Tiempo para escribir: 4 sugerencias

Si has llegado a este artículo buscando una fórmula mágica para encontrar tiempo para escribir, permíteme que te ahorre unos minutos de lectura: no existe ninguna magia de ningún tipo. Y, en muchos casos, ni siquiera existe la posibilidad de encontrar ese momento idílico de escritura relajada.
Decepcionante, lo sé.
Tenemos que adaptar nuestro tiempo a nuestras circunstancias, y las circunstancias de cada cual son de cada cual.
El nivel de compromiso que tengamos con la escritura es primordial. Es lo primordial. Si no hay compromiso porque escribimos por afición, de vez en cuando, sin objetivos, no tiene sentido organizarnos para dedicarle tiempo a diario. Y eso también está bien. No se escribe únicamente para publicar, sino para disfrutar.
¿Por qué quieres encontrar tiempo para escribir?
En este primer punto es imprescindible distinguir entre afición y aspiración / deseo / afán / pretensión / sueño / meta. Unos cuantos sinónimos que, con matices, dejan entrever que lo que nos proponemos no es únicamente soltar ideas en papeles más o menos organizados, sino que queremos más y vamos a seguir los pasos necesarios para conseguirlo.
Aquí es donde entra el compromiso.
Si hablamos de compromiso, hablamos de objetivos, y si hablamos de objetivos, hablamos de la necesidad de ser constantes para conseguirlos.
¿Cómo conseguimos ser constantes? Con rutina, con una rutina disciplinada e insistente.
Los beneficios de la rutina
Seguro que has leído una y otra vez que es importante escribir todos los días. Es algo que se repite tanto como «hay que ser lector para ser escritor». Sabes que tiene sentido ―que los dos mantras tienen sentido―, pero aun así te preguntas si de verdad es necesario escribir todos los días. ¿Todos? ¿Por qué?
El objetivo principal de crear una rutina diaria en la escritura es acostumbrar a nuestro cerebro a ponerse en modo escritor cada día, que sepa que esa actividad es habitual y tiene que trabajar.
Al cerebro le encanta la rutina. Por norma general, funciona mejor si sabe por adelantado lo que tiene que hacer, lo que se espera de él.
Por eso es tan importante crear un hábito de escritura, igual que lo es crear un hábito de lectura, sobre todo en los niños.
Sería perfecto si pudieses tener ese hábito siempre a la misma hora y en el mismo sitio, aunque ya sabemos que no todo el mundo se lo puede permitir y que, a veces, tendremos que romper nuestra propia rutina porque surge algún imprevisto. Hay que ser flexibles.
Dicho esto, matizo que no debemos agobiarnos si un día no escribimos porque estamos enfermas o porque llegamos a casa demasiado cansadas un viernes, por ejemplo. Si podemos hacer un esfuerzo extra y escribimos, perfecto. Si no, es mejor descansar y resetearnos para estar a pleno rendimiento al día siguiente.
¿Cuál es tu momento?
Piensa en tu día a día, aunque seguro que lo estás haciendo desde que empezaste a leer este artículo. ¿Puedes escribir siempre a la misma hora? Si tu horario laboral (ya sea en casa, fuera o como estudiante) es siempre el mismo, te resultará más sencillo encontrar tu tiempo, el que puedes dedicar a la escritura.
El problema es cuando se trabaja con turnos irregulares. Hoy, de día; mañana y pasado, noches; luego, dos días libres; la semana que viene cambian… Mi marido sufrió esos turnos durante años y sé que son horribles. No es sólo que no te permitan tener una rutina para la creatividad (él es fotógrafo en sus ratos libres), sino que son horribles en general.
Si esa es tu situación, es posible que el tiempo de descanso en el trabajo se convierta en tu tiempo de escritura. O únicamente tus días libres. Al menos, para empezar a crear rutina. Encuentra tu momento más lúcido, más creativo, más tranquilo o, simplemente, tu momento más libre para escribir.
Otro problema de horario muchísimo más frecuente en España es el puñetero turno partido. Ese turno que te mantiene todo el día en el trabajo, que te obliga a llegar a casa a horas muy tardías, incluso nocturnas. Ponerse a escribir a las nueve de la noche después de todo el día dedicado a trabajar, con tareas por hacer en casa y teniendo que madrugar al día siguiente no deja mucho ánimo para «aficiones». A ver si el gobierno copia a otros países y anula ese turno partido. Eso sí que dejaría tiempo para familia, amigos, vivir.
¿Cuál es tu lugar?
¿Tienes un sitio específico que puedes usar a diario para escribir? ¿Es sólo para escribir o tienes que compartirlo con otras actividades y/o personas? ¿Está en tu casa?
Yo escribo en la mesa del salón. Es decir, cada vez que vamos a comer, tengo que apartar mis bártulos. Por las noches, dejo la mesa recogida para los desayunos del día siguiente. Sí, sería genial tener mi propio espacio, tener todo siempre ahí, no tener un escritorio de «quita y pon», pero las tres habitaciones de la casa tienen su uso y no hay espacio para más.
Al menos, puedo usar siempre el mismo sitio y, además, tengo silla de escritorio, no de comedor. Ante todo, comodidad.
A veces, escribo en mis ratos libres ―o no tan libres― en el colegio (en mi trabajo), pero nunca la novela, excepto alguna anotación de algo que se me haya ocurrido. Boletines, blog, relatos… A eso sí puedo dedicar el tiempo fuera de casa.
Hay personas que prefieren salir de casa para escribir, por diferentes motivos. Las bibliotecas y las cafeterías son los lugares favoritos. Si es lo que te gusta y te funciona, adelante. Si, además de ir siempre al mismo sitio, vas siempre a la misma hora, tu cerebro te lo agradecerá. Rutina.
Cuatro reflexiones para aprovechar el tiempo
1. Escribir no siempre es escribir
Tener muy claro y asumido este primer punto me parece lo más importante. Si vas a recordar una única cosa de este artículo, que sea esta.
En realidad, el título de este apartado debería ser «la escritura no siempre es escribir».
Cuando buscamos tiempo para la escritura, es normal que busquemos tiempo para sentarnos a escribir, ya sea a mano o a máquina. Sin embargo, si disponemos de poco tiempo a diario, es muy posible que nos desanimemos y veamos el objetivo final de publicar un libro como algo muy lejano.
Lo voy a repetir para que cale en nuestro cerebro: la escritura no siempre es escribir. Repítelo en voz alta cuando lo necesites.
Por muy atareado que sea nuestro día a día, siempre siempre hay momentos sueltos que aprovechar. ¿En qué? En las tareas de la escritura que no requieren el acto físico de escribir.
Desarrollo de una idea, documentación, planificación, revisión, dar vueltas y más vueltas a ese giro de la historia, a las descripciones, a los personajes…
Ya sea para relato, novelette o novela, hay ciertos pasos que no te necesitan en una silla delante de una libreta o del ordenador.
2. Tu momento no es mi momento
Una de las tonterías sugerencias que he visto montones de veces es «levántate media hora antes para escribir». Y añaden que, si no estás dispuesto a hacer el esfuerzo, es que no te lo tomas tan en serio como dices.
Posiblemente, quienes aseguran esto no han probado nunca a acostarse media hora más tarde, a hacer el esfuerzo a última hora del día. Dirían que a esas horas están ya demasiado cansadas y se duermen. ¡Exacto!
Si no eres una persona matutina, no intentes seguir el consejo de levantarte media hora antes. O inténtalo, comprueba si te funciona. Me extrañaría. Las personas no matutinas nos levantamos, pero no nos despertamos hasta horas más tarde. Nosotras estamos activas por la noche porque es cuando nuestra batería biológica está a tope. Nos cuesta menos esfuerzo acostarnos más tarde que levantarnos más temprano.
Es decir, conócete y acéptate. Te tomas la escritura en serio, pero a tus horas, no a las de los demás. Prueba diferentes momentos y quédate con el que te funcione a ti.
3. Usa el móvil
Si usas el transporte público a diario, estoy segura de que vas pensando en tus historias muchas más veces de las que crees. Hazlo de manera consciente y aprovecha las herramientas a tu alcance en esos trayectos. Excepto si aprovechas para leer, claro.
Yo, que soy tecnológicamente vintage, puedo escribir alguna nota breve en ese miniteclado, pero no un párrafo ni mucho menos una novela entera. Cuando he tenido la necesidad de anotar alguna idea larga, me he grabado. Todos los móviles tienen grabadora y es estupenda para quienes conducimos, para quienes no tenemos ese tiempo que tienen quienes van en transporte público. Otro truco habitual que seguro que ya conoces y usas es crearte un grupo de guasá sin más usuarios que tú.
En el transporte público, mientras caminas o planchas o cocinas, en el supermercado, en la ducha, en los atascos. Montones de tiempo aprovechable cada día. Tiempo en el que no te sientas a escribir, pero en el que estás escribiendo.
4. Revisión y reescritura en cualquier sitio
Cuando he estado en procesos de revisión de borrador, he imprimido algunos capítulos para llevarlos conmigo y aprovechar esperas en el coche o en el centro médico. Ya te he dicho que soy vintage, así que no voy a llevar el documento en el móvil. Me gusta tomar notas y tachar a mano.
La revisión no siempre nos necesita estáticas delante de la pantalla, por eso es fácil encontrar tiempo para esta fase de la escritura.
Conclusión
Cualquier momento del día puede ser útil para la escritura, para esos procesos que no necesitan ser escritos.
Conócete. Encuentra tus horas más creativas, más productivas. No dejes que alguien que no te conoce te diga cuándo debes escribir.
¿Se te ocurre alguna otra sugerencia? ¿Qué te funciona a ti?

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