Corregir novelas no es corregir dictados

Durante los años previos a la pandemia, me planteé hacer un curso de corrección literaria. Los dos motivos por los que quería embarcarme en el maravilloso (no es sarcasmo) mundo de la corrección eran que me encanta corregir/mejorar los textos y la posible necesidad de un plan B laboral.

Nunca hice el curso, aunque sigo aprendiendo para pulir mis manuscritos todo lo posible antes de enviarlos a corrección profesional. En este campo, como en todos los de la escritura, también me convertí en autodidacta.

Respecto al plan B, no lo necesité, por suerte. Mi vida laboral se estabilizó en 2017, aunque yo todavía no lo sabía en aquel momento, claro, y por eso buscaba otras opciones. Además, se estabilizó donde yo quería: en un colegio de primaria. Ahí sigo y sin intención de cambios porque, como ya he dicho muchas veces, no quiero vivir ni de escribir ni de la escritura.

Voy a abordar este artículo desde el punto de vista básico de lo que debemos esperar de una corrección literaria profesional. Es decir, lo mínimo que debe saber un escritor novel que va a enviar su manuscrito a corregir profesionalmente por primera vez.

Un relato no es un dictado

Corregir un texto literario no es corregir un dictado. Es decir, no basta con fijarse en faltas de ortografía (mayúsculas, con/sin H, con B/V), acentos (término, termino, terminó) y puntuación. Es mucho más. ¡Muchísimo más!

Incluso cuando corregimos un microrrelato ―pequeño texto de máximo 800 palabras, aproximadamente―, debemos fijarnos en detalles que no aparecen nunca en un dictado.

Comprobémoslo con un pequeño ejemplo:

No recuerdo cuando sucedió exactamente pero estoy segura de que fue antes del 14 de Febrero de 1.986. Me había dicho “por fin tenemos tiempo para nosotros el próximo san Valentín y podremos descansar.”

He incluido algunas cosillas que no se tienen en cuenta en los dictados, pero que hay que corregir en un texto literario:

No recuerdo cuándo sucedió exactamente, pero estoy segura de que fue antes del catorce de febrero de 1986. Me dijo «por fin tendremos tiempo para nosotros el próximo San Valentín y podremos descansar».

Podríamos decir que un dictado es únicamente una corrección ortotipográfica básica, mientras que una novela requiere esa misma corrección, aunque en nivel avanzado y, además, una corrección de estilo.

¿Qué es una corrección literaria?

Una corrección literaria es la que da brillo a historias de ficción. Les quita los errores, las hace comprensibles y amenas para que el lector se sumerja en la trama sin fallos tontos o muy gordos que le saquen de ella. La corrección saca todo el potencial que una obra puede llegar a tener. Pagar por una corrección literaria profesional es mostrar respeto por los lectores.

Si hemos tenido que corregir un par de cosas en sólo dos frases, imagina todo lo que vamos a encontrar en una novela. Hay muchos detalles en los que ni pensamos cuando escribimos, excepto si eres como yo y te cuestionas todo cuando pules tus borradores.

Fíjate que estoy hablando de corrección literaria, aunque me saltaré la palabra «literaria» de ahora en adelante por economizar lenguaje. He matizado porque no es lo mismo corregir un texto de ficción que uno de no ficción. Sí, la puntuación y la gramática son las mismas en ambos casos y hay muchas normas que se mantienen, aunque hay otros detalles ―más o menos sutiles― que marcan la diferencia.

Al igual que con la ficción y la no ficción, tampoco está de más que la correctora profesional que contratamos tenga más experiencia en el género que le presentamos. No es imprescindible, claro, aunque todo ayuda.

Si entregamos un manuscrito de Romántica a una correctora curtida en ese género literario, verá clichés y otras cositas que una correctora acostumbrada a Terror no verá. Que conste que el trabajo de la correctora no es advertirnos de esos asuntos, para eso están los lectores beta y los informes de lectura profesionales así que, si nos señala algunos extras, será muy de agradecer.

Es decir, que tu manuscrito lo puede corregir cualquier correctora profesional, aunque es un bonus que lo corrija alguien acostumbrado a ese género en particular.

¿Qué NO es una corrección literaria?

Permíteme advertirte que muchas correctoras no aceptan borradores que tienen tantos errores que necesitan una reescritura.

Una corrección literaria no es una reescritura.

Las correctoras pueden ofrecer sugerencias aquí y allá en manuscritos con un número aceptable de errores, pero no reescriben. La reescritura sería un servicio aparte, como te explica Marian Ruiz Garrido en este artículo.

Si tu borrador carece de comunicación, es decir, si cuesta entender lo que quieres transmitir, una corrección de estilo no será suficiente. Te queda trabajo por hacer (a ti, sí, a ti), antes de enviarlo a corrección. Por eso es recomendable que pase antes por lectores beta.

Otro punto a tener en cuenta es las correcciones hechas por amigas «que saben de esto» o por gente que cobra excesivamente barato. Esas amigas te pueden ayudar para que el borrador que mandes a corrección sea muy aceptable y, por lo tanto, con un presupuesto más barato. Y con las correcciones baratas, cuidado. Es muy común tener que reenviar tu texto a otra correctora que cobra más, pero que sí sabe lo que hace, así que pagas dos veces.

Prepárate para aceptar los errores

Una corrección profesional significa un texto con montones de comentarios resaltando los errores. Y habrá de todo: desde los «pero cómo se me ha podido pasar eso, si es de primero de primaria y jamás cometo ese error» hasta los «pues no tenía ni idea, algo que he aprendido».

La humildad es un plus a la hora de recibir el documento que nos envía la correctora. Humildad para aceptar lo que ya sabemos (que somos un desastre o que nos queda mucho por mejorar) y para aprender.

Parece obvio, ¿verdad? Pues hay mucha gente que discute (casi) todo con los profesionales a los que paga. Hay temas discutibles ―y la correctora aceptará tu decisión, no sin antes comentarla― y otros que son como son y punto, no hay discusión que valga.

Me pongo como ejemplo: la RAE dice que hay que usar La Coruña, en castellano, y mi correctora Ana García de Polavieja me lo repitió durante la corrección de las dos novelas. Le dije que la RAE no tiene en cuenta la opinión de los coruñeses y que yo, como coruñesa de adopción, estaba usando el artículo en castellano, en gallego e incluso sin artículo ―que es lo más habitual en el habla del día a día―, dependiendo de en qué parte del texto estuviese.

Sin embargo, no le discuto el tema de comas. Hay algunas con las que no tengo dudas, pero con otras no sé ni por dónde me da el aire, así que me fío de su criterio. Cuando me llega su primera corrección, me dedico a aceptar sin rechistar. Click, click, click, comas aceptadas.

Ana también intenta convencerme de que use el adverbio «solo» así, a pelo, sin acento. Lo intenta, pero no lo consigue. Como lo de la RAE es una sugerencia, no una norma gramatical firmemente establecida e inflexible, lo sigo escribiendo como me apetece.

¿Qué otras cosas hay que tener en cuenta en una corrección literaria?

Mayúsculas

Sabemos que los nombres propios y los principios de frase van con mayúsculas, pero ¿los cargos políticos, los departamentos? ¿Es «ministerio de cultura» o «Ministerio de Cultura»? ¿«Bar Pepe» o «bar Pepe»? ¿Hay algún matiz que dicte cuándo con mayúscula y cuándo sin ella?

Cursivas y comillas

A veces ponemos entre comillas lo que debería ir en cursiva, o viceversa. Hay palabras que no dejan duda, como los extranjerismos (Black Friday, crush), pero no siempre es así de obvio y, además, hay excepciones.

Títulos de libros/películas/canciones/cuadros, sarcasmo («dice que es una compañera de trabajo, como si nos lo creyésemos»), pensamientos de personajes, palabras inventadas y otras situaciones palabrísticas variadas nos dejarán con la duda de si debemos usar la cursiva o las comillas o ninguna para escribirlas, ya sea en boca del narrador o en boca de un personaje.

Números

Como has visto en las dos frases que puse como ejemplo al principio, los números van en letra, excepto si es largo como un año. Ah, y el año va sin punto. He visto este error incluso en libros de autores muy conocidos, sobre todo si decidieron editar ellos su propio libro.

Aprovecho para recordarte que los meses y días de la semana van en minúsculas porque no somos ingleses ni alemanes.

Concordancia verbal

¿Cuántas veces te ha ocurrido eso de revisar tu texto en pasado y, de pronto, encontrarte con verbos en presente? Es algo mucho más común de lo que crees. Mi teoría es que cuando estamos muy metidos en la escritura, visualizamos lo que estamos escribiendo como si sucediese en ese momento porque en nuestra mente está sucediendo aquí y ahora. Nuestro cerebro se lía y nos lleva a verbos en presente, aunque estuviésemos escribiendo en pasado en la frase anterior.

También puede suceder el caso del ejemplo que te puse: «tenemos / podremos». Ambos verbos merecen concordar entre ellos en esa frase en concreto, por eso cambié a «tendremos».

Beneficios de entregar un texto con pocos errores

Te he comentado algunos aspectos, sólo algunos, en los que hay que fijarse en un texto literario. No he incluido las repeticiones, las erratas, las rimas, los dobles espacios, la falta de ellos o la puntuación de los diálogos, por poner unos ejemplos.

Es cierto que nuestras amadas correctoras profesionales están para corregir todos nuestros errores, pero eso no significa que pasemos de corregir nuestros borradores y que les dejemos todo el marrón.

Cuando entregamos un texto (relato, novelette, novela, lo que sea) plagado de errores porque no nos apetecía revisar, suceden dos cosas muy importantes y que nos afectan negativamente.

La primera es el tiempo de corrección. Tú habías hecho tus planes para publicar dentro de un mes, pero la correctora ―a la que le sangran los ojos después de ver las dos primeras páginas de tu documento― te dice que le llevará ese mes pulir todo en una primera corrección. Después de ese mes, llega tu revisión y la segunda corrección profesional. Si a una novela plagada de errores le sumamos un autor que discute todas las correcciones, el tiempo se alarga.

La segunda es el precio. Más horas de trabajo, más precio a pagar. Lógico, ¿no? Las correctoras profesionales tienen un precio mínimo para manuscritos «limpios». Al menos, es así con muchas de las correctoras que conozco. Antes de darte un presupuesto, te piden una página aleatoria o la primera o el primer capítulo para hacerse una idea del trabajo que van a tener.

Otros artículos sobre corrección

Si quieres profundizar más en esto de la corrección, aunque sea a nivel de escritor que quiere hacer las cosas bien y pagar menos a una correctora literaria profesional, te dejo unos artículos hablando del tema y algunos blogs de correctoras.

Artículos

La corrección literaria: control de calidad, de Ana Bolox

La corrección literaria: más allá del autocorrector, de Yersey Owen

Blogs:

Ana García de Polavieja

Mariana Eguaras

Marian Ruiz Garrido

L. M. Mateo

Esther Magar

María Coco

Ana Bustelo

Paola C. Álvarez


Isabel Veiga López

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Dos libros (Volver a entender, A Friend of Dorothy Again), dos marcapáginas, en la arena, al lado de una estrella de mar.

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