Coruña. —Subió el volumen y se acomodó otra vez.

Becky se arrepintió de haber sacado el tema. Era una discusión que tenían desde que fueron a vivir a Coruña y en la que no estaban de acuerdo. Josh comprendía que los españoles siguiesen usando el nombre original de la ciudad. Incluso muchos nativos de la provincia, que no sabían hablar español, reclamaban que se recuperase el nombre con Ñ y con el artículo en gallego. Por su parte, Becky opinaba que habían pasado ya cuatrocientos años desde que Sir Francis Drake conquistó la ciudad, que ya era hora de que aceptasen que el nombre se había cambiado. De hecho, todos los nombres y palabras que tenían Ñ antes de la conquista la habían perdido y sustituido por una o dos N. Las palabras con X tampoco se libraron de la inglesización y tuvieron que aceptar SH en su lugar, como Arteixo —un village al lado de Coruña—, que pasó a ser Arteisho.

***

A la mañana siguiente, Becky y Josh fueron al ayuntamiento, en Francis Drake Square. En mitad de la plaza, la estatua del corsario, que se alzaba orgullosa por la victoria conseguida en 1589 en la ciudad, estaba rodeada por personas y pancartas. Sucedía todos los años en esas fechas porque en mayo se conmemoraba la conquista de A Coruña. Los manifestantes reclamaban que quitasen esa estatua y pusieran una de María Pita, a quien consideraban una heroína, a pesar de haber sido capturada durante la batalla.

Las voces más jóvenes argumentaban que se ignoraba a María Pita por ser mujer. De hecho, si su nombre había sobrevivido después de cuatrocientos años, era por las crónicas gallegas de la época, no por los informes de la armada inglesa. Esos informes habían obviado, a propósito, a María Pita. No consideraron importante mencionar que una mujer se enfrentó a ellos porque, si lo hubiesen mencionado, tendrían que haber reconocido que fue ella quien mató al alférez que dirigía el asalto y que era el hermano de Francis Drake.

En lo único en lo que Becky estaba de acuerdo con las protestas era, precisamente, en la reivindicación sobre María Pita. En el instituto, en Inglaterra, les hablaron sobre la conquista de A Coruña, pero nunca mencionaron a las mujeres. Cuando Becky conoció la historia, buscó información y se convirtió en una defensora de la Boudica gallega.

Aprendió que, durante los días que duró la conquista de A Coruña, las mujeres llevaban alimentos a los hombres y ayudaban a reconstruir el muro para evitar que pasaran las tropas inglesas. También los niños ayudaron. Cuando el alférez instó a sus hombres a atacar otra vez, el marido de María Pita murió en el asalto y ella se enfadó tanto que mató al alférez y gritó a sus conciudadanos: «Quen teña honra, que me siga» (quien tenga honor…). Todos tenían honor; lo que no tenían era fuerzas para seguir luchando después de varios días de ataques. Siguieron a la heroína, pero no pudieron hacer mucho.

Cuentan las crónicas gallegas —no las inglesas, por supuesto— que María siguió luchando hasta que Francis Drake, al que habían informado de la muerte de su hermano, ordenó hacerla prisionera. Las tropas inglesas se asentaron en A Coruña. Lo demás es historia.

Si María Pita hubiese tenido éxito, es posible que, hoy en día, se comiese pulpo en A Coruña, se siguiese hablando gallego y hubiese una estatua de María Pita en una plaza que llevase su nombre.

Foto: @kevers50, en Freepik

2 Comentarios

  • Diana

    Me ha encantado tu ucronía, pero, es que además, justo esta semana me he leído un comic histórico de María Pita y tengo la historia muy reciente. Así que me ha encantado por sí y por el propio tema, aunque yo no sea gallega. El cómic lo ha guionizado uno de mi pueblo y por el día del libro vino a presentarlo a la casa de Cultura. Editorial Cascaborra.
    Saludos

    • Isabel Veiga López

      Hola, Diana. Qué casualidad lo del cómic. Sé que hay, al menos, uno, pero no sé si es el que comentas. Yo soy de Coruña, así que es un tema muy cercano. Mi enhorabuena y agradecimiento al guionista del cómic por acordarse de María Pita. Saludos.

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