Expediente Ñ

(como el Expediente X, pero versión española)

Sobre una imagen blanca con sombras indefinidas, se puede leer el título del relato "Expediente Ñ" en la parte superior de la imagen. En el medio, hay un dibujo de un extraterrestre que hace el símbolo de la paz con la mano derecha. Abajo, en letra más pequeña, la dirección web en la que está publicado el relato: www.isabelveigalopez.com

Día 1

Agotada. Estoy a-go-ta-da.

Que ya sé que no puedo quejarme porque la culpa es sólo mía porque no quiero meterme en un avión y eso me obliga a ir de tren en tren. Intento evitar también los autobuses, sobre todo los de ciertas zonas de estos países porque van abarrotados de gente. Y menos mal que venimos desde Egipto, no desde España.

Lo que decía: agotada.

El resto del grupo llegó ayer porque ellos sí que vinieron en avión. No me importa porque las habitaciones ya estaban asignadas, así que llegar la última no significa quedarme con las sobras que no han querido los demás. Ya estuvimos en este hotel el año pasado. Repetimos porque es uno de los mejores de la zona y nos trataron muy bien. Con el dinero que nos dan para el proyecto, nos podemos permitir un hotel de cinco estrellas con piscina y al lado de la playa, con todo hecho y a gastos pagados, que para eso nos inventamos la tontería esta de buscar pruebas de vida extraterrestre alrededor del mundo. La mejor idea que pudimos tener.

Voy a sacar la ropa de la maleta, que todavía no me he vestido después de la ducha. Se está a gusto en pelotas con este calor, pero hemos quedado en reunirnos en la cafetería en unos quince minutos.

Día 2

Siguiendo la rutina de cada «expedición», el día siguiente a la llegada es para relajarse, que los viajes cansan mucho y hay que planificar y organizar las estrategias a seguir (es sarcasmo, claro). Como he sido la última en llegar, contamos hoy como «día siguiente a la llegada», así que ellos han disfrutado de dos días de relax. Pues eso, dormir, piscina, comer, beber. Vivir la vida a costa del gobierno sin tener que pasar por unas oposiciones.

Día 3

Esta mañana hemos empezado a fingir que hacemos algo importante para ganarnos el dinero que nos regalan. Qué ingenuos son los gobiernos. ¿Cómo pueden creer en esta estupidez de los extraterrestres?

Fuimos hasta Cartago. El año pasado no pudimos visitarlo de «manera científica» porque no habíamos pedido permisos -qué tontería tener que pedirlos- y no nos dejaron sacar el equipo delante de los turistas. No les dijimos -no lo decimos nunca, por vergüenza- que el proyecto consiste en eso de los marcianitos. No queremos que se rían de nosotros. El gobierno cree que seguimos un protocolo de top secret, pero nos callamos por vergüenza pura y dura.

Cuando nos dijeron que teníamos que volver a Túnez, fui la primera en decir que sí. No tuve ni una milésima de segundo de dudas. Estaba harta de las pirámides que nos obligan a hacer la investigación en el interior, aunque yo siempre encuentro alguna excusa para quedarme por fuera. Es ver la entrada tan estrecha, tan oscura, y no puedo con la sensación de angustia que me da. Como logro personal, diré que conseguí quedarme en el quicio de la entrada para estar a la sombra. Además, que vista una pirámide, vistas todas, al menos por fuera. Por eso preferí volver a Túnez, porque aquí es todo exterior.

Decía que fuimos a Cartago. Es como Grecia, que está todo roto (el típico chiste, ya lo sé). Tuvimos que madrugar por culpa del tema de los permisos. No queríamos que hubiese muchos turistas estorbando porque, claro, a ver, que nosotros dijimos que estamos haciendo un proyecto de técnicas antiguas de arte y planificación arquitectónica porque algo hay que decir, pero lo que en realidad queremos es pasar el rato, hablar de qué podemos mostrar para que el proyecto parezca de verdad y siga adelante… Esas cosas. Lo más difícil en estos países en encontrar gente que quiera contar sus «experiencias reales» con fenómenos extraños. Creo que es algo cultural, como que no están tan dispuestos a creer eso, que lo relacionan más con religión o con superstición que con ciencia.

Día 5

Ha pasado lo que siempre nos tememos que pase: nos han cortado el buen rollo.

Es algo que sabemos que puede pasar y que no queremos que pase, pero hoy ha pasado y se nos han fastidiado las vacaciones en Túnez. A primera hora de la mañana, todos recibimos un correo diciendo que se incorporaban a nuestro grupo dos miembros más del Departamento. Es raro porque, normalmente, esos correos se envían sólo a una persona -por seguridad- y esa persona soy yo. Puede que tengan a un becario nuevo (es broma, claro, porque nadie desconocido puede entrar en el Departamento).

Los dos tipos nuevos llegaron al mediodía. Que sí, que son muy majos y eso, pero parecen estar muy convencidos de que «la verdad está ahí fuera». Querían que les pusiéramos al día del proyecto. Por suerte, les hemos convencido de que hoy deberían descansar, que estarán cansados del viaje, que mira qué piscina y qué playa para relajarse antes de ponerse a trabajar.

Día 6

Yo he venido aquí a disfrutar del hotel, a ponerme morena (algo imposible en mi caso con esta piel tan blanca, lo sé), a comer a mesa puesta. Que estamos aquí por las risas y porque de algo hay que vivir, y qué mejor que vivir del cuento. Pues ya no puedo. Esos dos nuevos se lo toman todo demasiado en serio, que parece que se han dejado el sentido del humor en casa. Nos dan ganas de gritarles «¡los marcianos no existen, pringaos!», pero como no los conocemos y no sabemos si son gente importante en el Departamento, nos callamos.

Les hablamos de Egipto, de Perú, de Mongolia, pero ellos insisten en saber qué hemos encontrado aquí. Se lo hemos dicho de todas las maneras posibles: «acabamos de llegar, no hemos tenido tiempo de encontrar nada de valor», pero parece que no nos creen y no nos dejan ni a sol ni a sombra. Cuando me he hartado de la tontería, les he pedido que se identifiquen. Como ellos se muestran desconfiados con nosotros, decidí jugar al mismo juego y les dije que, pensándolo bien, no sabíamos si ellos eran quienes decían ser o si habían suplantado a los nuestros. Se quedaron estupefactos, aunque esas dos caras que parecen estar hechas con inteligencia artificial -son raras, hay que reconocer que son muy raras- no suelen mostrar emociones. No añadí nada más, por si acaso, por si resulta que había dado en el clavo. Uno de nosotros, no recuerdo quién, sacó su móvil y dijo que iba a llamar a nuestro superior. Al sacar el móvil, uno de la cara rara le dijo que no hacía falta, tocó el móvil y, puff, se quedó sin batería. No me gustó nada esa movida, por eso no dije en voz alta mis intenciones.

Antes de escribir en este diario, he enviado un correo al Departamento. No he contestado al anterior, sino que he abierto uno nuevo diciendo que los agregados llegaron ayer. Supongo que no responderán esta noche, así que voy a esconder la Tablet y mi móvil, voy a asegurarme de que las puertas están bien cerradas y voy a intentar dormir, a ver si se me pasa esta paranoia de conspiraciones raras.

Día 10

Estoy en un avión. Sí, yo, en un avión. Es el vehículo más rápido para largarme lejos de esas dos caras artificiales. Para largarnos, que nos hemos largado todos. Aquí nadie ha querido hacerse el valiente y nos hemos ido todos a una, como en Fuenteovejuna.

En estos 4 días han pasado cosas demasiado raras. Tan raras que hemos pensado seriamente que los dos tipos eran alienígenas.

El Departamento me contestó diciendo que ellos no enviaron a nadie, que quienes son esos dos, que qué les hemos enseñado. «Uy, hemos metido la pata», pensé, pero contesté que habíamos desconfiado y que no vieron nada importante.

Después, lo de las diarreas. Ya, ya sé que es algo normal cuando se viaja a estos países, pero nosotros llevamos ya bastante tiempo por estos lares y ya no nos afectan. Bueno, pues los dos tipos, con toda su seriedad y tono académico, nos dicen que las diarreas están causadas por microorganismos alienígenas que se camuflan adrede en el agua para observar a los humanos desde dentro y que, como es normal (sí, sí, muy normal todo), nuestros cuerpos notan esas presencias y reaccionan de una manera poco digna, aunque muy efectiva. «Ya, claro», les dijimos a punto de soltar una carcajada, «como la belleza está en el interior, todos le pareceremos guapos». No pillaron la referencia ni entendieron el chiste. Ignoraron el comentario y explicaron que así es como consiguen convertirse en humanos, cogiendo muestras del adn. «Pues vaya adn de mierda», no pude evitar soltar la tontería. Una de nosotras les contestó que si ellos eran humanos convertidos, deberían haber mejorado el exterior porque tenían cara de meme creado por IA. Tampoco lo entendieron, pero no les gustó que nos riésemos tanto.

Para no alargarme más porque quiero dormir antes de aterrizar, resumiré diciendo que si los marcianos existen, los hemos conocido en persona y no molan nada. A veces, se miraban y hacían unos ruidos extraños, como cortocircuitos mezclados con sonidos de hienas, como si hablaran entre ellos. Por suerte, nos hemos alejado de esos dos gracias al Departamento, que los tiene bajo vigilancia secreta.

22.35: En estos pocos años que ha durado la buena vida, no encontramos marcianos. Sin embargo, nos encontraron ellos a nosotros, lo cual no es difícil porque, a ver, somos muchos y están en nuestro planeta.

O estamos en modo paranoico o realmente estamos rodeados de no humanos porque nos han pasado cosas demasiado extrañas desde que hemos aterrizado. Cuando nuestros móviles volvieron a funcionar, nos llegó a todos el mismo mensaje, pero como si cada uno de nosotros se lo hubiese mandado a otro miembro del grupo. Quienes han hecho ese viejo truco no han tenido en cuenta que viajamos juntos. Además, mi mensaje pone que me lo envió «la rubia» (no con ese nombre, claro), pero ella y yo no nos llevamos bien y jamás me enviaría un mensaje diciendo que nos veamos para tomar unas tapas. Apagamos los móviles al momento por si nos estaban rastreando y la sensación de conspiración paranoica, de «nos están observando», empezó en ese momento. No nos hemos separado desde entonces.

Problema: la mayoría de nosotros hace todo con el móvil (pagar, comprar los billetes del bus, guardar la reserva del hotel…), así que tuvimos que encenderlos y, oh sorpresa, todos a la vez recibimos una llamada del Departamento. Unas cuantas ¿personas? nos miraron con una sonrisa extraña e idéntica. Los carteles informativos del aeropuerto se fundieron durante dos segundos, los ascensores abrieron las puertas ¡sin el ascensor!

Ahora estamos en el hotel en España. No queremos salir porque nos importa muy poco y nos acojona que la verdad esté ahí fuera.

Voy a decir a la rubia que voy a dormir en su habitación porque prefiero no estar sola. A veces, se oyen ruidos raros en la puerta, como de hienas y circuitos. Los estoy oyendo ahora. Estoy muy asustada. Creo que están intentando abrir la puerta. Sí, la han abierto y los puedo ver. Voy a escond

Este relato lo escribí para el ejercicio 12 del Club de Escritura.

La premisa era el personaje. Me tocó escribir acerca de: arqueóloga que busca pruebas de vida extraterrestre en Egipto. Tiene claustrofobia.

2 Comentarios

  • Diana Herrero

    Hola, muy bueno el relato. Yo también voy a un taller de relatos, pero nosotras vamos todas las semanas. Me ha parecido que todo lo que decías es lo que nos ocurre a nosotras, empezamos hablando de todo un poco y luego ya por fin leemos los relatos y comentamos.
    Un saludo.

    Diana

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