• La ruta aplazada

    Antes de que se hiciese de noche, aparcó la moto a la entrada del hotel. Dejó el casco sobre el depósito, con los guantes dentro, y estiró las piernas. Puso la cadena en la rueda y quitó una de las maletas después de cerrar la llave de paso de la gasolina. No era un ritual, sino su manera lógica de hacer las cosas, por seguridad, al igual que cuando llegó a la habitación y colocó todo de la manera habitual. Se aseguraba de no olvidar nada al marcharse. Había emprendido la ruta dos días antes. Sobre el papel, tenía una planificación básica con direcciones, números de teléfono de los hoteles…

  • Sin miedo a la vida

    El día amaneció despejado y con una temperatura perfecta. Arranqué mi moto y salí del garaje dispuesta a disfrutar del camino con una gran sonrisa. Me gusta mucho mi trabajo, así que el buen humor siempre me acompaña a pesar de los problemas que pueda darme la vida. Cuando llegué al geriátrico, pude ver a Marga por la ventana del comedor saludándome con la mano. Cada día me recibía igual, con un saludo y una sonrisa. Era una mujer estupenda de la que aprendí mucho durante su estancia allí. Siempre me ha gustado escuchar y a Marga le gustaba hablar, así que ella satisfacía su necesidad de contar y yo…

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