Hablemos de diccionarios

No me lo digas. Lo sé. Has pensado que no necesitas este artículo porque es obvio que sabes qué es un diccionario y cómo usarlo. Y, sí, por supuesto que lo sabes, por eso nunca protestas cuando la RAE incluye palabras como almóndiga.
Sin embargo, el motivo de este artículo no es enseñar a buscar palabras (primero la m, luego la m con la a, …) sino conocer algunas curiosidades acerca de estos libros milenarios y saber qué función tienen, que no es únicamente encontrar palabras.
El diccionario en papel
No me voy a poner vintage ―aunque lo soy― diciendo «Hubo un tiempo en la vida de los humanos en el que no existía internet ni la tecnología ni la electrónica».
Ya sabemos que, desde la invención de la imprenta, hemos usado libros físicos. Por suerte, los seguimos usando. También sabemos que no todo el mundo se los podía permitir.
El primer diccionario no fue en papel, sino en arcilla. Unas tablillas cuneiformes de más de cuatro mil años de antigüedad. Vale, no era realmente un diccionario, sino un glosario bilingüe, pero se considera el origen porque se agruparon las palabras por temas. De hecho, los primeros diccionarios son glosarios bilingües, no diccionarios propiamente dichos.
Si quieres saber más sobre el origen y la evolución de los diccionarios y sobre esos glosarios, te recomiendo estos dos artículos:
El origen de los diccionarios: de la arcilla al móvil
¿Sabes cuándo apareció el primer diccionario?
María Moliner
Uno de los diccionarios más conocidos es el de María Moliner. En su momento, fue el diccionario más completo, aunque su mérito no era sólo ese. Lo que ha traspasado las barreras temporales y ha permanecido en la historia es que ese diccionario se llama «de María Moliner» porque fue ella, una mujer, quien lo escribió. Le llevó quince años escribirlo a mano y pasarlo a máquina.
Una mujer universitaria y que escribía un diccionario durante la época franquista, cuando la mujer se debía a su familia, no a su trabajo ni a sus aficiones. Fue criticada, cómo no, por robar tiempo a sus hijos para dedicarse a otras cosas no propias de mujeres. Si quieres saber más sobre María Moliner, hay mucha información en internet e incluso una obra de teatro.
Nombres conocidos en la literatura dijeron en su momento que era el mejor diccionario y que es el que deberían usar los escritores. Son dos tomos y algún día me los compraré como capricho de utilidad.
Iter Sopena
Como se suele decir: «no has tenido infancia si… no has tenido un diccionario Iter Sopena».
Quienes estudiamos EGB recordamos el Iter, ese pequeño diccionario que nos acompañó durante las décadas de los setenta y los ochenta.
Las banderas en la cubierta, las ilustraciones interiores a todo color. Estaba pensado para escolares, por eso no incluía todas las palabras, lo que hacía que su tamaño fuese manejable para llevar y traer.
La editorial Sopena ya cerró, pero su diccionario Iter seguirá en nuestra memoria.
Más diccionarios de nuestra infancia
Otro diccionario de nuestra infancia (es decir, de la infancia no tecnológica) era el Pequeño Larousse, para usar en casa cuando el Iter no nos proporcionaba la palabra que buscábamos. Lo llamaban «Pequeño» porque puede que no hubiesen buscado la definición del adjetivo en su propio diccionario. No, no era muy pequeño, nada pequeño.
Para estudiar inglés, echábamos mano del Oxford y del Collins, sobre todo si estudiábamos en la Escuela de Idiomas.
Los diccionarios por tomos
La era sin internet fue una era llena de libros y, en la segunda mitad del siglo XX, empezaron a tener su propio espacio e importancia dentro del hogar.
Ser vendedor de enciclopedias a puerta fría se convirtió en un trabajo. El Reader’s Digest pasaba por las manos de toda la familia. El Círculo de Lectores llamaba a nuestras puertas más que Avon. Los diccionarios ocupaban estantes en el salón, al lado de las enciclopedias, donde los invitados podían verlos porque había que presumir de hogar culto y economía que permitía esos lujos.
Además de las enciclopedias, estaban los «diccionarios enciclopédicos», que sonaba mucho más serio que sólo «diccionario». Estos eran los diccionarios por tomos y su interior traía más ilustraciones, esquemas, fotografías y explicaciones.
Algunas de las editoriales más conocidas en estos menesteres eran Salvat, Everest y Vox (no, el partido político no).
Mis padres todavía tienen alguna de aquellas enciclopedias (Maravillas del saber). No la consulté mucho para los deberes, aunque también, pero leí todo lo que hablaba de la mitología.
Yo tengo un diccionario de los años cincuenta en muchos tomos muy gordos. Una joya. El valor de esos diccionarios antiguos es histórico. Radica no sólo en las palabras que hoy en día se usan menos o ya no se usan, sino en el significado de algunas, un significado que muestra la manera de hablar de aquella época y cómo se percibía la sociedad a través del vocabulario y su contexto.
Diversidad de diccionarios y de enciclopedias
De idiomas, con vocabulario técnico de temas específicos, de sinónimos y antónimos, de rimas, para escolares, para universitarios, de historia, de literatura, de temas variados.
Comprados por nuestros padres y abuelos al vendedor que llamaba a su puerta. Adquiridos con el periódico de los domingos.
En papel, en CD.
La RAE y el diccionario digital
La RAE nos ha facilitado el acceso al diccionario creando uno digital. Ya no necesita un hueco en la estantería ni un CD como la enciclopedia Encarta. Basta con entrar en la web y teclear la palabra.
Pero la web de la RAE no tiene únicamente un diccionario. También puedes consultar otras dudas y acceder a su biblioteca. Para temas gramaticales, es mejor la web de Fundeu.
Hoy en día, cuando buscamos una palabra en el diccionario digital, encontramos más información de la que nos ofrecía en papel. Por ejemplo, no sé si te has fijado, pero además del significado, tenemos también sinónimos y antónimos.
La función de la RAE no es únicamente coleccionar palabras y dejarlas ahí «para siempre jamás». Su función es recoger las palabras que más se usan en el día a día y eso incluye también los palabros.
Por cierto, al principio de este artículo, mencioné «almóndiga» porque es una de las que más se habla. Hubo bastante polémica porque se decía que la habían incluido recientemente en el diccionario, al igual que cocreta. Como dato curioso, «almóndiga» se incluyó en 1726, nada menos. Y cocreta ni siquiera aparece en el diccionario. La fuente de esta información es la propia RAE: ¿Ha aceptado la RAE «almóndiga»?
Abreviaturas y significados
No siempre hace falta conocer las abreviaturas que acompañan a cada palabra, pero son muy útiles en algunos casos. Por seguir con el ejemplo de «almóndiga», podemos ver que tiene las abreviaturas desus. vulg. Es decir, que es una palabra en desuso y se considera vulgarismo.
Para quienes nos dedicamos a la escritura, conocer las abreviaturas del diccionario nos puede ayudar mucho. No sólo sabremos si la palabra es coloquial o no, sino que también nos dirá en qué países es más frecuente su uso, si es un adjetivo o un adverbio, si es femenina o masculina, singular o plural.
Otra cosa muy importante es el significado. Parece obvio porque es obvio, pero esa obviedad se olvida cuando se buscan sinónimos. Hay quien elige un sinónimo por cómo suena, sin confirmar que su significado es el que busca y necesita. No todos los sinónimos/antónimos sirven en todos los casos.
Curiosidad
Quienes hablamos español no tenemos problema a la hora de buscar palabras en los diccionarios. No importa lo rara y larga que sea, la encontraremos, aunque nunca la hayamos visto escrita. La duda podría ser si empieza con h o sin ella, con b o con v.
Sin embargo, en otros idiomas no es tan fácil. En inglés o francés, idiomas fonéticos que usan las letras del abecedario a lo loco, no siempre se encuentra lo que se busca porque no siempre se sabe cómo se escribe. Cuando las palabras tienen letras mudas o cambian su sonido, por poner un par de ejemplos, la búsqueda se complica mucho.
Lo veo a menudo en el colegio. Los niños buscan una palabra, pero no la encuentran porque la buscan en el lugar equivocado. La buscan por sonido (minit en lugar de minute) o tiene alguna letra muda (were cuando necesitan where) y, claro, imposible encontrarla.
Terminando, que es gerundio
Los diccionarios siguen siendo herramientas útiles. Si, además, nos dedicamos a la escritura (no sólo a la literaria, sino a cualquier tipo de escritura), tener diccionarios a mano y saber cómo usarlos es primordial.
¿Tienes diccionarios o enciclopedias de hace décadas? Si eres de la EGB, ¿tenías el Iter? ¿Usas diccionarios técnicos en tu trabajo?


