Escritor profesional VS Escritor amateur

En la última reunión del Club de Escritura que tenemos unos pocos españoles aquí en Bristol, el escritor J.C. Hidalgo hizo una reflexión muy interesante acerca de la diferencia entre ser amateur y ser profesional. Su reflexión no se refería exclusivamente a la escritura. De hecho, surgió a raíz de una conversación en la que comentábamos los diferentes «profesionales» que se contratan para autopublicar un libro.

El tema se quedó rondando en mi cabeza. Cómo no se iba a quedar si todo ese asunto de cuándo poder llamarse escritor, cuándo se llega a ser escritor profesional es un clásico recurrente que invoca impostores. De hecho, hace tiempo ya escribí un artículo hablando de esto: ¿Cuándo pude llamarme escritora?

Sin embargo, el análisis de J.C. Hidalgo me hizo pensar no sólo en lo que significa ser escritor profesional, sino también en lo que realmente lo diferencia de un escritor amateur.

La RAE

Primer paso: buscar el significado de cada palabra en el diccionario.

Conclusión: no me solucionó el dilema ya existente y, para colmo, me creó otro.

Según la RAE, un amateur es un aficionado, alguien «que practica, sin ser profesional, un arte, deporte, etc». No me ha dicho nada que no supiera ya, lo cual no es una sorpresa.

La palabra «aficionado» aparece como sinónimo y su significado es «que tiene afición o gusto por alguna actividad o por un espectáculo al que asiste con frecuencia».

«Afición o gusto», como si fuesen dos conceptos diferentes. No voy a entrar en detalles aquí porque no quiero escribir un ensayo en el que una cosa lleva a otra que lleva a otra que lleva a otra. Simplifiquemos diciendo que eres una persona aficionada a algo si te gusta mucho esa actividad o espectáculo.

El nuevo dilema

Los ejemplos que añade la RAE para mostrar el uso de «amateur» son: actor, deportista, ciclismo, categoría.

Los que añade en «aficionado» son: a la lectura, al teatro.

En el caso de «amateur», habla de profesiones que pueden ser aficiones, de algo que haces. Hasta ahí, estamos de acuerdo (o lo estoy yo, no sé tú). La duda llega con «aficionado a la lectura, al teatro» porque ser aficionado a la lectura significa que lees, pero ser aficionado al teatro no significa que participes activamente en la actividad. Puede ser que te guste participar (actor, director…) o que te guste ver/leer obras de teatro.

Por ejemplo, no es lo mismo ser tenista amateur que ser aficionado al tenis porque «aficionado», en este caso, no significa necesariamente que te guste jugar al tenis, sino verlo y conocer datos. Todos los tenistas amateurs juegan al tenis de manera más o menos regular, pero no lo hacen todos los aficionados al tenis.

¿Se puede ser «lector amateur»? No veo aquí «amateur» como sinónimo de «aficionado», pero sí lo veo en la escritura.

Resumiendo, concluyo que un amateur es un aficionado, pero no siempre un aficionado es un amateur. Cuidado con el uso de los sinónimos.

La teoría de J.C. Hidalgo

Lógicamente, quedarnos en definiciones no soluciona nada. Lo que queremos saber es cómo afectan esas definiciones en la práctica, sobre todo si hablamos de soltar dinero a gente que es más amateur que profesional, aunque nos vendan lo contrario. Aquí nos vamos a meter ya en terreno de escritura.

J.C. Hidalgo acaba de autopublicar su segundo libro de relatos (te dejo el enlace al final de este artículo). Para autopublicarlo con calidad, que es lo que los lectores merecen (merecemos), contrató a tres profesionales: correctora, maquetador e ilustrador. Descubrió que contrató a dos profesionales y a un amateur.

Después de tratar con dos ilustradores (o con un ilustrador y con alguien que sabe dibujar) y de comparar el trato de su maquetador con el de mi maquetadora profesional Mariana Eguaras (siempre siempre la recomiendo por su gran profesionalidad), concluyó que un profesional es el que sabe cómo tratar con el cliente, el que se adapta a las necesidades del cliente, el que sigue aprendiendo su oficio, el que sabe salir de su zona de confort. El amateur es el que dice «esto es lo que hago y así es como lo hago» y el cliente o lo acepta o, ya que paga, pide/exige los cambios necesarios y que deberían haberse hablado desde el principio.

Por lo que veo cada día en el sector de la escritura, estoy de acuerdo con la reflexión de J.C. Hidalgo. No es lo mismo tratar con «sé maquetar, se me da bien la corrección» que con «soy maquetador, soy corrector, qué necesitas».

Escritor amateur VS Escritor profesional

Aquí llegamos al tema estrella, el que sirve de polémica, el que alimenta al síndrome del impostor.

En la escritura, como en otras artes y como en botica, hay de todo. No hay que rascar demasiado para darte cuenta de con quién estás hablando. Se nota enseguida si hablas con alguien a quien le gusta escribir, con un amateur que se va a quedar ahí, con un profesional o, incluso, con un futuro profesional.

La actitud, el compromiso y los objetivos en la escritura no se parecen en nada dependiendo en qué parte del camino estás o quieres estar. Eso no es malo, no es una crítica. No pueden ser los mismos objetivos. El problema llega, en mi opinión, cuando quieres estar en un nivel, pero no te comportas acorde con ese nivel.

Si quieres ser un escritor profesional, compórtate como un escritor profesional. Infórmate, aprende, avanza, trabaja a diario para conseguir cada pequeño objetivo, agradece el tiempo que otros te dedican para ayudarte.

Aficionado, amateur, profesional

En realidad, la palabra «aficionado» no debería estar aquí. La incluyo únicamente para matizar que, en mi opinión, la persona aficionada a escribir es la que escribe para sí misma, la que escribe cuando lo necesita y/o le apetece, la que puede que ni siquiera muestre nunca sus escritos. No hay objetivos, excepto disfrutar. Esa persona no es escritora, no se autodenomina escritora, puede que ni piense en ser escritora. Es aficionada a la escritura, le gusta escribir de vez en cuando. Es posible que todos hayamos empezado por ahí a tierna edad.

Se pueden incluir en este apartado a quienes se las dan de escritores, pero usan las típicas excusas para no escribir y para no mejorar: no leo para no contaminar mi estilo; no reviso ni edito lo que escribo; escribir es un arte, no hace falta aprender nada, sale natural, todo el mundo sabe escribir; no me siento nunca delante de una hoja en blanco si no estoy inspirado/motivado, sólo escribo cuando me visitan las musas.

Amateur

El escritor amateur está en esa delgada y resbaladiza línea que le permite tímidamente llamarse escritor, pero que puede que nunca la cruce para llegar a ser escritor profesional, ya sea por decisión propia o por los obstáculos al que le enfrenta la vida. Muchas veces, se queda adrede en esa delgada y resbaladiza línea que no lo separa de ser aficionado y, por lo tanto, no puede decir «soy escritor».

Ser escritor amateur es el paso previo a ser profesional, así que no hay nada malo en estar en esa fase, en llamarse así. Es una manera de decir «estoy trabajando para ser profesional». Bien, vas por el buen camino.

Es justo en este punto donde me surge otro dilema: ¿hay realmente diferencias entre el profesional y el amateur que trabaja día a día para ser profesional? Podríamos hablar aquí de la constancia, de la cantidad de tiempo invertida a diario, de los objetivos, de la curva de aprendizaje, incluso de dedicarse a esta profesión a tiempo completo. ¿O estas diferencias existen entre el aficionado y el que decide pasar a ser profesional? ¿Hay un peldaño entre los dos?

En el mundo de la escritura, se suele ser tajante: o eres escritor o no lo eres. Así, sin matices. Entonces, ¿dónde queda el amateur? ¿Se puede hablar de escritores amateur? En mi opinión, se debería porque sería una manera de diferenciar al principiante del profesional. También se debería porque se reduciría muchísimo el sentimiento que deja el síndrome del impostor. Sería una manera de poder decir «soy escritor» sin tener que dar muchas explicaciones: «soy escritor amateur».

No creo que esta sugerencia cale mucho la verdad. En los deportes y artes escénicas funciona, pero creo que en otras artes seguirá reinando el «o lo eres o no lo eres, sin más».

¿Qué opinas tú? ¿Crees que hay «clasismo» en esta profesión? ¿O tiene sentido que haya diferentes niveles, como en cualquier otro sector? Te leo.

Enlaces en este artículo:

¿Cuándo pude llamarme escritora?

El síndrome del impostor no existe, son los demás

El nuevo libro de J.C. Hidalgo que te recomiendo mucho si te gusta la Fantasía, el Humor y los relatos: La cofradía de los delincuentes pequeñitos


Isabel Veiga López

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Dos libros (Volver a entender, A Friend of Dorothy Again), dos marcapáginas, en la arena, al lado de una estrella de mar.

2 Comentarios

  • David

    En pleno siglo XXI solo existes si existen en Internet. Y por ello, eres escritor profesional cuando le preguntas Alexa por tu nombre o pseudónimo y sabe quién eres.
    Hasta ese día eres amateur.

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